Néstor Suppi: Todavía vivo del básquetbol
Cambio de rumbo. El ex jugador de Redes, River y la selección cordobesa hoy es programador de IBM y vive de la renta que le dejó el deporte. Mirá el video.
Hoy es simplemente otro rostro en la multitud. "Sólo me saludan los conocidos", se ríe Néstor Suppi, una de las últimas figuras que dio el básquet cordobés anterior a la Liga Nacional, la competencia que le llegó en la madurez de su carrera en Asociación Española y River Plate, cuando la explosión del fenómeno liguero estaba, todavía, en estado embrionario. "Eran otros tiempos. Yo llegué a Córdoba a estudiar arquitectura (nació en Santa Elena, Entre Ríos) y arreglé con Redes Cordobesas a cambio de que me dejen cenar en el club. Con el tiempo pude exigirle algo más al básquet y en mis mejores años llegué a cobrar 30 mil dólares anuales, una cifra que, por ejemplo, es lo que hoy gana por día Emanuel Ginóbili", compara sin reproche, sobre todo porque considera que le dio mucho de lo que hoy tiene. "Trabajo en IBM (en Buenos Aires), porque me especialicé en mis años de jugador en la Universidad Blas Pascal y tengo rentas de algunas propiedades adquiridas gracias al deporte. No estoy ligado directamente, pero puedo decir que todavía vivo del básquetbol", fundamenta el entrerriano, hoy con 51 años.En 1987 integró la preselección argentina que dirigía Flor Meléndez y con compañeros como Héctor Campana, Carlos Romano, Jorge Faggiano, Héctor Haile, Marcelo Richotti y Esteban Pérez. "Me bajé solo, porque supuse que no iba a quedar en la lista definitiva", recuerda hoy sin vueltas.–¿Cómo vivís el básquetbol hoy?–Extrañándolo un montón. De vez en cuando me doy una vuelta por Obras y, cuando estoy por Córdoba, veo a Atenas. Me entra una nostalgia enorme, porque echo de menos jugarlo. Lo hago con los veteranos, pero no es lo mismo, cuesta. Más que todo lo hago en Buenos Aires, cuando el trabajo me lo permite. A veces hasta voy a tirar al aro solo. Me costó mucho el día después del retiro, porque tuve que acostumbrarme de un día para el otro a cambiar todo. Me costó hasta asumir las libertades que como ex jugador podía darme. Abandoné con 34 años y creo que podría haber seguido un par de años más. Dejé porque quería terminar con eso de trasladar todos los años a mi familia a un lugar distinto. Hoy entiendo que fue algo prematuro, pero privilegié lo familiar. Me ayudó no haber estado ligado exclusivamente al básquet, porque tenía otros intereses.–No llegaste a la típica, "¿y ahora qué hago?"... ¿Ganaste algo con el básquet?–El básquet me está dando plata todavía. Tengo algunas propiedades que compré gracias al básquet y hoy todavía me dan plata, eso es vivir del básquet (se ríe). Con mi cargo de programador seguramente nunca las hubiese podido comprar. Cuando la Liga Nacional empezó a pagar bien yo ya tenía 28 años y solamente agarré tres o cuatro años buenos (su última temporada fue la de 1990). Con cinco años menos, hubiera hecho una diferencia. –¿Qué extrañás de básquet?–Por ejemplo lo que estoy haciendo en este momento con vos: estar sentado en la Venezia o en Titorchos hablando de básquet... Extraño esa gente que ya no está más, el club mismo, el barrio... Vi todo muy cambiado, pero con el mismo espíritu. Jugué casi 10 años en Redes y vivía al frente. El club era mi casa. ¡Qué lindos recuerdos!

