La selección argentina, con una base anímica y futbolística
Testigos presenciales en el vestuario confirmaron lo que las cámaras de televisión y las palabras posteriores a la final evidenciaron. Tras perder la final del Mundial el domingo pasado, el dolor les rajaba el corazón a los futbolistas. "Va a ser para toda la vida", admitió Javier Mascherano, líder espiritual del seleccionado. "A los muchachos los vi mal", contó Carlos Bilardo.
El lunes, cuando desembarcaron en Ezeiza recibidos por una multitud y mientras les llovían los elogios de parte de la presidenta Cristina Fernández, a los futbolistas se les hacía difícil disimular el malestar que les había generado la derrota frente a Alemania. Es que estos muchachos están acostumbrados a ganar.
Y sino, vale repasar los números: entre los 23 integrantes del seleccionado, sumando títulos en sus clubes y en selecciones (juveniles y olímpicas), acumulan ¡176 vueltas olímpicas! ¿Cómo se van a sentir si se les negó el más importante? Pero el que sintieron después de los 120 minutos con las alemanes son de esos dolores que sirven, que suman pensando en el futuro.
El hambre que queda picando en el interior es positivo. Eso más allá de que estuvo clarísimo que los capitaneados por Lionel Messi pusieron todo, dieron hasta la última gota para representar con total dignidad al fútbol argentino y estuvieron muy cerca de ser campeones mundiales.
Fallaron los menos pensados, caso contrario aún estaríamos festejando. Otro síntoma favorable en la era Sabella fue el sentido de pertenencia, las ganas de estar en la selección, un sentimiento que fue tan palpable por última vez con Bielsa y algo menos con Pekerman como DT.
Sabella logró reinculcarles a sus jugadores vivir el seleccionado con entrega máxima. Con ese cimiento todo lo que vino después se hizo más fácil. El círculo saludable se cerró con un equipo que se reinventó y corrigió cuando debía y terminó jugando en un nivel muy aceptable, más allá de falencias y gustos. Todo conforma una gran base para lo que viene.