Clásico 25 de mayo: El Virgin Gorda voló en la arena
De un tirón. Con la monta de José Noriega, se impuso por 10 cuerpos y medio en el tradicional certamen. Empleó un tiempo de 1m30s78/100 para los 1.500 y pagó un sport de 5,50 pesos por boleto.
Respondiendo a su más fresco antecedente en el Hipódromo de Palermo, El Virgin Gorda logró inscribir su nombre entre los ganadores del Clásico 25 de Mayo, que por esas razones lógicas que logra escribir la historia, fue eje de la atractiva reunión llevada a cabo en el Alto de barrio Jardín.
Para cruzar en primer lugar el disco triunfal, este hijo del importado Grand Reward (EE.UU.) y La Embrujada no sólo necesitó emplear el notable registro de 1m30s78/100 para cubrir los 1.500 metros de carrera, sino también contar con la invalorable colaboración de su jockey, José Noriega, quien pese a traerlo de punta, tuvo la capacidad e inteligencia de guardarle el resto suficiente como para, a la hora de los gritos, sacarle 10 cuerpos y medio de ventaja al favorito de la carrera, Storm Donoso. Caballo que amén de fracasar, permitió que el crédito de Alejandro Ortiz y propiedad de Roberto Rennella, viniese al jugoso sport de 5,50 por cada boleto jugado.
La carrera, como se presumía en el papelerío previo, no tuvo desperdicio, más allá de que el zaino lucero se impusiera de un viaje. Y todo gracias a que hasta los 400 finales Jacinto Ortiz no había perdido las esperanzas de quebrar al puntero y que los otros cuatro se habían arrimado lo suficiente como para ensayar la mejor de sus atropelladas. O por lo menos es lo que se pudo observar como se bebían los vientos en la recta del opuesto el hijo de Berstein y Ultra Power –con quien Iván Monasterolo intentó dar pelea desde el vamos–, en tanto que un poquito más atrás, a un par de largos y como en un veloz trencito, venían Sekarito, Torpedo Man y Fire Tango.
Fue a poco de ingresar en el codo, que Jacinto Ortiz intentó quebrar la resistencia del puntero, pero no pasó de ser una ilusión óptica, ya que pese a superarlo por apenas la cabeza, un simple movimiento con sus piernas de parte del hijo de Hugo y sobrino del afamado Juan Carlos Noriega, volvió a poner las cosas en su lugar sin necesidad de pedirle el resto.
Y eso fue sabio de su parte, ya que al guardarle el rollo, el zaino vino entretenido, con furia, pero sin desgatarse prematuramente.
Así fue que a poco de pisar la recta final y cuando ya Ultra Power había renunciado a la lucha y Fabián Fernández lo ponía a correr a Fire Tango, que "Josesito" decidió terminar con el tema de una buena vez: se apiló, le cerró los tacos y sin necesidad de apelar a la fusta, se encomendó al disco con un galope tan majestuoso como veloz, de allí que los relojes se detuvieran en un tiempazo. Atrás, lejos, lo escoltó el último ganador del San Jerónimo, quien por cinco cuerpos dejaba tercero a Fire Tango. El resto, como si hubiesen estado en otra cosa.

