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Nicolás Zurschmitten, el pibe de Atenas que tiene un sueño dorado

Un producto de la cantera de Atenas. Es base, tiene 17 años, y el miércoles fue figura ante Boca, en su tercer partido de Liga Nacional. Juega con oficio de veterano y quiere llegar a la NBA.

23 de noviembre de 2012 a las 08:51 a. m.
Nicolás Zurschmitten, el pibe de Atenas que tiene un sueño dorado
Nicolás Zurschmitten, la revelación de Atenas. (Foto: Ramiro Pereyra)

Lleva apenas tres partidos en Atenas y tiene 17 años. Su nombre, Nicolás Zurschmitten, no es de los más fáciles de recordar, pero seguramente su apellido se convertirá pronto en muy familiar. Porque ya empezó a hacer ruido y a anticipar un futuro venturoso. Antenoche, ante Boca, en el televisado nacional, la "rompió" (anotó 10 puntos, dio dos asistencias y tomó un rebote en 17 minutos) y hasta recibió la distinción al mejor jugador de la cancha junto a otro "atrevido": Bruno Colli. Juega de base, mide sólo 1,82, pero sus convicciones son gigantes.

"Cuando descubrí la vida del jugador profesional, dije 'esto es lo que quiero para mí'. Tengo los pies sobre la tierra y vengo trabajando hace mucho para conseguirlo. Esto es el comienzo de algo que espero sea largo y bueno", dice Nicolás, dueño de una gran personalidad dentro de la cancha y fuera también.

–Cuando entrás a la cancha, ¿sentís que podés llevarte el mundo por delante?

–Realmente sí. Siento mucha confianza en lo que sé hacer y en lo que puedo hacer. No me importa el nombre de quien tenga adelante ni dónde esté jugando. Siento que puedo hacer lo mío en cualquier lugar y ante cualquier tipo de condiciones. Me da lo mismo jugar en la Sub-17 que en la Liga Nacional. La confianza es la misma.

–¿Cuál es tu meta?

–Llegar a lo más alto que pueda.

–¿Y soñaste algo en grande?

–Sí, jugar en la NBA. Pero vivo tranquilo, el día a día y mejorando todo lo que más puedo.

Por un volante...

Estudió hasta cuarto año en la escuela García Faure y empezó a jugar al básquet gracias a un folleto promocional de Instituto que cayó en sus manos. Pero a los seis años se incorporó a Atenas “porque es sinónimo de básquet”. Allí tuvo en Juan Pablo Mascaró y Martín González a sus primeros maestros.

“Yo le prometí a mis padres (Ricardo y María Eugenia) terminar el secundario. Y lo voy a hacer de alguna u otra forma, porque siempre me dieron todo y me apoyaron en esto de no ir más al colegio para que pueda jugar al básquet”, dice convencido. Sobre su futuro, se imagina viviendo del deporte, pero si tuviera que ganarse la vida de otra cosa, “podría ser visitador médico”.

–¿Sos disciplinado?

–Antes no. Por ahí faltaba a entrenar, pero ahora sí soy disciplinado y le dedico mucho tiempo a esto. Me gusta salir con mis amigos, pero siempre tengo en cuenta lo que me dice mi técnico, Martín López, sobre que tengo que vivir una adolescencia diferente al resto. Puedo hacer algunas cosas, pero no todas, porque sino el cuerpo no me va a dar.

–¿Cuál es tu fuerte?

–El traslado de la pelota, la penetración, la descarga y la asistencia. No tengo mala efectividad en el tiro, pero no es mi mejor característica. Creo que cuando me propongo defender lo hago bastante bien. Me gusta el juego rápido.

Apenas lleva tres partidos y está escribiendo los primeros “palotes” de su historia en el básquetbol. Son muchos los chicos que, con 17 años, prometieron más de lo que concretaron. Zurschmitten es, por ahora, sólo una promesa, por más que uno, contagiado de su entusiasmo, sus ganas y su desfachatez, tenga la certeza de estar frente al chico del futuro.

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