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Belgrano y Talleres, ¿el clásico de la nueva era?

El sábado, Piratas y Matadores volverán a verse las caras. Pero esta vez, será con dos clubes ordenados y con presente sin precedentes.

18 de julio de 2016 a las 05:43 p. m.
Belgrano y Talleres, ¿el clásico de la nueva era?

Han pasado demasiadas cosas en estos últimos 14 años. Desde aquel 21 de abril de 2002, cuando jugaron por última vez en Primera División, Belgrano y Talleres no habían tenido la misma estatura, en medio de una deformación constante que los achicaba o los agrandaba, casi de manera permanente.

Eran comunes las crisis, los paros y los reclamos, los entrenamientos en lugares inadecuados y las alegrías siempre fugaces... Tan parecido a lo que ocurre hoy en la AFA, el fútbol cordobés, en todos sus niveles, ofrecía una imagen amateur e improvisada, distanciada del rigor competitivo que iba surgiendo o se afianzaba en otras plazas del país.

Estos casi tres lustros obligaron a los dos clubes a cruzar un desierto por cierto hostil, casi despiadado, que en la adversidad los ayudó a crecer y a formar una nueva imagen.

Hoy el profesionalismo ya no se circunscribe sólo a sus futbolistas; todas sus estructuras han mostrado una evolución que acompaña un resurgimiento institucional como no se había dado en sus historias.

Talleres y Belgrano llegarán al próximo sábado rejuvenecidos, por el lustro de excepción de los de Alberdi, y por este renacimiento de hace casi dos años en los de barrio Jardín.

Ahora sus corazones laten fuerte, jóvenes; parecen estar dispuestos a afrontar las emociones más intensas, de las más positivas, si es posible.

Eso ha sido captado por sus públicos. Eso lo perciben desde los hinchas más desinformados hasta los que le conocen sus arterias más profundas.

Saben que siguiendo este proceso de maduración, Talleres y Belgrano, Belgrano y Talleres estarán cerca de darle a Córdoba algo que no han podido conseguir en sus más de 100 años de vida: un campeonato de Primera División.

Con ese afán irán a ver el clásico, que bien podría llamarse el de la nueva era, el de la nueva época, el de la pugna por un inevitable afianzamiento que definitivamente coloque a ambos en el mismo nivel de los clubes más importantes de Argentina.

Aunque es obvio hablar de su importancia entre la gente, los futbolistas que estarán en la cancha, no dejarán de ser una circunstancia, un detalle que con el paso del tiempo será anecdótico.

Matías Suárez atraerá a los piratas; Daniel Ludueña lo hará entre los albiazules. Ellos tienen envergadura propia como la de sus compañeros.

Sin embargo, el valor absoluto radicará en la presencia de las dos camisetas más convocantes de la provincia, las que así como establecieron largos periodos de depresión en nuestro fútbol, hoy son creadoras de puesto de trabajo, son imanes para el acercamiento de la juventud al deporte, son promotoras del ocio pasivo o no tan pasivo de los hinchas en las tribunas.

Una referencia que está a la altura de las circunstancias, al menos en su enunciación, es el de la convivencia de ambas hinchadas en el estadio Kempes. En materia de seguridad deportiva, Córdoba puede ofrecer al país un legajo que, sin ser inmaculado, no acumula tantas líneas de violencia dentro y fuera de estos escenarios.

Ese comprobado afianzamiento será más contundente aún, si el público acompaña desde el respeto y la prudencia el sentido de festividad que encierra este tipo de acontecimientos.

El público cordobés ya los mostró cuando vino la selección, o cuando fue testigo de algún Boca-River.

En simetría a las características de una crónica periodística, nada quedará en pie en lo deportivo ante el avasallamiento de la seguridad y los derechos de la concurrencia. De nada vale un gran partido con algún herido.

Es hora de que este tipo de fiestas populares se vivan definitivamente desde la normalidad y la plena alegría. Ojalá eso suceda el próximo sábado.

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