Un blooper en la mezquita
Cuestión de cultura. Kayseri es una de las ciudades más conservadoras de Turquía.
Una periodista argentina se convirtió ayer, sin saberlo, en una aliada ejemplar de la militante feminista estadounidense de origen indio Asra Normani. ¿Quién es Normani? La misma que unos años atrás desafió el impedimento que pesa sobre las mujeres para ingresar a las mezquitas, en lo que ella calificó como un "apartheid de género", antes de acceder a una de ellas, en West Virginia, donde se plantó en el centro del recinto con su madre y una sobrina.
Desde entonces, Normani realiza una campaña en búsqueda del reconocimiento de igualdad de las mujeres musulmanas a rezar en la sala principal de las mezquitas de Estados Unidos.
Ayer, en la conservadora Kayseri, un grupo de periodistas e hinchas argentinos nos tomamos el atrevimiento de ingresar a la mezquita de Kursunlu Camii, construída en 1576. "Si está prohibido, alguien pedirá que nos retiremos", razonó con lógica uno de los visitantes alentado por la proverbial amabilidad y hospitalidad turca. Es que en la mayoría de los países musulmanes, el acceso a las mismas es sólo privilegio de quienes profesan esa religión.
No sin cierto temor, encaramos hacia su interior. Pero ni bien dimos los primeros pasos, uno de los fieles que oraba de rodillas en la antesala de la puerta principal hizo oír su voz de alerta en turco. Era claro que algo andaba mal. Fue allí cuando la colega radial marplatense Florencia Cordero intuyó que el problema era con ella. Con todo respeto, se descalzó, dejó sus zapatos junto a los del resto de los fieles e ingresó.
Tomó fotografías, se retrató delante de los impactantes vitrales y pocos minutos después salió sin ningún problema.
Uno de los fieles, un hombre de unos 70 años, saludó al grupo llevándose la mano al corazón, una señal inequívoca de afecto muy tradicional en Turquía.
Pero un par de pasos más adelante, ya en la salida, comprendimos cuál había sido la razón de nuestra falta. Fue cuando vimos a dos mujeres musulmanas, ataviadas con sus túnicas tradicionales, ingresar a la sala contigua... la de las mujeres. La misma que a Florencia la falta por conocer.