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Instituto, por el equilibrio necesario

Darío Franco dejó instalada en la Gloria la convicción de empezar cada jugada con un toque.

22 de octubre de 2013 a las 09:59 a. m.
Instituto, por el equilibrio necesario
Elvio Agüero. El DT albirrojo no reniega de Darío Franco y Frank Darío Kudelka, sus predecesores. // Foto: Sergio Cejas

El diseño es generoso. La postura, ambiciosa. No es la primera vez que un equipo como Instituto se viste para conquistar al público y se calza para sumar puntos. El espíritu de esa propuesta no se discute. Promueve la libertad y la inspiración para jugar al fútbol. ¿Qué hincha puede renegar de esos principios? ¿A qué futbolero, cada fin de semana, no le gustaría trasladarlo al campito?La idea en Instituto viene de Darío Franco. El de Cruz Alta instaló hace un par de años la premisa radical de empezar todo a partir de un toque. Inclusive hasta del arquero. Aquel Instituto, al final seco de conquistas, invitaba al aliento. No era (y no es) común ver un equipo como aquel, sin prejuicios, arriesgado al límite, apostador exclusivo al pleno que le respondiera a tanta audacia. Como se recuerda, por varios motivos, aquella propuesta se desinfló al final y se quedó sin el ascenso.

Frank Kudelka llegó con el mismo molde. Con el de Freire no hubo margen para entender otra manera de practicar el juego. Juntó a futbolistas afines, los puso en la cancha y los hizo mirar sólo al arco adversario. Renovó el duelo entre la técnica casi pura de sus futbolistas y cualquier oposición táctica. Con él, como con Franco, Instituto no caminó hacia los costados, no se atrincheró nunca en las cuerdas; lo suyo fue el cambio de golpes a cara descubierta, a la lucha frontal, a reducir el trance a “él o yo”.

Elvio Agüero no reniega de sus predecesores. Y por eso no cambia. Por el contrario, refuerza el postulado. Y por eso Damiani encara hacia arriba, lo mismo que Dematei en el otro costado. Igual que Telechea y Favalli; y también Vismara y De la Fuente, que juegan más que lo que marcan. Y por supuesto Juan Martín y "Wanchope", y Ereros y Burzio, o al que le toque entrar.

El espectador imparcial, agradecido. Instituto perdió 3 a 1 con Unión pero generó no menos de seis situaciones de gol, además del tanto de Burzio. En más de un partido no se ven esos índices de codicia, aun juntando los porotos que aportan los dos equipos. Pero la misma ambición sin prevenciones muchas veces se transforma en un salto al vacío.

Unión, una formación más batalladora que pulcra, puesta más para el orden y la lucha que para las delicadezas, lo vio trastabillar y sólo tuvo que empujarlo. Lo fortuito del gol de Brian Aleman no hizo más que poner en evidencia las grandes fallas colectivas de Instituto para defenderse. Correa acentuó esa sensación de vulnerabilidad, que obligó a Chiarini a las piruetas más extremas para que no se tradujeran en otros goles.

Queda pendiente en Instituto encontrar el equilibrio para que la famosa manta corta no le destape los pies o le exponga la cabeza. Su juego le permitió ganar de visitante a Huracán de Parque Patricios y a Talleres y perder de local con Banfield y el mismo Unión.

Sus buenos momentos le han servido para dar vuelta resultados y mantener una posición expectante. La extensión del campeonato lo puede ayudar a buscar el orden colectivo y el ejercicio de la marca, elementos indispensables para tornear una figura hasta ahora tan incisiva en ataque como endeble en defensa. Si lo logra, pasará a ser una fuerza compacta y mucho más respetable. Si no lo consigue, seguirá siendo un equipo imprevisible.