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De lujo: ganarle a Brasil y con un tiro de mitad de cancha

En 1934, la selección argentina de básquetbol obtuvo su primer título oficial de la mano de dos jugadores de Belgrano. Y en el duelo con Brasil, uno de ellos anotó un doble de antología.

12 de agosto de 2016 a las 05:36 p. m.
De lujo: ganarle a Brasil y con un tiro de mitad de cancha
Bruno Verzini y Santos Giannuzzo, el segundo y el cuarto de los parados.

La historia del deporte argentino está jalonada de sucesos épicos en los que varios cordobeses tuvieron participación decisiva. Muchos de ellos son bien conocidos, pero también existen otros que, con el tiempo, fueron engrosando el archivo del olvido. Dentro de estos últimos está el tercer Campeonato Sudamericano de básquetbol de 1934, cuando la selección argentina logró su primer título internacional de la mano de dos notables basketers de esta provincia: Santos Giannuzzo y José Bruno Verzini, dos valores del Club Atlético Belgrano que, además, integraban los planteles de fútbol del club de Alberdi.

La Confederación Argentina se preparó con todo para organizar y ganar ese certamen, disputado en el estadio del Luna Park de Buenos Aires, que por entonces no tenía techo ni la majestuosidad que fue adquiriendo posteriormente. Y dentro de ese contexto, el duelo con Brasil, en el inicio del torneo, tuvo todos los requisitos de esos partidos que alimentan la rivalidad y con definición soñada.

Argentina vestía por entonces una camiseta blanca con vivos en "v" de color negro y azul, pero en ese debut ante los brasileños, salió al campo de juego con remera morada para evitar confusiones. El primer compromiso del equipo local fue bastante complicado, porque los brasileños fueron adelante del marcador durante casi todo el juego. Al cabo de la primera mitad, los visitantes ganaban 12 a 9, pero en el complemento fueron distanciándose cada vez más: 20-11 y 24-13, a poco del final. Cuando la derrota parecía consumada, una espectacular levantada del equipo argentino le permitió revertir su suerte.

Brasil mantuvo la delantera hasta la última jugada (25-24), pero llegó el milagro a sólo cinco segundos del cierre. "Ya casi sobre la finalización del partido, los locales alentados por el público se lanzaron desesperadamente al ataque, y en uno de sus numerosos avances, Giannuzzo, desde la mitad del campo, ensayó un tiro largo, con pleno éxito, ya que al marcar el doble dio la victoria a su cuadro por la mínima diferencia", publicó La Nación en su edición del 14 de abril de 1934. Argentina ganó 26 a 25.

Argentina campeón

Después de superar a Chile con relativa comodidad (43 a 26), Argentina enfrentó al bicampeón, Uruguay, y Giannuzzo –convertido en ídolo por la afición– protagonizó un serio altercado con la figura visitante, Gómez Harley, por lo que el juez chileno Erasmo López los expulsó de la cancha. Los uruguayos se retiraron de la cancha en protesta por el arbitraje, cuando faltaba 1m 30s para el final de la primera etapa y Argentina ganaba 13 a 8. Los uruguayos se retiraron del certamen y despejaron el camino al título para el equipo argentino. Dos nuevos triunfos en los cotejos de revancha (29-25 a Brasil y 35-20 a Chile) confirmaron el vaticinio y Argentina pudo darse el gusto de dar su primera vuelta olímpica.

Selección argentina de 1934: a la derecha aparecen los cordobeses Giannuzzo y Verzini. Se trata del plantel campeón de aquel torneo.
Selección argentina de 1934: a la derecha aparecen los cordobeses Giannuzzo y Verzini. Se trata del plantel campeón de aquel torneo.

Santos Giannuzzo (nacido el 18 de abril de 1912 y fallecido el 2 de marzo de 1975), jugaba en Belgrano junto a sus hermanos Juan Tránsito y Víctor Manuel. Era back (defensor), en una época en que éstos rara vez se sumaban a los movimientos de ofensiva. Es por ello que durante el Sudamericano sólo anotó siete puntos, incluyendo aquel poco ortodoxo doble desde mitad de cancha ante Brasil (todavía no existían los triples), cuando tiró la pelota con las dos manos sacándola desde la altura de las rodillas.

Los Giannuzzo tenían una empresa constructora de caminos y recorrían toda la provincia. Santos manejaba el taller, porque sólo había cursado hasta segundo grado y desde los 10 años lo llevaron a trabajar con su padre.

Era un apasionado del básquetbol y a donde iban jugaban. Y si no había una cancha, la hacían. Su hija, Ana María, recordó hace unos años, en diálogo con La Voz del Interior, que además era muy bueno para las piñas: "Medía 1,87, era grandote, y recuerdo que cuando íbamos al corso de San Vicente con un grupo de mujeres, siempre había alguna que decía: \'Ay, Santos, un negro me tocó el c...\' y empezaba la repartija. Pegaba y después se disculpaba. Jugó hasta los 48 años y terminó su carrera en el Córdoba Sport".

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