Canchas hechizadas
La creciente tendencia de algunos equipos (y sus respectivos hinchas) de catalogar de "adversos", "desfavorables", "funestos" o, más concretamente, de "canchas malditas" a determinados estadios en los que pierden sistemáticamente genera preocupación en la AFA, ya que no hay una razón científica que explique semejante fenómeno estadístico-deportivo."Hay clubes que desde su fundación siempre perdieron en algunos estadios, al punto que en 2012 una reconocida institución de nuestro fútbol, el Deportivo Polar, cumplirá un siglo de derrotas en una conocida cancha del ascenso", señalan desde el Departamento de Estadísticas Impresentables de la AFA. "Si el año que viene vuelve a perder en ese estadio, como lo ha hecho sistemáticamente en los últimos 99 años, el Polar no se irá con las manos vacías porque se le entregará una plaqueta conmemorativa con la leyenda '100 años sin ganar'", explicó la fuente.
Pero la cuestión se pone más complicada cuando el estadio desfavorable para un equipo es ni más ni menos que aquel en el que se juega de local. Es el momento en el que se comienza a pensar en que hay "algo" arriba o abajo del campo de juego que ejerce una influencia negativa sobre el equipo, impidiéndole obtener las victorias a pesar de su formidable riqueza técnica, su incomparable volumen de juego, su solidez defensiva y su abrumador poderío ofensivo.Estas sospechas sobre influencias adversas generó el recordado conflicto del plantel de Colón con el catolicismo, a partir de la remoción de una imagen de la Virgen de una torre de iluminación."Generalmente jugadores, técnicos y dirigentes consideran que las influencias negativas vienen de abajo", señaló Juan Carlos Elfo, titular de la Secretaría de Hechizos y Encantamientos de la AFA, quien alcanzó notoriedad al participar años atrás en la búsqueda de 127 gatos que, según un testigo de identidad reservada, habían sido enterrados en cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata para que jamás lograra ganar un campeonato.
El propio Elfo (que popularizó la famosa frase “aquí hay gato enterrado”) recuerda aquella memorable excavación: “Un ingeniero militar experto en colocación de minas fue el que diseñó la disposición de los gatos (fueron distribuidos en zigzag), por eso fue tan efectivo el hechizo (de hecho, Gimnasia jamás ganó un torneo local)”, señaló. “Había gatos de todas las razas y colores: siameses, de angora, persas, gatos del monte, gatos mediáticos, etcétera”, recordó.
El dirigente, vinculado al mundo mágico, rememoró asimismo que en una oportunidad le tocó combatir un sortilegio muy poderoso en una cancha de la Liga Rafaelina.
“Al arquero local le pasaban incidentes insólitos que terminaban en gol. A veces, se transformaba en una especie de zombi, caminaba hacia dentro del arco con la pelota en las manos y después decía que no se acordaba de nada. Sabíamos que había algo grande, y lo confirmamos cuando desenterramos un tigre de bengala que habían ubicado detrás de uno de los arcos”, relato Elfo.
En otra oportunidad, la búsqueda de “algo enterrado” derivó en una excavación de tal profundidad que se descubrió un gliptodonte fosilizado que hoy se puede apreciar en una de las oficinas del Consejo Federal.
De todos modos, hay dirigentes que le vieron cierta posibilidad económica a las canchas "malditas". Concretamente, piensan en alquilarlas al público adolescente para fiestas de la noche de Halloween, aprovechando la fama de que están embrujadas.
"La idea es que nuestros estadios constituyan una opción a los cementerios abandonados, criptas y demás lugares con glamour que convocan a la juventud en la noche de Halloween", aseguró el directivo de un equipo que lleva 37 fechas sin ganar en su propia cancha, lo cual para él es "un horror".Hubo sin embargo un dirigente que evitó hablar de "canchas malditas" y consideró que el equipo no ganaba de local porque su estadio no tenía "buen Feng Shui", en referencia a la ancestral doctrina china para aprovechar las energías positivas en las construcciones. Los hinchas entendieron mal y casi queman el supermercado chino del barrio. A veces, los malentendidos pueden terminar en tragedia.

