Godoy Cruz, como el Leicester: algunas enseñanzas del fútbol
El fútbol siempre es generoso y deja enseñanzas cada fin de semana. Que lo digan en Inglaterra y en Mendoza.
El fútbol siempre es generoso y deja enseñanzas cada fin de semana. Así pareció interpretarlo Hugo Moyano, presidente de Independiente, ahora que su equipo se salió del camino y ya no puede seguir la ruta del campeón, a cuyo dominio en la Zona 1 sólo están Godoy Cruz y San Lorenzo.
Tras caer ante los cuervos, el sindicalista se incriminó al reprocharse por la salida “apresurada” de Sergio Almirón, el anterior DT, hoy a un paso de clasificar a Lanús como finalista.
Moyano sabe que Independiente desde hace rato no tiene tiempos lógicos. Perseguido por su rica historia, se asemeja a una bola que va hacia adelante con una necesidad de vueltas olímpicas que cada día lo ahoga más.
El dirigente camionero no ha sido capaz de atenuar esa inercia. Y lo ha comprendido.
Otra enseñanza es el buen momento de ese gran mosaico exitoso que es Godoy Cruz. Un poco de aquí, otro de allá y algunos cuantos de más allá indica el GPS mendocino, sobre el origen de un equipo que parece haber sido moldeado con ojo sabio y buen gusto, y cuyas figuras parecen calzar justo en ese gran rompecabezas que lidera "el Gallego" Sebastián Méndez.
Destino incierto, con pasado preocupante por algunas flojas campañas, el club tombino parece haber tenido un asesor milagroso, de afinado olfato y de desarrollada perspicacia para elegir en cada reducto argentino o en cada región sudamericana los futbolistas que más le convienen.
Sino que lo certifique la presencia de Jaime Ayoví, el ecuatoriano goleador, al que en 2014 le golpearon el hombro cuando estaba en el Toluca mejicano para invitarlo a Cuyo, y que desde el momento en que pisó su suelo mostró su valía.
Pero Ayoví en estos meses no estuvo solo: en enero pasado llegó Santiago “Morro” García, el uruguayo nacido en Nacional y transferido al River Plate de aquella orilla, para armar la dupla más afianzada del Torneo de Transición, oscura y peligrosa, desafiante ante cualquier versión defensiva, implacable cuando huele la red que la aproxima al gol.
Azar o fina puntería para dar con los jugadores justos, o dedo mágico para apuntar al agraciado, los dirigentes o asesores de Godoy Cruz han dado en la tecla.
También puede anotarse como un logro la conformación de la zaga central con los paraguayos Diego Viera y Danilo Ortiz. Cuatro apellidos, tres nacionalidades, el acierto se extiende al acto de escarbar los intestinos de Argentina.
De algunas de sus provincias, entre ellas Córdoba, con Javier Correa y Gabriel Carabajal, han aparecido otros colaboradores a la causa de la entidad bodeguera.
Cuando faltan tres partidos para terminar el torneo y le resta jugar con Quilmes, Belgrano y el clásico con San Martín (SJ), la entidad de la periferia capitalina peleará palmo a palmo con San Lorenzo el liderazgo de su grupo y buscará ser el primer equipo indirectamente afiliado campeón en un certamen de la A de la AFA, si es que el viento de cola y los astros se ponen de acuerdo para ayudarlo.
LeicesterSu caso tiene algunas connotaciones que lo identifican al reluciente Leicester, campeón por primera vez en su historia más que centenaria de la Premier League, un título basado en virtudes propias, que resaltaron aún más en la debacle local de los candidatos de siempre.
Ayer, los multimillonarios Manchester City y United, Chelsea, Tottenham, Arsenal y Liverpool tuvieron que apoyar las rodillas para alabar al impensado campeón.
La enseñanza que deja la estela de Godoy Cruz nos remite a nuestros clubes. Aquí ha sido una constante la dificultad para acertar con los refuerzos que hagan recíprocos tanta confianza y esfuerzo económico.
En esta ciudad se ha gastado demasiado dinero y se han creado demasiadas expectativas en jugadores que pasaron sin dejar huella. Ajustar la mira es el tema. Apuntar y dar en el blanco. El último mensaje que surge de la gesta godoycruceña es no claudicar.
Con menos historia en la AFA que Belgrano, Talleres, Instituto y Racing, los cuyanos están disfrutando de esa insospechada primavera que el fútbol suele ofrecer.
Sin pensarlo, con algo de sabiduría y otro tanto de fortuna, siempre imprescindible en estos casos, el Tomba espera agazapado el momento de dar el histórico zarpazo
