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Facundo Sucatzky, otro “loco” que dijo adiós

Luego de 25 años al máximo nivel, el base santafesino decidió colgar las zapatillas y ya piensa en ser entrenador.

22 de mayo de 2014 a las 01:21 p. m.
José Artaza
Facundo Sucatzky, otro “loco” que dijo adiós
Sucatzky, otro “loco” que dijo adiós. (Foto: Facundo Luque)

Al tipo se lo ve feliz, pese a que decidió retirarse de las competencias del deporte de toda su vida, ese deporte que sigue amando. Hace cuatro meses que Facundo Sucatzky tomó "la" decisión, aunque al verlo y al oírlo parece que el abandono no lo ha sacudido en lo más mínimo.

Luego de 30 años de entrega total a su pasión basquetbolera, el santafesino nacido en Ceres resolvió que su tiempo con los “cortos” había concluido. Ahora se mezcla con otros padres que llevan a sus hijos a practicar algún deporte.

Precisamente, al momento de la charla con Mundo D, Facundo estaba en el club La Tablada, acompañando a su hijo mayor Thiago, quien juega ahí al rugby desde hace un año y que alterna con el básquet en Atenas desde hace tres.

Con 42 años recién cumplidos el pasado 9 de abril, este “petizo odiado” en Córdoba a fines de los ‘90 –cuando hacía de las suyas ante Atenas en inolvidables choques contra el Independiente de General Pico de los “Chapu” Nocioni, Melvin Johnson y compañía–, afronta su nueva etapa con una tranquilidad y satisfacción sorprendente.

"No extraño nada. En estos cuatro meses no tiré un tiro al aro y eso que hace dos meses que voy a Instituto a ver las prácticas de Arduh", contó Facundo.

“No extraño nada. En estos cuatro meses no tiré un tiro al aro y eso que hace dos meses que voy a Instituto a seguir y aprender de las prácticas de Osvaldo Arduh (el entrenador de la Gloria)”, cuenta.

Dueño de un movimiento tipo “latigazo” para asistir a un compañero (tiene el récord de 19 pases gol en un partido y durante 10 años fue el mejor pasador de la Liga Nacional), Sucatzky fue además uno de los cultores del pick and roll, aprendido y “copiado” en gran parte luego de consumir horas de videos con los movimientos del gran base canadiense Steve Nash en la NBA.

"Viendo y escuchando se aprende mucho", aconseja el exjugador, quien además de observar a los mejores en su posición, rescata las largas charlas en el micro con el mismísimo León Najnudel, pilar fundamental para la creación de la Liga Nacional. "Yo era 'pendejo' y como no me gustaba dormir y a él tampoco, le preguntaba y le hablaba de todo. Era una diálogo muy frontal, como si no hubiera diferencias de edad", recuerda.

–¿Qué recordás de Najnudel?–Con León estuve dos años. Yo tenía 17 y no me olvido nunca con la simpleza que trataba al jugadores: nada lo sacaba de su lugar. Tengo presente cómo manejaba el equipo, cómo le daba participación a todos en la medida que entrenaban, a todos de la misma manera.

Pasado, presente y futuro

Casado con una cordobesa (Virginia), a quien conquistó en su primer paso por Atenas (2003/04), y padre de tres nenes (Thiago, Tiziano y Theo), Sucatzky no avizora otro destino más que seguir ligado a la actividad, aunque ahora desde el otro lado de la línea.

“Tengo hecho el curso de entrenador, que este año debo revalidar”, cuenta. De hecho, ya le hicieron sondeos para integrar el cuerpo técnico del Blumenau de Santa Catarina (Brasil), donde jugó por última vez. “Después de jugar 30 años no es fácil encontrar que te guste otra cosa. Amé jugar, ahora quiero ver si amo ser técnico”, confiesa.

“Nunca fue una aventura. Siempre soñé con ser un jugador de básquetbol. En Ceres jugaba al básquet y al fútbol, pero cuando llegué a Rosario tuve que optar. Por suerte mi familia se mudó cerca del club Provincial, donde pude debutar en Liga Nacional a los 16 años”, recuerda. Dos años después, con 18, pasó a San Andrés: “Me vio en un partido (Guillermo) Vecchio y me llevó a Buenos Aires, donde puedo decir que empecé a jugar profesionalmente”.

–¿Qué jugadores te han sorprendido en tu carrera?–He jugado con muchos y de renombre, pero los que me sorprendieron, por todo lo que dieron, son tres. En el puesto de 3 (alero), el mejor de la historia para mí fue Esteban De la Fuente: hacía de todo sin anotar un punto. También jugué con Hernán Montenegro, un ser especial: era increíble con la facilidad que jugaba y, además, era un libro abierto en experiencia. Y en el puesto de 2 (escolta), aunque que lo agarré en la última etapa de su carrera, elijo a Héctor "Pichi" Campana, un ganador nato, que gracias a él, ya con 40 años, obtuvimos la Liga Sudamericana 2004 con Atenas, en Brasil.

–¿Y la selección?–Estuve en distintas etapas, con Julio Lamas y Rubén Magnano. Siempre hubo buenos armadores y cuando pude hacer "pata ancha", al llamarme Rubén para el Premundial de Neuquén, me lo impidió una pubalgia y no pude volver. Pero siempre fui cuando me llamaron y siempre fui feliz en la selección argentina.

–¿Qué jugador te gusta hoy en tu puesto?–"Facu" Campazzo es un base que me llena los ojos. También "Nico" Laprovittola, que la está rompiendo en Flamengo de Brasil. Y no muchos más. Para mí, antes había un mejor nivel: en mi camada estaban Alejandro Montecchia, Lucas Victoriano, "Pepe" Sánchez, "el Cabezón" Milanesio y Marcelo Richotti. Había más competencia. Yo creo que ahora los jugadores son más amigos, se saludan más, no hay esa rivalidad de verdad que antes había.

–¿Qué recuerdos tenés de tu paso por Atenas?–Cuando llegué, se me puso la piel de gallina al ver "el Poli" Cerutti con tantos títulos y notar el respeto que imponía. Pero en los tres primeros meses me sentía contenido, como cuando vas a clases y tenés que demostrar todo el tiempo. Un día, charlando con Diego Osella y Marcelo Milanesio, me dijeron: '¿Por qué no jugás como sabés?'. Ahí cambió el chip: volví a ser yo y la gente hizo un cambio hacia mí. Tal vez tendría que haber seguido, pero como intenté irme a Europa (estuvo practicando en un club polaco) y al no salirme el pasaporte, tuve que ir a otro club (Obras).

–¿Imaginás poder dirigir el Griego en el futuro?–Atenas es una casa, mi hijo juega en Atenas y voy todos los días al club. Tengo un gran respeto por "el Felo" Lábaque y los dirigentes, porque siempre me han tratado bien. Por ahora me sigo preparando. Después el tiempo y el destino dirán.

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