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Generación Dorada en Londres: sin bronce, pero en la historia grande

Argentina remó desde abajo ante Rusia y tuvo la chance de definirlo en el cierre, pero Shved clavó un triple desestabilizador y dejó al equipo de Lamas sin el bronce, que hubiese sido el cierre perfecto para tres Juegos Olímpicos de ensueño.

13 de agosto de 2012 a las 11:45 a. m.
Gabriel Rosenbaun
Generación Dorada en Londres: sin bronce, pero en la historia grande
Scola no encuentra consuelo tras la derrota que los dejó sin medallas (Foto: AP).

Hasta que la Generación Dorada empezó a correr las fronteras de lo posible, Argentina vivía de recuerdos. Era pura nostalgia por un pasado glorioso pero demasiado lejano.

Y de pronto, esto: un quiebre tan único y tan abrupto que, con los Juegos aún latiendo, un cuarto puesto olímpico deja gusto a poco, porque los recuerdos, renovados, están fresquitos (oro en 2004 y bronce en 2008), y parece mentira que otro podio haya estado tan cerca y se escape así, de ese modo.

La historia, está claro, absolverá de todo remordimiento a éste, tal vez el equipo más grande que hayan dado los deportes colectivos de nuestro país. Parece una paradoja, pero si hay algo que cambió para siempre con este grupo que cinceló su historia a fuerza de triunfos imborrables (a excepción del Mundial 2010, estuvo en “semis” de todos los torneos grandes que jugó desde 2002), es la forma de medir los resultados.

Saber que la grandeza no cabe en un marcador. Que no es posible pensarla de ese modo. Así de simple. Para Argentina, el bronce era su oro. Era lo más alto a lo que podía aspirar. Por eso duele así el 81-77.

Porque estuvo a segunditos de hacerlo realidad. Pero Rusia, que la tenía estudiadísima, supo cómo desnudarla. Le arrebató esa medalla que parecía un cierre perfecto para un guión armado a medida.

Los rusos sabían cómo limitar al equipo albiceleste. David Blatt, el entrenador de los europeos, armó una telaraña para que Scola se sintiera un león enjaulado e impotente en la zona pintada.

Obligó a que el equipo de Julio Lamas jugara a lo que podía y no a lo que quería, tirando muchísimo desde el perímetro (intentó más triples que dobles).

Pero el corazón argentino fue y será grandioso: y cada vez que una estocada rusa parecía voltear la estantería (el base Shved estuvo más cerca de lo que es capaz de dar que de lo que venía mostrando), aparecía una seguidilla de puntos “milagrosos” que emparejaba todo, de tal manera que el descanso encontró a los rusos apenas dos puntos arriba (40-38).

En el tercer cuarto, la cuesta se hizo empinadísima. Rusia sacó 11 (61-50) y el cielo se nubló. Ahí apareció el solcito: doble de Ginóbili más adicional por falta, libre de Scola y triplazo del cordobés Campazzo para quedar a cuatro (57-61).

El cierre fue auténticamente de locos. Argentina, que estuvo 66-71, infló el pecho y se puso 72-71, con un triple de “Manu” con un pase gol inolvidable de Nocioni.

En el último minuto, Fridzon metió dos libres (76-75), Ginóbili hizo una genialidad (77-76) y Shved, un demonio con camiseta rusa, clavó un triple que dolerá por largo tiempo. Nocioni, como en “semis” del Mundial 2006, falló el triple que podía cambiar la historia. “Manu” robó la bola a 9 segundos y Prigioni, que buscaba la heroica, pareció caer tocado por Fridzon. No hubo pitazos y el bronce se fue junto con la última contra rusa. Igual, está dicho: el tiempo pondrá a este equipo donde se merece: entre los más grandes de la historia.

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