Generación Dorada en Londres: la derrota de un equipo, la victoria de una revolución
Argentina no pudo conseguir la medalla de bronce en el básquet. La caída ante Rusia caló hondo en la Generación Dorada, pero Manu Ginóbili sacó la cara por sus compañeros en el que pudo haber sido su último partido en la selección.
La Generación Dorada parece destinada a cambiar el deporte argentino. Ejecutores de una revolución pacífica, y capitaneados por Emanuel Ginóbili, han logrado que los resultados sean una parte pero no el todo.
Ellos dirán, como ayer, que el legado y la historia hoy no pueden considerarse porque la amargura de una derrota es más fuerte. Pero haber caído 81 a 77 ante Rusia en los Juegos Olímpicos, paradójicamente, volvió a mostrarlos como algo más que jugadores de básquet. Como un equipo trascendente y victorioso.
“No hay en el mundo atleta que gane más veces que las que pierda. Es así. Nos costará dormir, pero es bueno perder con dignidad”, dijo “Manu” en una conferencia de prensa rara, pesada, inolvidable.
El bahiense, con los ojos hinchados, habló para los libros. Y a pesar de que estaba abstraído, con su cabeza apoyada en su mano derecha y con la mente en otra parte, parecía haber reflexionado años sobre lo que habían vivido. La selección argentina acababa de perder ante la rusa por la medalla de bronce y la amargura podía olerse, pero Ginóbili jamás cae. "Manu" parecía un médium. Cuando callaba, miraba hacia la pared blanca de la carpa de conferencias y volaba lejos; pero cuando le hacían una pregunta, se reponía y respondía con frases profundas y conmovedoras, como si por su boca hablara el deporte del mundo.
"A los niños les digo que a veces se pierde y otras se gana. Es así. Supimos perder y podemos mirar a la cara a todo el mundo", diría en otro momento de la ronda.
“Sabemos lo que hemos logrado. Que fueron 10 años muy importantes y que un partido no lo cambia. Pero queríamos la medalla”, reconoció. Supieron perder los argentinos en Londres. A pesar de la falta que recibió Pablo Prigioni sobre el final del partido, cuando Argentina caía por dos puntos. Supieron frenarse a tiempo cuando el árbitro se “tragó” el pito y no dijo nada. Los jugadores se enojaron por el fallo, fueron a protestar pero no hubo desmadre.
Entonces, “Manu” los convocó rápidamente (incluso agarrando a alguno de la mano), los juntó en el centro de la cancha y les habló. Sus palabras quedarán entre los 12.
Pero inmediatamente todos saludaron al público y dejaron la cancha. Ginóbili se desmarcó como pudo de las entrevistas televisivas de rigor. Estaba quebrado y no tenía ganas de caretear. El bronce hubiera sido el oro para la Argentina y una derrota así, sobre el final, hizo la pérdida "una puñalada en el alma" (como dijo Carlos Delfino). Salieron todos los jugadores con una bronca supina, imposible de esconder.
Fajados en dosis máximas, con los cuerpos llenos de marcas rojas por el trato con los rusos. El partido había sido bravo y por momentos, imposible para los de la Generación Dorada.
El rival mostró su cara brava y a un tremendo Alexey Shved que jamás estuvo al alcance. Pero el equipo más importante de Argentina en los últimos 15 años no ha llegado al Olimpo mundial por rendirse en las más difíciles. Por eso llevó el choque hasta el final “luchando” (esa fue la palabra que usó Julio Lamas, el coach) y estuvo muy cerca de conseguir el bronce, que hubiera sido la tercer medalla consecutiva.
"Lo teníamos y se nos escapó. Hay que felicitar a Rusia. Se lo mereció. No perdimos el partido en esa decisión arbitral. Uno se calienta por esa última jugada pero no lo perdimos ahí. No es culpa de los árbitros. Sencillamente, no jugamos bien. El básquet es un deporte justo", agregó Luis Scola, sentado junto a "Manu".
¿Se va Manu?No por nada todo el mundo sentía la tensión en el North Greenwich Arena, ese enorme estadio conocido como el O2. El de ayer pudo haber sido el último partido de Ginóbili en la selección argentina.
"Quién sabe –se preguntó Lamas–. No lo hablé con él ni con nadie. Pero si así lo decide, sólo habrá que decirle gracias. Es uno de los más grandes jugadores Fiba de todos los tiempos". Manu siguió hasta el final, aguantando estoico las preguntas.
“Me cuesta mucho pensar hoy en el legado o en la historia del equipo. Hoy siento que no pudimos ganar la medalla...”, volvió a decir y a los pocos minutos todo había terminado. A pesar de sus palabras antes de los Juegos, muchos creen que no está seguro de dejar la selección. Que al menos analizará jugar el Mundial de España en 2014.
"Esto no fue una despedida", aclaró Scola, que parece decidido a tirar del carro si Ginóbili se va. Será difícil, pero Luis está hecho de la misma madera. Hechos de un material noble que logró, nada menos que en Argentina, convencer a muchos que siempre habrá más derrotas que victorias. Como la de ayer, que les dolió como ninguna otra, pero que los mostró como siempre.