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SIn lugar para olvidarse y menos para resignarse

14 de mayo de 2017 a las 01:03 p. m.
SIn lugar para olvidarse y menos para resignarse

Los 28 días que pasaron entre el clásico Belgrano-Talleres del 15 de abril y el Talleres-Belgrano de ayer trascendieron lo futbolístico y fueron demasiados movidos para el fútbol cordobés. 

En ese vaivén, sin dudas el dolor más grande se lo llevó la familia de Emanuel Balbo, el hincha celeste que murió como consecuencia del accionar de unos bárbaros que contaron con la complicidad de muchos violentos y otros tantos que asistieron pasivos a cómo recibía la cobarde agresión que determinó su muerte. Los Balbo reclaman justicia y con ellos todos los cordobeses. Aquella vez, terminó en tragedia lo que debía ser una fiesta a la cual asistieron 57 mil personas, en ese caso hinchas de Belgrano.

El mundo habló de esa muerte, que produjo una tremenda herida en la historia de nuestro fútbol.

El clásico de ayer comenzó marcado por otro hecho extradeportivo, que sucedió durante la semana, como fue el episodio en el cual estuvo involucrado Emanuel Reynoso, uno de los jugadores clave de Talleres, quien terminó imputado como “partícipe necesario de abuso de armas de fuego” y fue marginado de los futbolistas albiazules que afrontaron el desafío frente al adversario de siempre.

Estos hechos gravísimos, muchas de cuyas raíces pueden encontrarse en la degradación que sufre nuestra sociedad, mancharon el esfuerzo que de un tiempo a esta parte realizan las dirigencias de Talleres y de Belgrano para que sus clubes sean un ejemplo, estén ordenados, tengan un marcado perfil social y puedan sacarle dramatismo a un fútbol como el argentino, enmarcado en una realidad muy complicada y que sigue buscando las salidas para una crisis sin igual.

Sin embargo, todas las accio­nes que las conducciones y la mayoría de los actores de las comunidades albiazules y celestes realizan para que se baje el margen de posibilidad que se presenten actos de violencia y la imagen de los clubes permanezca limpia tambalean cuando suceden hechos tan lamentables como aquel de Balbo o este en el que estuvo involucrado Reynoso, que pudo haber tenido consecuencias peores. Estos dos fueron los que más repercusiones negativas tuvieron y pusieron al fútbol cordobés, que hace rato genera hechos favorables (como los dos clásicos con el Kempes repleto), en un lugar incómodo y lejano para sus aspiraciones de grandeza. Pero también existieron silbidos, cantos, palabras, acciones, banderas o posteos agresivos de un conjunto de hinchas, que todavía son bastantes y se empecinan en apostar al descontrol y en ir a contramano del mensaje y el camino sin confrontación que eligieron transitar quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos futbolísticos de Córdoba con la colaboración de todos los estamentos involucrados.

En ese escenario, quedan obligaciones y desafíos. Entre las primeras está no dejarse ganar por el olvido, porque la memoria es la que permitirá tener presentes los aspectos desfavorables que hay que intentar erradicar del fútbol cordobés. Entre los segundos, la determinación a combatir estos flagelos debe ser intensa y con la convicción necesaria para evitar caer en la resignación.

Entonces, hay que seguir apoyando todas las actividades e iniciativas que se realicen en ese sentido, ya sea que las propongan los clubes, las autoridades, los medios o las instituciones más diversas. Por mínimas que parezcan, sumarán. En ese sentido, en la tarde de ayer en el Kempes se dio un paso adelante, aunque se termine destacando lo que debiera ser normal. Y desde hoy, habrá que continuar trabajando y buscando las fórmulas y recetas que aporten soluciones.

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