Ergueta quiere una medalla, su cuenta pendiente
El cordobés, en pareja con Javier Nicosia, buscará el oro en frontón 30 metros con pelota de goma en los Panamericanos, algo que aún no obtuvo. “Tenemos la obligación de llevar una medalla”, admite. El binomio, campeón en la Copa del Mundo 2010 disputada
Llevan 20 años juntos y, aunque bromeen con que "suena mal", tienen mejor relación que muchas parejas. Fernando Ergueta y Javier Nicosia representan una de las esperanzas argentinas a medalla de oro en pelota paleta, una disciplina que regresa en esta edición al calendario panamericano y entusiasma a la delegación nacional con poder regalarle cinco medallas.La dupla cordobesa se conformó cuando ambos tenían 12 años, y hoy, a los 32, tienen un palmarés que avala la continuidad de este equipo: se consagraron campeones argentinos los tres últimos años, y campeones en la Copa del Mundo de Francia (2010).
Eso sí, en Guadalajara buscarán su primera medalla en un Juego Panamericano.
Un colectivo los espera para llevarlos a entrenar a la cancha donde pasado mañana comenzarán a desandar su camino al podio en frontón de 30 metros con pelota de goma. Pero hacen un alto para atender a la prensa de Córdoba.
Fernando llega delante y enseguida se pone a conversar con Mundo D mientras Javier habla con los otros medios. Parece tranquilo y está muy entusiasmado con su primera experiencia panamericana "y quizás la última". ¿Por qué? "Porque vienen empujando fuerte los más chicos".
Eso, sumado a las expectativas de medalla que se depositan en ellos, le dan una cierta presión al cordobés. “Es presión porque hay que defender el puesto y tenemos la obligación de ganar una medalla; pero no jugará en contra”, reconoce.
Lejos de las preocupaciones, Ergueta disfruta de todo lo que está viviendo. "La Villa está buenísima; pudimos hacer pileta, tiene un gimnasio increíble y un sendero para salir a correr", cuenta sobre su trabajo. Pero también hay tiempo para el ocio. "El otro día hicimos un mini tenis. Tenemos un living comedor grande y pusimos un sillón al medio. Por Dios, lo que fue eso... Nos tirábamos al piso para salvar las pelotas (risas). Es que acá a nadie le gusta perder a nada", recuerda con gracia.
Afortunadamente para el éxito de su empresa, desde hace cuatro días entrenan en la cancha donde jugarán; porque desde que llegaron el 10 hasta entonces, debieron trabajar en un complejo privado (“Eso es malo porque después cambia...”). “Físicamente llegamos de 10, pero hicimos muy poca paleta. Por suerte antes de México tenemos tres partidos accesibles que nos permitirán entrar en ritmo”, reconoce, ilusionándose con definir el oro ante el local.

