Ameghino lo hizo: Villa María está de regreso
Gracias a su consagración en la Liga Cordobesa y a su clasificación al Federal, un equipo de esa ciudad vuelve a la competencia nacional después de 28 años. Abel Aristimuño habló del éxito de un largo trabajo.
Ya pasaron los festejos y en Ameghino casi que pinta como para apagar las luces después de una de esas noches que jamás se olvidan, pero él anda por ahí, con ganas de estirar ese momento hasta el infinito. Copa gigantesca en las manos, rulos bien mojados y medalla colgada al pecho, Abel Aristimuño es una postal del orgullo y la gloria del equipo que volvió a poner a Villa María en un torneo nacional de básquetbol después de 28 años, luego de consagrarse campeón de la 18ª Liga Cordobesa Crelech."Estamos felices. No encuentro otra palabra más justa para describir esto que felicidad", dice con la voz y la sonrisa atravesadas por la emoción. "Este título es un sueño que se viene buscando hace años. Ya nos había pasado que nos remontaran ventajas de 20 puntos y por eso la gente recién soltó el festejo al final. Además, fue por respeto al rival, un adversario muy digno", añade uno de los jugadores más rendidores de un solidario y compacto equipo.
–¿Qué tuvieron para ser casi una “trituradora” en tres cuartos y sacar una ventaja casi decisiva?
–Ellos sufrieron mucho la ausencia del base titular, Juan Pablo Martínez. Estaba desgarrado y quiso entrar, pero no pudo. Además, son un equipo más corto que el nuestro y, al sufrir ausencias, no pudieron rotar tanto. Mantuvimos un ritmo muy alto. Nos quisieron bajar el ritmo y no pudieron, y ahí estuvo la clave.
–Tuvieron obstáculos en la temporada, y uno fue tu lesión (fractura en el pie izquierdo). ¿Cuánto vale alzar ahora la copa?
–Fue muy duro, porque en un momento hasta se planteó que yo no siguiera en el plantel, porque no se sabía si iba a llegar a los playoffs. Cuando se supo que tal vez podía llegar a tiempo, los dirigentes me dijeron que no querían salir campeones si no salían campeones conmigo. Hoy les pude devolver, junto con todo el equipo, todo ese afecto y ese apoyo. También estuvieron lesionados Iglesias y Gorostiaga, y hoy (por el viernes) Ferreyra jugó infiltrado. Y siempre se apoyó a cada jugador en problemas. Eso en el plantel se valora mucho y tal vez no se ve en los diarios. El apoyo del club en estos cinco años siempre te permite dar un plus. Cuando estás cansado y escuchás que gritan tu nombre o alientan al equipo, eso te da más energías.
–¿Qué imagen te guardás para recordar siempre?
–El momento en que el árbitro pita y termina el partido. Esa es la única imagen. Es cumplir el sueño de casi cinco años. Y no sólo el sueño de un club ni de un plantel, sino de mucha gente, de todo un barrio. Hoy pudimos coronar esos cinco años de esfuerzos