El elixir Messi
Nada como el elixir Messi para reconstituir las células, lustrar las neuronas, suavizar la piel y correr más rápido.Argentina, antes del primer gol de "la Pulga" frente a Uruguay, se pareció al Barcelona, salvando las distancias, en las (pocas) veces que el equipo catalán mostraba incertidumbre para tumbar al rival, aun ofreciendo toda la fuerza y la calidad de sus piezas.
Pero Messi lo puede. Dentro de una gama inimaginable de facultades, el rosarino tiene el atributo de hacer olvidar todo o casi todo lo que precede a una genialidad suya. No quedan vestigios de dudas o limitaciones; no hay motivo de críticas; no hay nubes en el futuro del equipo en el que juega.
Su arremetida como centrodelantero en el tanto inaugural relativizó los problemas que el equipo tuvo para generar juego, más allá de cuando la pelota pasó por sus pies.
El viernes a la noche, la Albiceleste tuvo pocos recursos en la banda derecha, en la que Gago, a falta de dinámica, trató de suplir esa carencia con su buen toque. Sin embargo, su falta de llegada a zonas bien ofensivas le quitó otro aporte al seleccionado, a lo que se agrega las muy pocas veces que Zabaleta progresó por ese lateral hasta terminar alguna jugada.
Uruguay, fiel a un esquema que le ha dado satisfacciones desde el mundial de Sudáfrica a esta parte, ubicó a muchos hombres cerca de sus dos zagueros centrales y rodeó a Messi todo lo que pudo, hasta que este explotó y la estrategia del “Maestro” Tabárez voló por los aires.
La exageración periodística al hablar de los “Cuatro Fantásticos”, en alusión a Messi, Di María, Higuaín y Agüero, no debe dejar de percibir el alivio que representa para Sabella tenerlos como respuesta inmediata y algunas veces fulminante a los desatinos defensivos cerca de Sergio Romero.
Más elástico y generoso en su propuesta que con la selección argentina “local”, Sabella juega muchas veces al golpe por golpe con su propuesta de Messi y compañía. Si a esto se le agrega que Gago tiene poca capacidad de marca, y que sólo Mascherano es el hombre naturalmente habilitado para ejercerla, no es fácil entender los motivos por los que muchas veces Fernández y Garay o el mismo Romero se mueven al límite del esfuerzo para no caer en el abismo.
Chile, sin Arturo Vidal, su hombre más cotizado, con Borghi en la cuerda floja (dicen que se va aunque la Roja gane), con el desánimo incorporado por los últimos tropiezos, dejará sus bolsillos flacos en una apuesta que tanto se parece a la del fin de un ciclo como al alumbramiento de otro que ya se vislumbra en el camino.
A Borghi los jugadores dicen que lo apoyan, luego de la estela de futbolistas que por indisciplina y por otros motivos quedaron al costado del camino.
El argentino estará en la mira tanto como sus jugadores, quienes plantearían una propuesta similar a la que, con matices, también viene ofreciendo el líder de las eliminatorias.
Será un duelo sin transiciones. Será (sobre todo para Chile) a matar o morir. Será una nueva prueba de fuego para Argentina. Quizá la última si sortea con autoridad el desafío.
Los trasandinos quedarían muy postergados y Venezuela y Uruguay sólo deberían apostar al milagro si la hecatombe se apodera del equipo argentino en la segunda rueda.
Será así que el calor abrasivo del Estadio Nacional no cederá mientras Chile tenga chances de triunfo. Enfrente estará Messi con su fórmula para borrar el pasado y transformar (como casi siempre) a una Argentina dubitativa en una fuerza respetable.

