Guadalajara, con todas las luces
Que viva México. La fiesta de América comenzó con una ceremonia espectacular en el Omnilife, con todo el sello y la identidad mejicana.
26, 25, 24, 23…. La espera se hizo larga pero valió la pena. Y no sólo por las tres o cuatro horas que pasaron los más precavidos esperando la ceremonia inaugural de los Juegos Panamericanos en el imponente estadio Omnilife (llegar sobre la hora fue en un caos de tránsito), sino porque después de que Río de Janeiro cerró la 15ª edición, América tuvo su vigilia de cuatro años hasta que llegó la nueva fiesta del deporte continental. Y esos últimos 26 segundos fueron de lo más lindo.
La luminosa cuenta regresiva que se ganó el centro de la escena dio paso a los fuegos artificiales y ya, para entonces, la mesa estaba servida.
Fiesta es la palabra que mejor define lo que sucedió ayer en el estadio que en julio de 2010 inauguraron las Chivas de Guadalajara y Manchester United. La majestuosidad del Omnilife fue un digno escenario para que México transmita a toda América y al mundo su cultura, sus tradiciones y el orgullo por haber sido designado anfitrión en estos nuevos Panamericanos.
Y fue justamente uno de sus embajadores en el mundo quien le puso voz al Himno nacional mejicano: Vicente Fernández emocionó a todos. Sí, a todos. Durante los minutos que su inconfundible voz cantó a capela, se erizó la piel de mejicanos, estadounidenses, uruguayos, argentinos, cubanos…
El ritmo siguió después con Fernández, pero Guadalajara puso en el escenario otro ícono: los mariachis.Los protagonistas
Fue Argentina la primera en salir a escena en el desfile. La historia (por organizar los primeros Juegos) le dio ese privilegio. Y los lauros se los llevó el ciclista Walter Pérez, quien no dejó de agitar su mano izquierda mientras llevaba, orgulloso, la Bandera nacional encabezando la marcha.
Camaritas que registraron cada momento, bailes, abrazos y saludos por doquier signaron el desfile de los argentinos, que se mostraron de los más alegres de la fiesta. Si hasta seguían “agitando” mientras se presentaban los otros deportistas. Y es que lo más emotivo de la música mejicana permitió “que la fiesta no decaiga”. Los acompañaron, cómo no, los brasileños haciendo “trencito”. Y se prendieron todos corriendo hacia el escenario cuando Maná apareció, antecediendo a Juanes.
Pero también el público fue parte fundamental de la fiesta. En cada asiento había una bolsa con aplaudidores (su sonido estruendoso animó la previa) para “dar porras” a los deportistas durante el desfile. Y unas linternas acompañaron la música en una especie de “coreografía” de la que participaron todos los presentes dando una hermosa nueva imagen al estadio y representando la innovación. Esa innovación de la que México se valió para armar la ceremonia, sin abusar de ella, sino aprovechando para resaltar su identidad profunda.
El romántico Alejandro Fernández cantó la canción oficial de los Juegos en el ocaso de la fiesta. "El mismo sol" hizo que la noche se vuelva día en el amanecer de los Juegos. El mismo sol que alumbra América brillará más fuerte por las próximas dos semanas en Guadalajara. Señores, comenzó la fiesta. Y que viva México.

