¿Cuándo se alinearán los planetas?
Qué difícil resulta masticar las derrotas. Es cierto que se trata de un resultado deportivo. Eso, sólo un resultado deportivo. Pero ver cómo se caen los sueños detrás de un resultado duele, lastima. Sobretodo porque muchos solemos caer en el reduccionismo de que "ésta y solo ésta es la oportunidad". Pero no, las posibilidades pasan y uno ve cómo las ilusiones se hacen trizas.Esta derrota en la Copa Davis camina entre el fracaso y la desilusión, entre le decepción y la contrariedad. Produce un cóctel de sensaciones que van de un extremo a otro entre el pesimismo de los que esperaban (o esperábamos más) y el optimismo de los que sostienen que sólo se perdió ante los mejores del mundo. Verdad a medias del segundo lote porque, se supone, a la final llegaron los mejores, aunque el 3-1 del cierre hable de una superioridad irrefutable. Como si sólo hubiese jugado un equipo en Sevilla.
Parecía que “ésta y solo ésta era la oportunidad”. Pero no. En 2008, también ante España, pero de local, se rompió el sueño de la Ensaladera. Problemas internos entre los jugadores (Nalbandian y Del Potro), nunca expuestos clara y públicamente, partieron en mil pedazos la ilusión.
En 2011, el grupo se mostró unido en imagen y en discurso. Hubo un plan, hubo una estrategia y hasta hubo rumores de que Nadal jugaba infiltrado. Pero no, tampoco alcanzó.
“A veces se gana y otras se pierde, pero estuvimos cerca”, dijo el capitán argentino Modesto Vázquez. En estos momentos de dolor por la derrota nos (me) queda la sensación de que a la Argentina siempre le toca perder. En las buenas y en las malas. Con más o menos favoritismo. Con más o menos unidad.
Una final de Copa Davis, como cualquier otra final, es sólo para dos equipos. Argentina fue uno de ellos. España el otro. A uno le tocó perder... al otro, ganar. Para unos se perdió de pie, para otros las derrotas dignas no alcanzan. Los campeones morales tampoco. Quizá, algún día los planetas se muestren alineados y así podremos levantar la Ensaladera de Plata original, no una réplica.

