Temas del día:

Al Barcelona hay que disfrutarlo

27 de septiembre de 2011 a las 09:30 a. m.
Al Barcelona hay que disfrutarlo

Barcelona juega en España y eso ayuda. Aquí, afortunadamente, su hermoso juego no inhibe a nadie de elogios ni desborda las pasiones. Al equipo de Messi y de tantos más no se lo ve desde la tribuna sino desde la silla de la cocina, desde la cama del dormitorio o desde el sillón del living.No está mal que eso ocurra. Un juego de tamaña grandeza, tan cerca o más allá de lo que se ha visto hasta ahora en materia de fútbol espectáculo, debe observarse tranquilo, distendido, inclinado hacia la contemplación de cada uno de los detalles por los cuales "el Barsa" será recordado más allá de las décadas y de los siglos.

El fin de semana pasado, produjo otra clase de fútbol. Venció 5 a 0 a Atlético de Madrid. Las respuestas de los medios a su influjo fueron la inmediata alabanza y la catarata de estadísticas que tanto el rosarino como sus colegas, casi todos españoles, rompen ante cada proeza.

Vaya un par de ejemplos: los azulgranas han convertido 18 goles y no han recibido ninguno en su meta en los tres primeros partidos que han jugado en el Camp Nou en el comienzo de la Liga, y “Leo” Messi, con sólo 24 años, está cerca de ser el segundo goleador en la historia de la institución catalana. Acumula 192 tantos, está a dos de Ladislao Kubala y un poco más lejos de los 235 de César Rodríguez, un feroz artillero del mil novecientos treinta y tantos…

Son datos que ayudan a dimensionar el fenómeno pero que no explican lo que esencialmente debe percibirse. Lejos de cuestiones tácticas y de resultados, el mensaje vital del “Barsa” es la insólita respuesta colectiva de toques armónicos, presión constante, pases milimétricos y goles de ballet.

Y la impresionante gestión de un artista que todos los fines de semana genera una obra nueva y que hasta hoy no ha dado signos de agotamiento en su infatigable camino hacia una nueva creación. Arbitrariamente, lejos de todo respeto a derecho, dan ganas de decir que en Messi no hay que perder tiempo en polemizar si juega bien o mal en la selección nacional, si ya es o será mejor que Maradona, si siente o no la camiseta argentina o si alguna vez ganará un título con la celeste y blanca.

Da la impresión, escuchando al soberano, que esa búsqueda no es más que una pretensión de satisfacción individual, una intención solapada de engordar el propio ego. Queremos que Messi sirva a nuestros propios intereses personales. Y que nos haga profundamente felices.

Lo cierto es que el “Enano” crece cada sábado o domingo provocando un nuevo asombro. Hace y deshace con sus compañeros la representación en un estadio que de a poco se va convirtiendo en teatro. Hay un Xavi y un Iniesta; un Cesc Fábregas y un Dani Alves; un David Villa y un Pedro.

Y un Abidal, además de un Puyol, un Sergi Busquets y un Piqué. Y por si eso fuera poco, el mensaje detrás del mensaje nos muestra a tipos tranquilos, alegres, solidarios, comunes. No parece haber peleas ni envidias expuestas bajo el atril de Josep Guardiola.El propósito de Barcelona es hacer una gala sencilla y placentera de 90 minutos en los que los agraciados habitantes del Camp Nou y los cómodos televidentes en países tan dispersos como lejanos pasen un buen momento de sus vidas viendo un partido de fútbol. La recomendación es, pues, la siguiente: hay que mirarlos todo lo que se pueda antes de que se esfumen dentro de la lamparita.