Kyle Lamonte, “la Cobra” del nuevo Atenas
Atenas. La barba, los auriculares y la máscara, su “princesa Mariposa”, el cuarteto y Campazzo. ¿Quién es Lamonte, la figura en el debut victorioso?
"Quise hacer todo de golpe, por eso mis primeras jugadas no fueron del todo felices", dice Kyle Lamonte sobre su debut del lunes con la camiseta de Atenas, que a la postre lo tuvo como goleador y factor clave en la reacción y el triunfo.Padecido por la hinchada griega cuando el escolta lastimaba con sus ofensivas en las finales frente a Peñarol en un Orfeo repleto, "la Cobra Negra", como lo bautizaron en la Mar del Plata donde terminó siendo ídolo, o "el Monstruo", tal como lo apodaban en Brasil, Lamonte ayer se paseaba en la sede del club como uno más de los cientos de pibes que diariamente le ponen energía y bullicio "basquetbolero" al histórico club.
Ríe mucho, aunque su porte muestre seriedad. “Soy todo un profesional. Mi familia y yo vivimos de esto y si bien fui un ídolo en Peñarol y será extraño jugar contra ellos, mi trabajo es en Atenas, donde quiero ser campeón”, le dice a Mundo D, mitad con su castellano básico y otra mitad gracias “al Pitu” Rivero, devenido en traductor.
Poseedor de un ataque temible, Kyle no duda en afirmar que salir campeón en cualquier lado "es el objetivo". "Es una presión estar en este club que necesita ganar, pero me gusta la presión. Es una presión linda y eso me sienta bien", desafía.
Dueño de un talento que lo llevó a ser drafteado en 2008 en la NBA, Lamonte reconoce que nunca se enfocó únicamente en esa posibilidad. “Era un hombre joven, que recién terminaba los estudios. Logré dedicarme a esto y cambié mi mentalidad cuando tuve esposa y dos bocas pequeñas para alimentar”, cuenta el jugador de 31 años, padre de Kyle Junior, de 9 años, y Kaila, su “princesa Mariposa”, de 8. Ambos en Davenport (Iowa) de donde es oriundo.
Rasta particular
De look rasta, el jugador niega que el estilo de su pelo se deba a algo en particular. Aunque su barba sí, ya que profesa la religión musulmana.
A Lamonte es habitual verlo con auriculares. Antes de cada partido “y para ganar energías”, escucha a Young Spankky & Pay Puh, raperos que son nada más y nada menos que sus hermanos. “Siempre los escucho porque me dan su apoyo. Ellos creen que soy un buen jugador y para mí son los mejores raperos”, dice.
Además en las prácticas se lo ve con una máscara tipo "antigases" que utiliza para exigir sus pulmones. "Es como entrenar en lo más alto de una montaña", explica.
De paso por decenas de clubes de Argentina, Brasil, Uruguay, Turquía y Lituania, Kyle elige jugar en Sudamérica, donde “hay un ambiente muy agradable y de pasión”, pues en otros destinos como en el Pieno Zvaigdes de Lituania (antes de Baurú y Atenas), no logró adaptarse “a una ciudad pequeña y a un club poco profesional”.
Gustoso del asado (menos el de cerdo, por su religión), Kyle desconoce el cuarteto. “Sólo la cumbia”, se ríe el egresado de la carrera Manejo y Administración de Instituciones Deportivas, actividad a la que piensa dedicarse para ayudar a los más chicos. “Cuando pueden salir por el mundo”, aclara.
Es amigo de Facundo Campazzo, con quien se comunica a menudo (no sabía que era de Córdoba). “Lo conocí con 17 años y no creía que sería el gran jugador que es ahora”, admite y confiesa entre carcajadas: “En el uno contra uno siempre le gané yo”.