Prigioni, dueño del tiempo y de los tiempos
El cordobés podría dar cursos de paciencia: recién a los 30 años hizo pata ancha en la selección y ahora, a los 34, mueve los hilos de la Generación Dorada. Argentina juega hoy su último amistoso antes del Preolímpico.
Acaso ese acento que mezcla "zetas" españolísimas y "cordobeseadas" típicas sea toda una señal. Un signo de un hombre particular, que recorrió, de manera paciente, caminos laterales, a veces atípicos, hasta llegar adonde quería: al centro de la escena.
Pablo Prigioni, que muchas veces fue actor de reparto o hasta se quedó fuera de algún casting de selección, hoy es protagonista en serio, sin versos: es el base titular, el dueño de los hilos de una Generación Dorada en la cual el riotercerense recién hizo pata ancha a los 30 años, de manera especial, porfiada.
A su modo: como casi todo en su vida. ¿De qué otro modo explicar que un cordobés no haya pensado nunca en jugar en Atenas o que, muchos años más tarde, después del bronce de Beijing 2008, rechazara ofertas de la NBA porque en Europa cobraba mejor y tenía más peso en sus equipos?
“La verdad es que yo fui un poco en la dirección opuesta a todos. La mayoría de los cordobeses intenta probarse en Atenas o jugar en equipos de la provincia. En mi caso se dio al revés: desde muy chico tuve la opción de irme a Ramallo (provincia de Buenos Aires) y nunca sentí prisa de querer jugar Liga Nacional a los 17 ó 18 años. Yo quería jugar para desarrollarme, tener minutos importantes, por más que fuese en una liga inferior”, argumenta Prigioni, quien ayer firmó con el Caja Laboral (ex Tau), para regresar a su gran amor: el equipo con el que más brilló en Europa.
“Jugaba en 9 de Julio de Río Tercero y con 16 años participé de provinciales, pero salió la chance de jugar Liga B en Ramallo y quise dar ese saltito. Después pasé a Belgrano de San Nicolás y salí campeón del TNA, jugué un año en la Liga A y me fui a Obras. Después se dio lo de España. Fui escalón a escalón, sin saltarme ninguno: una proyección ascendente, de manera lenta pero bien segura”, añade.
–En la presentación del Súper 4, después de Ginóbili fuiste el más aplaudido en el Orfeo. ¿Qué significó para vos, que nunca viviste en Córdoba capital y no sos hiperfamoso para el cordobés típico?
–¡Fue muy bonito! Jugar en Córdoba después de tanto tiempo, sabiendo que en la tribuna había un montón de familiares, amigos y gente que conozco fue especial. Intenté disfrutarlo a tope, constantemente: además, sabía adónde estaban sentados mi familia, mis amigos. Incluso vino un tío que no esperaba ver y me saludaba a los gritos. Son cosas que pasan una sola vez en la vida.
–¿Hubo un momento particular que te conmoviera?
–En la presentación, cuando dijeron “de Río Tercero a la selección… ¡Pablo Prigioni!”. Eso estuvo muy bonito. Disfruté mucho también del Himno. Generalmente se me pone la “piel de gallina” cuando empieza el Himno, y ese día se me puso la “piel de gallina” durante toda la canción.
–También disfrutaste en la Plaza de la Intendencia, con el afecto de la gente común.
–Este equipo tiene eso: intentamos estar cerca de la gente. Si vamos a algún lado, vamos encantados y nos entregamos: vamos a disfrutarlo, para que la gente nos vea como a uno más, no como algo lejano. Esas situaciones suman para descubrir cómo son estos jugadores de selección: somos uno más, como cualquier persona que transita una calle.
A los 34, su mejor básquet
–Como cordobés, ¿ni aun antes de irte a España te picó el “bichito” de jugar en Atenas?
–La verdad es que no lo tuve como referencia. Tuve una posibilidad, cuando ya estaba en Europa: salió una oferta para venir, pero preferí quedarme allí, porque quería seguir ascendiendo en la Liga Española. Gracias a Dios que me quedé allí, porque ese año fue un punto de inflexión: fue un quiebre en mi carrera. En la temporada siguiente, la 2001/02, pasé del Fuenlabrada al Alicante, en la Segunda División y fui dirigido por Julio Lamas: ascendimos a Primera y desde ahí, toda mi carrera fue hacia arriba.
–¿Cómo dimensionás lo que vino luego? Ganaste todo con el Tau, inclusive rechazaste ir a la NBA y te diste el gustazo de jugar en el Real Madrid.
–Estoy muy satisfecho de cómo han ido las cosas. Hay jugadores que están en el primer nivel a los 18 ó 19 años y después, a los 27 ó 28 empiezan a caer. Yo fui subiendo muy despacio y todo lo que conseguí lo hice en base a mucho esfuerzo y paciencia. Y hoy me encuentro, con 34 años, jugando el mejor básquet que tengo. Llegué a lo máximo que mis piernas me podían dar. Exploté mis cualidades al máximo. No soy un talentoso ni un portento físico, pero creo que todas mis habilidades las he llevado al límite y me han permitido llegar al máximo que yo podía llegar: jugar en Europa, ser un jugador importante, conseguir títulos, lograr menciones y premios individuales. He trabajado mucho y he tenido la paciencia y la dureza mental de no aflojar nunca.
–Pablo Laso, DT del Real Madrid, pasó por Córdoba y dijo que te quedan muchos años de carrera. “No sólo lleva el baloncesto en el cuerpo, sino en la cabeza”, te elogió.
–Pablo ha sido un grandísimo jugador: ha jugado muchos años en la Liga Española y ha sido un base “dirigente”, que hacía jugar a sus compañeros. Él valora mi básquet y mi mentalidad: me ha visto desarrollarme y crecer, porque es de Vitoria (de allí es el Tau). Sabe que todo lo que he conseguido me ha costado mucho y sabe cómo pienso y cómo siento el básquet. Y que él hable cosas de mí me hace sentir muy bien.
Paciencia, paciencia...
–Subrayás que todo te costó mucho. Inclusive tu llegada a la selección fue atípica: con “Pepe” Sánchez y Montecchia por delante, tardó en generarse un lugar para vos.
–¡Sin dudas! Tuve que tener paciencia también en eso. Pensaba en el alto nivel que tenía en mi equipo y me sentía que podía estar en la selección. Y por momentos no me lo podía creer. Pero el enorme respeto que tengo por Alejandro y por “Pepe”, y por lo que estaban haciendo, hacía que fuera fácil resignarse y disfrutarlos a ellos. Tuve paciencia y esperé mi momento. Y mi momento llegó, aunque no fue fácil entrar a este grupo a los 29 años y con mi personalidad.
–Encima, tu Mundial 2006 no fue bueno. ¿Qué clic se produjo para adueñarse del puesto desde 2007? ¿Fue psicológico, táctico, deportivo?
–En el Mundial 2006 venía jugando como titular y consiguiendo títulos con el Tau e ir a la selección y asumir un rol muy distinto, jugando pocos minutos, fue difícil. Lo intenté, pero no estaba cómodo. Traté de ayudar desde afuera, alentando desde el banco, pero era muy raro para mí. Fue difícil. Al año siguiente, con la renuncia de “Pepe”, quedó la posición vacía y ahí sí me sentí como en mi equipo: tenía las mismas responsabilidades, el mismo tiempo en cancha. A partir de ahí empecé a ofrecer lo mejor de mí en la selección.
–Ahora se da la situación inversa: vas a tener más minutos y “Pepe” tendrá un rol acotado. ¿Lo hablaron para que ninguno se sienta incómodo?
–Lo ha dejado en claro Julio (Lamas, el DT) con la prensa y dentro del equipo. Y también lo hizo “Pepe”, después de la convocatoria. Me quedo con ese gesto de “Pepe”, que me habló y me planteó: “Pablo, yo puedo darte un relevo de garantía”. Ahí “Pepe” marcó una línea que habla de lo que es como persona, además de ser un enorme jugador.
–Más allá de ese gesto, ¿cómo se da la relación en las prácticas, en los juegos? ¿Sentís que ninguno de los dos está “atado” ni contenido?
–Podemos jugar tranquilamente los dos, cada uno en su rol. Y lo vamos a demostrar en el Preolímpico. Entre los dos vamos a poder cubrir las necesidades del equipo. Y veremos qué pasa con “Juampi” (Figueroa), porque creo que está en condiciones de quedar entre los 12 y que algunos minutos suyos puedan servirle al equipo y a él en lo personal.
–El Preolímpico es muy particular: muchos partidos hasta llegar al día clave, el 10 de septiembre, en el que hay que ganar sí o sí esa semifinal. ¿Cabe en tu cabeza que las cosas puedan salir mal en esa “semi”?
–Todos sabemos cómo es el formato y que ese día tenemos que estar en la mejor condición. Sabiendo eso, tenemos que hacer cada día el mejor partido que podamos. Si vamos a los tumbos hasta allí, va a ser difícil tener garantías. Pero si hacemos un torneo sólido y venimos jugando bien y además sentimos que estamos jugando bien, va a ser difícil que fallemos ese día. Si esperamos a dar lo mejor en los últimos dos juegos, eso sí es peligroso.
–Scola dijo “No sé de qué despedida hablan” y Lamas resalta que más allá de algunas ausencias, la Generación Dorada puede seguir hasta el Mundial 2014. ¿Hasta dónde sentís que se estira el hilo?
–Eso lo dirá la condición física de cada uno, las decisiones del entrenador y las de cada uno, porque tal vez alguien se quiera abrir y sienta que ya no está para jugar. O que ya se acabó su ciclo en la selección. No podemos ser ajenos a todos esos comentarios: ni los de la prensa ni los que hay alrededor del equipo. Pero hoy por hoy estamos concentrados en el Preolímpico. Y luego, si todo va bien, estaremos pensando en Londres. Se va a dar año a año y ojalá sea una salida escalonada y que el equipo no lo note. Que ocurra del modo más natural.