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Belgrano y las primeras dudas

El arranque del Pirata, analizado por Enrique Vivanco.

03 de marzo de 2015 a las 01:47 p. m.
Belgrano y las primeras dudas
Fernando Márquez. Falló en la chance más clara de Belgrano ante River. (Foto: Ramiro Pereyra)

River Plate venía poniendo la vara no lo demasiado alta como que a Belgrano fuera imposible saltarla. La actualidad millonaria lucía aletargada después de la derrota ante San José de Oruro, por la Copa Libertadores, y del magro empate frente a Quilmes, por el torneo de los 30 equipos. En la semana anterior, Marcelo Gallardo había refrendado su respaldo a un grupo de jugadores que, en un año, les había devuelto la sonrisa a sus hinchas, pero el técnico también les había advertido que no admitiría el mínimo atisbo de aburguesamiento. 

La imagen de los millonarios en el césped del Mario Kempes fue recíproca: para jugarle a Belgrano, Gallardo puso el mejor equipo; y sus 11 dirigidos, sin deslumbrar, ni mucho menos, parecieron decirle con el triunfo que le resultaría difícil encontrar alguna expresión de modorra. Aun con una mejoría colectiva y también individual en un buen número de futbolistas ("Teo" Gutiérrez sigue muy bajo), River debió arremangarse desde el primer segundo del partido para volver a la victoria. A diferencia de Belgrano, tuvo en Rodrigo Mora a un jugador sobresaliente, que mezcló oportunismo en el primer tanto y técnica y decisión, en el segundo puesto, para volver a Buenos Aires con el traje de escolta. La aparición del movedizo y perspicaz uruguayo cuando el partido ya no admitía errores, es sólo una de las facetas de análisis, que permite distinguir otros niveles de comparación tanto en este partido, como en lo que puede ofrecer uno y otro equipo a lo largo del campeonato.

En la noche húmeda del Kempes, Belgrano ostentó sus habituales estándares de orden y de sacrificio, salvo en los últimos 20 minutos, y más después del primer gol, tras el cual llegó otro, y pudo haber soportado uno más. Lo viejo conocido le sigue dando réditos, aun con distintos intérpretes, tal el caso de Sebastián Prediger, de buen acoplamiento a sus compañeros. Su estructura colectiva (siempre reconocida por sus adversarios) todavía se manifiesta fiable aunque no tan productiva como antes. Sin embargo, su principal déficit en estos tres partidos parece encauzarse hacia la generación de juego. El brillo de Lucas Zelarayán guio el triunfo ante Nueva Chicago.

Esa señal después no pudo verse ante Lanús y a cuentagotas se plasmó el domingo pasado. Es sabido de la capacidad de su "10" tanto como del bajo rendimiento de Emiliano Rigoni y de la falta de alternativas de un equipo que, como siempre, ha sido muy vertical en su ataque, con muy pocas variantes para llegar por otros caminos. Históricamente, Belgrano ha tenido el balón poco en sus pies; sus hombres lo quitan y salen rápido hacia adelante; nunca se caracterizó por sostener el ritmo de un partido a partir de la tenencia de la pelota.

Los dos goles de Sergio Escudero constituyen un llamado de atención para una formación que en la red del rival no tiene estadísticas malas: cuatro goles en tres partidos no trasuntan sequía, pero las conquistas del exdefensor de Independiente advierten de los bajos índices en otros puestos más habilitados para concretarlos. Así, las referencias al pasado parecen surgir inevitables: César Pereyra, desde antes, y en tiempos cercanos Julio Furch, aportaron un buen número de goles que incidieron en la levantada del final del certamen anterior. Lejos de compararlos con las figuras de Mauro Óbolo y de Fernando Márquez, los mayores enigmas por resolver en Arturo Orgáz y La Rioja pasan por buscar la química del medio campo hacia adelante, que les facilite la tarea a estos en el área. Sin dejar de advertir que Márquez no pudo concretar la chance más clara de gol del partido. 

La prudencia advierte sobre el despertar reciente de un torneo inacabable. Belgrano tiene elementos para edificar sobre una base ya sólida. Su desafío superior será mejorar y estabilizar sus producciones para entreverarse entre los equipos grandes, tal vez los más beneficiados por una competencia extenuante; o liderar en la monotonía el segundo pelotón, como ha ocurrido en los últimos campeonatos, luego de haber disfrutado, tras ascender de categoría y pelear el título dos veces, de su merecido tiempo de las luces.

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