A 50 años del Golpe. 24 de marzo de 1976, el día que amaneció de noche: cómo vivió el fútbol aquel momento
Con su mágico poder, el fútbol pudo escapar a la censura en una jornada trágica. La selección nacional se encontraba en Polonia en el inicio de su preparación para el Mundial de Argentina ’78.
El amanecer de aquel miércoles 24 de marzo de 1976 fue atípico, diferente, nefasto. El sol asomaba sus primeros rayos, pero la noche se cernía como nunca sobre el país.
Tiempos de TV en blanco y negro -que cortaba la transmisión a la medianoche hasta la mañana siguiente-, radios a transistores buscando las primicias y diarios con pizarras en sus sedes centrales para anticiparse a la inmediatez.
La mayoría de los argentinos se enteró por algunos de estos tres medios que el país ya no era el mismo. De un día para otro, todo cambió. “El país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas”, rezaba el comunicado número 1 del gobierno de facto que destituyó al de María Estela Martínez de Perón, primera mujer encargada de presidir un país en el mundo.
Durante todo el día, las radios sólo repitieron los comunicados de la nueva dictadura, con un larguísimo listado de prohibiciones. “En la fecha han sido suprimidos los espectáculos públicos tales como cinematógrafos, teatros, actividades deportivas y culturales”, rezaba el comunicado número 22, aunque a continuación, minutos más tarde, se abrió una contemplación en la comunicación 23.
“Se ha exceptuado de la transmisión por cadena nacional de radio y televisión, la propalación programada para el día de la fecha del partido de fútbol que sostendrán las selecciones nacionales de Argentina y Polonia”. El fútbol, con su mágico poder, pudo escapar a la censura de una jornada trágica.
La selección de César Menotti se encontraba en Chorzow, al sur de territorio polaco, en el marco de una gira con la que iniciaba su preparación para el Mundial ’78, por jugarse en nuestro país. Con cuatro cordobeses en la delegación: Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Luis Ludueña y Mario Kempes.

“La inesperada noticia nos cayó como un balde de agua helada, nos dejó en estado de shock, atontados”, reconoce “el Matador” en su autobiografía. “Recuerdo que, invadido por la tristeza, no pude seguir comiendo, me fui a mi habitación (...) Alarmados por lo que sucedía y temerosos de que se hubiera desatado una guerra civil, cada uno de nosotros trató de comunicarse con sus familias”, confesó Kempes.
“Años después he leído en algunas entrevistas que un integrante del gobierno usurpador supuestamente llamó a los directivos para ordenarles que hicieran lo imposible por no cancelar esos amistosos”, destacó.
Córdoba y su reacción
En Córdoba, durante la noche del golpe, se jugaron un par de partidos de la Liga local de básquet (Instituto 67-Juniors 54 y Unión Eléctrica 58- Universitario 47), y la normalidad sólo se alteró por la suspensión del partido de fútbol entre Instituto y Racing, que se postergó. En los días, siguientes, la actividad se reanudó como si nada hubiese pasado.
Pero la gran noticia pasaba por una visita dirigencial. El 29 de marzo, el vicepresidente de la Fifa, el alemán Hermann Neuberger, quien vino a inspeccionar las obras del estadio que se construía en el Chateau Carreras (hoy Kempes), que se habían iniciado el 15 de octubre de 1975. Aquí los militares lo convencieron rápido de que el Mundial se jugaría en “un marco de paz” y renovaron el compromiso para ser sede del torneo.
El editorial de la revista Goles del 30 de marzo fue un reflejo de la impresión que se llevó la comitiva: “Sabemos que en el pensamiento de las nuevas autoridades existe la firme convicción de que el Mundial es necesario en Argentina, que es importante para que el país se muestre sin deformaciones caprichosas a los ojos del gran público del mundo”.
Ese mismo fin de semana, la jornada futbolística se desarrolló en calma. En Buenos Aires se disputó la novena fecha del Metro, mientras que en cancha de Belgrano, Instituto recibió a Desamparados de San Juan por la disputa del Regional clasificatoria al Nacional.
Talleres, con gran presente futbolístico, sería el único representante cordobés del torneo, ya que, después de eliminarse a la Gloria, la AFA quiso invitar a Belgrano, lo que generó un conflicto con la Liga Cordobesa que pretendió realizar un reducido para determinar un representante. Como no hubo acuerdo, al final AFA invitó a San Lorenzo de Mar del Plata.
En primera persona
“Seguí durmiendo, hoy no hay clases”. Todavía resuena en mis oídos la voz de mi madre pronunciando aquella frase, la primera que escuché ese fatídico 24 de marzo. Dentro de mi inconsciencia infantil (tenía 11 años), despertarme con el día libre no era una mala noticia, aunque no tardé en comprender que en realidad estaba en el amanecer del período más nefasto del país: la República se había perdido una vez más.
A pesar de la pila de años que pasaron, está fresco el recuerdo de aquel momento. Ese año ingresé al minibásquet del club del barrio, Redes Cordobesas, en 24 de Septiembre y Roma. Unos meses antes, en circunstancias muchos menos gratas, había visitado al club por primera vez, pero no para lanzar la pelota al canasto, sino para acompañar a mis padres que, desafiantes de las amenazas de la Triple A, me llevaron a despedir los restos del sindicalista Agustín Tosco, velado allí tras soportar en la clandestinidad su penosa enfermedad.
En Redes, Omar Suárez, todavía jugador de la institución, era el monitor de las divisiones menores y allí encontré un compañerito que aún no se destacaba, pero que rápidamente demostraría su progreso: Héctor “Pichi” Campana, quien por entonces dividía su pasión entre el básquetbol y las danzas clásicas.
Pero dos años antes del Mundial ’78, el fútbol nos atrapaba a todos. La noche anterior al golpe fui a la cama con la vieja radio marca Franklin escuchando al “Gordo” José María Muñoz, de Radio Rivadavia, relatando un partido de River por la Copa Libertadores.
Esa jornada, en el Monumental, los de Núñez recibían al Portuguesa de Venezuela y mi interés radicaba en saber cómo le iba al futbolista cordobés del momento, José Omar Reinaldi, por entonces jugador de la banda. Donde sí me traiciona la memoria es a la hora de saber si me dormí antes o después de los dos goles de la “Pepa” con que los millonarios vencieron 2-1, porque cuando mi madre entró al cuarto a despertarme, la radio estaba por el piso y alertando con marchas militares que el país ya no era el mismo.
Unas horas más tarde, y gracias al asueto escolar, pude sentarme frente al televisor, blanco y negro, claro está, para ver en Canal 10 un triunfazo de la selección de César Menotti frente a un cotizado equipo de Polonia. Fue 2-1 en el estadio Slaski, de Chorzow, ante el equipo del “pelado” Lato, Tomaszewski, Szarmach y Deyna.
Lo que vino después, son postales que me quedaron grabadas para siempre: el susto por un allanamiento al vecino que me hizo esconder debajo de la cama por las dudas, mi padre quemando libros de su biblioteca en la terraza (los “desaconsejados” por la dictadura), la desaparición de mi primo “Toti” Sayago “porque algo habrá hecho” y yo pegando en la ventana de mi pieza la calcomanía: “Los argentinos somos derechos y humanos” que me habían dado en la escuela. Pecados de juventud.


