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La crónica que nadie querrá hacer

16 de mayo de 2012 a las 10:09 a. m.
La crónica que nadie querrá hacer

“Un jugador de... murió a causa de las heridas provocadas a partir de las agresiones recibidas por parte de una fracción de la barrabrava de su equipo, molesta por una derrota que determinó el...”

Esta crónica no se escribió para ningún jugador todavía. Sí para hinchas que murieron en una cancha de fútbol, o en adyacencias a ella. Ese formulario se ha ido llenando de manera tal que los puntos suspensivos sólo esperan libres por el equipo y el hecho deportivo. El resultado parece ser hoy una “condena”.

Los episodios sucedidos en los últimos tiempos han hecho del fútbol un juego del miedo que parece envolverlo todo. Lo ocurrido a los jugadores de Instituto se pareció a un western.

Un ómnibus interceptado en la ruta por barras que amenazaron de muerte a los jugadores en vivo y luego por mensaje de texto prometiendo balas.

Como si se tratara de una diligencia atacada por bandidos. Y todo porque Instituto perdió 3-2 con Boca Unidos, y con eso dejó la punta.

Una escena que luego contempló la llegada de la policía para disuadir con balas al aire. “Los barras estaban drogados y no pudieron entrar al ómnibus porque llegó la Policía y dispersó con balas de gomas.

¿Y si no llegaban? ¿Y si los jugadores reaccionaban? ¿Qué hubiera pasado? ¿Y qué pasará cuando juguemos con Brown?”, reflexionaban en el plantel de Instituto.

Los barras no llegan hasta ahí solos. Alguien les franquea el ingreso, les da conce­siones y los utiliza. Estamos en ese punto. Como ocurrió con la pelea de los hinchas de Belgrano, y las jeringas y los trapos en Talleres.

Los hechos están, pero nadie se hace cargo. La crónica actual quedó en el apriete, en las amenazas y en los repudios posteriores. Pero peligrosamente está cerca esa noticia que nadie querrá escribir. La crónica en la que el daño es irreparable.