A pedir del dueño de la pelota
Una Copa. Un país. El espectáculo más grande del fútbol argentino”. Así se promociona a la Copa Argentina. El torneo ha experimentado un indudable crecimiento desde que volvió a jugarse hace seis años. El combo que ayudó a esa evolución se nutrió de buenos premios, chance de clasificar a una copa internacional, posibilidad de enfrentar a clubes de otra categoría y, por qué no, el desafío de ser protagonista en un certamen nacional.
Sin embargo, desde su regreso, esta Copa tuvo como principal falencia la dificultad para presentar una programación confiable y previsible, algo en coherencia con el fútbol argentino. A todo eso, ahora se le suma que se profundizó la sensación de que el torneo está hecho a medida de los clubes grandes, también en sincronía a como se perfila la Superliga presentada antenoche a todo lujo.
Más de uno recordará cuando llegaba al potrero sabiendo que el dueño de la pelota hacía lo que quería. Bueno, hoy la impresión es la misma. River se clasificó el martes y jugará el domingo, sin importar si Instituto está en condiciones de competir. Racing recibirá a Mitre de Santiago de Estero a 11 kilómetros de su casa: los que separan Avellaneda de Banfield. Boca jugará la semana próxima ante Brown de Madryn, que tampoco tiene preparación. Independiente-Atlético (T) irá en Lanús... Así, el torneo estará más lejos de su pretensión de grandeza. Y el espectáculo será para pocos.