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Dejó los diarios y llegó a los Juegos

Fernando Ciccarelli, un canillita cordobés, corrió la maratón de Los Ángeles 1932. Una historia de novela.

21 de agosto de 2016 a las 08:24 a. m.
Dejó los diarios y llegó a los Juegos
Fernando Ciccarelli (derecha), junto a Luis Oliva, en 1936.

Repetía el rito cada mañana: voceaba los nombres de los diarios y corría durante el reparto de los suscriptores fijos. Pero antes que canillita, Fernando Ciccarelli era básicamente un apasionado por el atletismo. Y su espíritu, lo llevó lejos y le reservó un lugar en la historia: fue el primer maratonista cordobés que corrió en Juegos Olímpicos.

Nacido en Oliva el 18 de julio de 1905, “el Indio” tuvo una brillante trayectoria a la que pudo hacer frente a pesar de su humilde condición. Con el apoyo financiero de La Voz del Interior y de distintos sectores de la sociedad cordobesa, compitió en varios puntos del país y del continente, batiendo récords y formando parte de una camada de atletas que llenó de triunfos al deporte local y nacional.

Esa "generación dorada" del atletismo fue la que forjó la frase "Córdoba, cuna de campeones", una distinción de la que se hizo eco la revista El Gráfico, que en 1931 le dedicó su portada con los rostros de Ciccarelli, Carlos Bianchi Luti y Leopoldo Ledesma.

\'Ciccarelli
\'Ciccarelli

El 25 de mayo de 1932, en la pista del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (Geba), batió el récord mundial para los 25 kilómetros, una marca que los jueces no homologaron por tratarse de un registro intermedio (era una prueba de 30 kilómetros). La revancha le llegó días más tarde y con un premio grande. El 11 de junio, en el mismo escenario, ganó el derecho de competir en los Juegos de Los Ángeles, donde resultaría octavo en los 10.000 metros y 17º en la maratón que ganó otro argentino, Juan Carlos Zabala.

Canillita olímpico

Licenciado para repartir diarios, Ciccarelli recibió el respaldo de las empresas editoriales y de numerosas instituciones deportivas de nuestro medio antes de emprender la larga travesía en barco hacia Estados Unidos.

"Por orden de la dirección de este diario, acompañado por nuestro representante en Buenos Aires, Ciccarelli entró vestido de canillita a una tienda central y salió vestido de gentleman", publicó el vespertino Córdoba el 14 de junio de 1932, día de la partida.Tras más de dos semanas de viaje, la delegación argentina arribó a suelo norteamericano, donde Ciccarelli emprendió giras preparatorias y dejó algunas anécdotas imperdibles.

Fernando Ciccarelli (derecha), junto a Luis Oliva, en 1936.
Fernando Ciccarelli (derecha), junto a Luis Oliva, en 1936.

"Apenas llegado a Los Ángeles –se publicó en La Voz del Interior– el elemento bello no le sacaba el lente a nuestra muchachada, y averiguaba si todavía había indios aquí. Bianchi Luti (otro atleta cordobés) le manifestó que sí y que un indio auténtico estaba con ellos, señalando a Ciccarelli, que se hallaba dándose importancia. Las ninfas no salían de su asombro al ver tan conversador al indígena. Aclararon que era un indio que había empezado a civilizarse, pero que había que tener mucho cuidado con él porque podía desatarse la fiera que había en él en cuanto se lo molestara mucho".

Sus constantes éxitos en el campo del deporte le valieron convertirse en actor de algunas obras teatrales, fundó una biblioteca en Alta Córdoba y fue profesor de educación física durante 30 años en el Instituto de Menores Dalmacio Vélez Sársfield. Ciccarelli murió en 1984 en su casa de barrio Coronel Olmedo. Tenía 78 y se fue en paz, ganándole una medalla de oro a la vida.

Una carta desde la villa

Fernando Ciccarelli tenía pasión por escribir. Cada experiencia suya en el atletismo era motivo para enviarle algunas líneas a sus familiares o para firmar columnas deportivas en los diarios de la época.

El 9 de julio de 1932, “el Indio” le despachó una carta a su madre (Rosa) desde la villa olímpica, una joyita que describe fielmente la realidad que vivían los atletas de entonces. La misiva no tiene desperdicios y la transcripción literal es la siguiente:

La carta que Ciccarelli le envió a su madre Rosa desde la villa olímpica de Los Ángeles \'32.
La carta que Ciccarelli le envió a su madre Rosa desde la villa olímpica de Los Ángeles \'32.

“Mi querida mamá:

“Deseo que cuando esta carta llegue a su poder se encuentre gozando de toda dicha y felicidad. Yo regular nomás. Los otros días, corriendo en la ciudad de Chicago, tuve una torcedura de pie, así que estaré unos cuantos días sin correr, pero espero que el día 31 de julio ya pueda estar bien para correr los 10 mil metros.

“Aquí estamos ya en la Villa Olímpica, donde están más de 2.000 atletas de todos los países del mundo. Es como un pueblo. Tenemos aquí mismo correo, policía, biógrafo, campo de entrenamiento, en fin, de todo lo necesario. No puede entrar a la Villa ninguna mujer, ni los atletas pueden salir de la Villa solos. Hay policías que vigilan toda la Villa Olímpica. Como verá, es muy lindo todo esto.

“Cuando esta carta llegue a su poder, ya faltará poco para que comience el gran torneo, así que ruegue a Dios por mí en esto días. Saludos para Juanito y para todos los que pregunten por mí.

"Su hijo le pide la bendición y la abraza".Fernando Ciccarelli.