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El fútbol y sus sorpresas

20 de agosto de 2013 a las 09:44 a. m.
El fútbol y  sus sorpresas
El mejor cordobés. Con sus dos triunfos de local, Sportivo es el equipo de Córdoba que más sumó. // Foto: Pedro Castillo

El fútbol no agota su capacidad para ofrecer sorpresas. Con 18 refuerzos y un plantel casi todo renovado; con menos tiempo de preparación que los demás equipos por su ascenso agónico a la B Nacional; con un entrenador novato en este nivel de competencia, pero al que no le tiembla el pulso para sacar o poner al futbolista más pintado, Sportivo Belgrano es, a tres fechas del comienzo de los torneos de AFA, el representante cordobés con mejores resultados. ¿Sorpresa? Sí. ¿Asombro? No.

Es sabido, a diferencia de anteriores décadas, en la que por capacidad se distinguía claramente la procedencia de cada jugador o equipo, que hoy esa distancia se achicó hasta hacerse en muchos casos casi nula. Estudiantes de Buenos Aires, semifinalista de la Copa Argentina, militante de la B Metropolitana, es un ejemplo.

Los ascendidos que no sucumben y los descendidos que llevan semanas remando en el mismo lugar son otros. Sportivo Belgrano tiene seis puntos e Independiente, dos. Y en el mismo torneo. Estos números, hace cinco años o más, sonaban a broma. Hay matices, por supuesto. Algunos equipos, como Olimpo y San Martín de San Juan, suben y bajan; otros, como Tigre y Arsenal, parecen haber llegado para quedarse; Atlético de Rafaela y Godoy Cruz pelean para que su estancia sea más prolongada.

Belgrano lleva dos años navegando en ese mar bravo y traicionero. Lo hace con pericia, con la satisfacción del brindis al llegar sano y salvo a algún puerto, y sin zozobrar por alguna tormenta pasajera. A propósito, las derrotas ante Lanús y Boca le oscurecieron el cielo, presagio de tempestad. La victoria sobre Vélez y el empate con Newell’s desactivaron aquella conocida sentencia que amenaza a quien se deslumbra por las luces de un torneo internacional y queda a oscuras y temblando por su suerte en el ámbito doméstico.

El domingo pasado, el punto en Rosario es todo un símbolo. Empezó a sumar, y a su modo. Su típica doble línea de cuatro terminó siendo infranqueable, tanto como sus evidentes problemas para encontrar a quien, con un pase preciso, con algún toque inspirado, le dé al equipo algo de aire cuando está siendo sofocado. Mientras se esperan días aun mejores, se recuerda con alegría aquel primer tiempo ante Boca y todo el partido frente a los de Liniers, su mejor producción colectiva e individual desde que la pelota volvió a correr en la cancha.

A la manera de jugar de Belgrano, dogmática, bien previsible, y como ya está visto, difícil de vulnerar, Talleres ofrece los interrogantes que ingresan en el terreno de lo convencional, con un equipo en proceso de formación y con un buen número de jugadores que no tienen un buen rendimiento. Esto hace presumir que la adaptación a los rigores de una más alta competencia será difícil y que Sialle deberá recurrir varias veces más al ensayo y error hasta lograr un perfil que al equipo más le convenga. Tres puntos en tres juegos. ¿Se esperaba más? Por lo visto, suenan lógicos.

Lo cierto es que Belgrano y Talleres empataron. Los dos, sin excusas, pudieron haber perdido. Belgrano tiene un estilo y lo defiende; Talleres busca el propio que lo distinga. Entre los dos, el sorprendente Sportivo Belgrano, resumen de la actual nivelación del fútbol argentino, que hace poco alumbró campeones como Banfield y Arsenal, se cuela entre los de arriba.

Pero cuidado: esa paridad ya no anuncia con tanta anticipación descensos y campeones como sucedía antes. Ahora, esos premios y castigos acechan a la vuelta de la esquina y amenazan cada fin de semana. En eso radica el encanto de estos torneos. Y también su peligro.