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El sello de Belgrano

Hoy la "B" festeja su conquista, consecuencia de un proceso que avanzó en todos los flancos. Y aparecerán nuevos desafíos.

04 de junio de 2013 a las 10:01 a. m.
El sello de Belgrano
Ponele la firma. Lucas Aveldaño, Juan Carlos Olave y César Mansanelli autografiaron camisetas durante la visita de ayer a La Voz. // Foto: Facundo Luque

Con matices, la imagen de Belgrano ante Lanús es casi igual a los contornos que ha mostrado desde que Ricardo Zielinski en 2011 asumió su cargo. De todo ese proceso, puede hablarse de una primera etapa, en la que estuvo Franco Vázquez, a quien al entrenador pareció costarle encontrarle su posición ideal en la cancha y por la que el carlospacense debió trabajar y mucho para hacerla positiva en función del equipo.

Con “el Mudo” en la cancha, Belgrano ascendió, fue encontrando de a poco un orden colectivo estable, todos sus jugadores se fueron afianzando en sus puestos y el equipo empezó a ganar más que a empatar y mucho más que a perder.

Paralelamente, el reconocimiento a su labor se fue extendiendo en la misma medida que sus resultados coronaban su labor eminentemente grupal, aunque en aquella época cargaba el estigma (y aún por eso hoy recibe críticas) por su severo conservadurismo y sus ataduras a un mismo molde.

A decir verdad, aun cuando las críticas sonaran lógicas, Zielinski nunca dejó de emplear el mismo discurso ni de trasladarlo al campo de juego.

En el mismo tono, a gusto con el mensaje de su líder, los futbolistas fueron fundiendo en el césped la marca “Belgrano”, la de los cuatro defensores, otros tantos mediocampistas y dos delanteros, de espera segura y con pocas grietas, de presión sostenida y quite de balón más que probable en el medio, y de salida rápida y sin peajes hacia los dominios de su adversario.

La partida de Vázquez reforzó la idea de conjunto. Esa veta calzó justo y desde un principio en jugadores forjados en el esfuerzo y hasta hace muy poco en el anonimato. La zona de creación pasó a tener un matiz distinto, sin la sabiduría innata del hasta el domingo jugador del Rayo Vallecano, pero con el libreto aprendido y con ganas de interpretarlo de quienes lo reemplazaron.

Inscripto en ese modelo estándar de juego, habitual en muchos equipos de primera y de segunda categoría, en la búsqueda mucho más sostenida del utilitarismo que de la brillantez del espectáculo, Belgrano encontró definitivamente su lugar en el mundo.

En esta segunda etapa, además de reforzar esos conceptos iniciáticos, ya un poco más distendido por su misma armonía de movimientos, la formación celeste celebra en estos días su toque más preciso y su juego un poco más atractivo, que paradójicamente no ha tenido el nivel de efectividad que ofrecía cuando amenazaba menos y era más contundente.

Hoy Belgrano festeja su conquista, la consecuencia de un proceso que avanzó en todos sus flancos. En lo futbolístico, esta tercera etapa que comenzará con la temporada que se avecina mostrará entresijos por los que se colarán dudas y desde los que aparecerán nuevos desafíos.

La Copa Sudamericana marcará la inédita presencia pirata en campos internacionales, aunque los resultados sólo le alcancen para alguna aventura doméstica.

Premio para la testarudez franca y sincera de un técnico que no cambió de libreto para complacer a nadie y aplausos para los jugadores que materializaron una idea y una ilusión, de la que nadie se imaginaba cuando Belgrano era casi un habitué de los bajos fondos de la B Nacional, allá cuando Zielinski desembarcó en tierras de Alberdi.