El amargo sabor de la postergación
Más allá del respaldo popular del que ha hecho ostentación, lo mejor que le ha sucedido a Talleres en su paso por el Argentino A ha sido el surgimiento de un puñado de jugadores que germinaron en la peor condición futbolística y humana, en varios casos. Sebastián Navarro, Fabio Álvarez, Guillermo Cosaro, Roberto Moreyra, Ricardo Marín, Juan Aballay, Nery Leyes, Claudio Francés, Nicolás Trulls, Ignacio Prato, Marcos Azcurra, Gabriel Carabajal y Jeremías Zenón fueron algunos de los jugadores que surgieron al cierre del primer y segundo Argentino A, a los que habría que agregar a Ramiro Pereyra y a Agustín Díaz, quienes tenían un puñado de partidos.
Crecieron pese a la falta de competencia afista, la de viviendas dignas en muchos casos (¿se acuerdan de las fotos de la pensión de Ahumada, que reemplazó a la que había debajo de la platea de la Boutique que no tenía los servicios mínimos?) y a las apretadas de algún coordinador que quería hacerles firmar un contrato para el ex gerenciador como casi pasa con Navarro o Aballay.
Ellos y varios más decidieron quedarse, como Álvarez, Trulls y Acosta, quienes fueron tentados para irse a Italia pero se quedaron para vivir el sueño de jugar. O el mencionado Pereyra que quedó libre y le volvió a firmar al club, igual que Navarro.
La falta de oportunidades de los DT (salvo Rebottaro y algo de Coleoni) hizo germinar la idea de irse como hizo Moreyra (se compró su pase y se fue).
Pero varios se quedaron a bancarse el amargo sabor de la postergación, a la espera de que alguien les diga “te voy a dar una oportunidad” o “no servís; andate”. Tras el fracaso de la eliminación pasada, el Fondo pareció contemplarlos cuando se nombró a un comité para armar con el DT un plantel con no más de seis o siete incorporaciones y cuatro del equipo anterior.
Pero la palabra “proyecto” dejó de escucharse con el desmembramiento del comité, llegaron 13 jugadores y los propios volvieron al estado anterior o se fueron (caso Navarro). La Copa Argentina puede ser “la” chance... o la presión de remontar un barrilete ajeno.

