El fútbol necesita más audacia individual
Mirá la columna de Enrique Vivanco y su análisis de la fecha en Primera y la B Nacional.
Traga saliva el hincha de San Lorenzo. Se siente un poco en deuda con Ricardo Caruso Lombardi, por lo que no puede caerle encima. Saben que el entrenador y los jugadores de la anterior campaña evitaron el descenso y, sin caer en el agradecimiento, le deben tener más paciencia.
Mientras tanto, masticaron bronca por verlo a “Pipi” Romagnoli entre los suplentes, aunque luego tuvieron el consuelo de Caruso al ubicarlo nada más y nada menos que 15 minutos en la cancha.
Para tranquilidad de Caruso y su ideario, Romagnoli ya no lo molestará por un buen tiempo. Ayer se confirmó la rotura de ligamentos cruzados en una de sus rodillas, lo que se explica como una prolongada y obligada hibernación en medio de tantos pases, foules, relevos y pelotazos.
En este tiempo de crisis, Romagnoli es más que un muy buen jugador para el sanlorencista. Aun sabiendo que su mejor época había pasado, el "10" azulgrana remitía al hincha precisamente a momentos en los que el buen juego y la bohemia coincidían con la historia de un club acostumbrado a hábiles jugadores y a equipos sensibles con la pelota.
Pero Caruso sin vender humo prende la fogata y echa en ella los utensilios de los que se valen los buenos jugadores para enriquecer el espectáculo y distraer al hincha. Por eso jugó al límite Augusto Álvarez, un enjundioso cuarto volante que se fue expulsado. Y por eso Romagnoli pudo disfrutar de su helado el último cuarto de hora del partido.
Pero no hay que asombrarse. Una mirada horizontal a todos los equipos que compiten en Argentina muestra en muchos casos una manera de pararse en la cancha y de afrontar los partidos similar a la de Caruso y sus muchachos.
Sin ir más lejos, San Lorenzo jugó ante Belgrano en el Estadio Mario Kempes como Belgrano se ha cansado de jugar con buenos (y, en algunos casos, muy buenos) resultados en los más conspicuos y difíciles escenarios de Argentina.
Es un método impuesto y en muchos casos aceptado en nuestro país por parte de quienes tiene la calculadora a mano mientras ven el partido y se ponen felices si su equipo gana aunque luzca un poquito corto de ambiciones.
Sin ir más lejos, Deportivo Merlo anticipó el viernes a la noche en Alta Córdoba lo que iba a hacer San Lorenzo unas horas después. Pero tan preocupante como esa tendencia conservadora, es la falta de recursos de quienes, por ser locales, tienen más obligaciones de derrumbarlas y volverlas inútiles.
Instituto tuvo 15 minutos dinámicos, bien vivos, en los que acertó varios pases seguidos y llevó peligro a la puerta de su visita. Su juego luego decayó, mudando entre el abuso de pases aéreos verticales y toques intrascendentes en la mitad de cancha.
Belgrano incursionó al principio cerca de Migliore con algo de resolución en Zapata y Carranza, y luego martirizó el bastión azulgrana con centros y más centros de Mansanelli y compañía.
Los dos partidos terminaron 0-0. O lo que es lo mismo para la actual lectura de los resultados, los visitantes se llevaron el IVA. Una buena manera de terminar con ese tipo de interpretación es pedir más audacia individual en los jugadores (nadie tira una gambeta cerca del área; ya no se ven “paredes” para progresar en la cancha) y actuar de la misma forma con los entrenadores.
No es bueno ubicar como tema central sólo la actuación de un árbitro cuando el nivel de juego y la calidad del espectáculo son de discretos para abajo. En una de esas, actuando con más audacia, quizá se empiecen a ver los cambios. O no. Y los “malos” de la película seguirán haciendo su negocio.

