Córdoba: la cantera convoca
Piermarteri, Carabajal y Melano reunirán un buen caudal de energía que transportará a los hinchas a la cancha.
Su figura todavía de junco empezó a tomar más robustez a medida que pasaban los minutos. El pibe, que el 6 de junio de 1995 cumplió 17 años, inició el lógico proceso de distensión, y del relajamiento pasó al quizá divertimento involuntario.
Sí, Gonzalo Piermarteri fue poco visible en el primer tiempo ante Ferro Carril Oeste, y coloso en el segundo. A medida que pasaba el tiempo sus metros recorridos fueron más productivos y sus habilitaciones más inteligentes.
Debutó a menor edad que Paulo Dybala y tal vez mayor deberá ser su esfuerzo para encarrilar a su equipo de un contexto distinto del que tenía aquel otro, el que desde el vamos sorprendió a todos y el que finalmente no se llevó nada. Para algunos tal vez no es un dato, pero su edad importa: hasta no hace mucho en Córdoba “los pibes” debutaban a los 20, 21 ó 22 años. Era lo normal. El proceso de preparación de un juvenil era más lento. La contención institucional, más limitada. Los tiempos parecen haber cambiado.
El más “veterano” nació en 1991 y el 9 de enero cumplirá 22 años. Sus botines tienen el desgaste de los momentos vividos en Central de Río Segundo, y en los desconocidos Mitre de Pérez, de la liga rosarina y Patriota, de la segunda división colombiana.
Gabriel Carabajal, también volante, igual que Piermarteri, criado en Lozada, vagaba un rato en la terminal de colectivos de esta ciudad para hacer tiempo hasta que el entrenamiento en las inferiores de Talleres lo llamaba.
No tuvo la culpa de caminar en medio de la traumática transición de un club que tuvo que volver a mirar a sus juveniles como prendas de valor y de transformación. Su figura, allá enclenque, acá tiene más cuerpo, igual dinamismo y más agresividad que cuando José María Bianco lo puso en la cancha.
Carabajal como Piermarteri son a Talleres e Instituto lo que Lucas Melano es a Belgrano. Son la referencia, son el objetivo aún no consumado pero en plena evolución, son el fruto del trabajo, son los chicos del club que potencialmente corporizan la parábola del cordobés que quiere debutar ante sus padres, sus hermanos, su novia y sus amigos en terreno conocido, envuelto en cánticos iniciales de apañamiento, para luego volar, como quieren todos, hacia donde su propio talento los lleve.
Este fin de semana habrá días de sol para quien le guste el fútbol. Vendrá Boca y estará Melano. Llegará Banfield y se presentará Piermarteri. Se instalará Racing y se pondrá Carabajal.
Nada mejor que un pibe cordobés que juegue bien para ir a la cancha. Lo hizo alguna vez “el Pitón” Ardiles y la gente pagaba para ir a verlo.
Lo hizo “el Hacha” Ludueña y el bolsillo no se estremecía cuando él jugaba. Lo mismo que con “el Cuchi” Cos cuando el morocho delantero encaraba.
Ellos serán una excusa para continuar la amorosa relación de fidelidad que trunca sueños, derrumba ambiciones, pero que se mantiene inalterable. Piermarteri, Carabajal y Melano reunirán un buen caudal de la energía que transportará a los hinchas a la cancha. No es poco. Desde su juventud ya lo han logrado.

