Belgrano y la necesidad de renovar sus objetivos
El Pirata vive una crisis futbolísticas inédita. Cómo salir de ella es el gran desafío de Zielinski y sus futbolistas.
En una buena parte de sus cosas, al fútbol lo atraviesa la velocidad de la luz. Casi siempre efímeros, sus tiempos casi nunca echan canas ni mucho menos se prolongan hasta jubilarse. Ni qué hablar en Córdoba, en donde en las malas épocas los entrenadores, por ejemplo, duraban lo que ahora un billete de 100 pesos en el bolsillo.
El Belgrano de estos últimos años rompió la levedad de esa tendencia. Caminó con pies de plomo e hizo uso de la austeridad. En medio de la incertidumbre apostó y se recostó en un técnico y un grupo de jugadores eficaces, los contuvo y los hizo correr hacia adelante.
De pronto, Belgrano comenzó a ser nombrado en el país, pero no por sus avatares sino por los que aportaban sus futbolistas en un campo de juego y por lo que hacían quienes conducían el club en sus tareas específicas. Así, de entrenarse en la Isla de los Patos pasó a tener un precioso complejo deportivo y de pelear descensos pasó a luchar en alturas impensadas.
Todo ese proceso ha durado cinco años y un poco más, una eternidad para el minuto a minuto o el domingo al domingo con que también se mide el rating futbolero, gobernado por los números que de ser positivos alientan la continuidad y que de ser negativos cortan de raíz cualquier idea o proyecto.
En estos días de poca cosecha, Belgrano se observa en el espejo no con cierta preocupación, mirando cómo la nieve va ganando espacio en sus parietales, sin encontrar recursos para rejuvenecerlos.
Al proceso celeste no es tan difícil explicarlo. Se nutrió de la necesidad, un elemento siempre tenido en cuenta en sus decisiones. Ese limitante lo volvió utilitario. Ganó más de lo que perdió en base a esfuerzo y orden colectivo. Esos valores lo gobernaron mientras se mantuvo su urgencia de sumar puntos. Pasaron decenas de jugadores y los buenos resultados se mantuvieron. En Alberdi o en el Kempes los ojos celestes no veían el juego más bonito pero sí el más funcional y práctico. Era evidente: gustara o no, Belgrano jugaba a “algo”, como se dice en la tribuna.
Hoy Belgrano está penúltimo, tiene siete puntos en nueve partidos y, lo que es más grave, parece haber perdido su identidad.
Desde hace más de un año, sin el lastre de los promedios que tanto lo presionaba, Ricardo Zielinski distendió las formas del equipo. Ya no tan rígido, disciplinado y vertical fue mudando hacia una postura más libre, menos rigurosa. Este último período coincidió con el liderazgo creativo de Lucas Zelarayán. Con él, Belgrano más de una vez ganó y gustó. Y empezó a satisfacer un viejo pedido de su hinchada, que reclamaba algo más de estética a su propuesta.
Y así como la salida de Franco Vázquez no se tradujo en una transición complicada, la partida del “Chino” parece haber dejado secuelas hasta ahora no superadas. Sin la fuerza colectiva ni las variantes individuales de antes, sin esa estructura rocosa que lo distinguía, Belgrano es hoy una formación permeable, a la que le pueden hacer un gol en cualquier momento y a la que le cuesta demasiado hacer uno propio en el arco ajeno.
La pregunta es cuánto hay de futbolístico y cuánto de anímico en esta pendiente que lo pone tan cerca del último lugar en la tabla de posiciones de su grupo. Si es lo primero podrá mejorarse con más trabajo y la imprescindible recuperación de cada uno de los futbolistas. Si la debacle es por lo segundo, bien puede asociarse a un final de ciclo, en el que las órdenes ya no suenan tan imperativas como antes, las ambiciones no están marcadas a fuego como al principio y los resultados pueden no resultar tan determinantes.
A metros del último y a kilómetros del primero, Belgrano no ha podido aprovechar las oportunidades de un torneo corto y con un acceso a la cumbre no tan restringido para equipos supuestamente menos poderosos. Lo certifican Godoy Cruz y Atlético Tucumán, de indudable protagonismo hasta el momento.
Como sucede en tiempo de crisis, los celestes, ya lejos de esa chance, tienen la oportunidad de cambiar sus formas y de revisar si cuentan con la misma mentalidad fresca y renovadora que lo llevó de ser un equipo y un club como tantos a una referencia en muchos aspectos para el fútbol argentino.