Entrevista. María Gainza: Que te lea mucha gente no deja de ser alucinante o alucinógeno
La escritora será una de las figuras de la próxima feria Tilde, en la que se reúnen editoriales independientes de todo el país con lectores ávidos por acercarse a nuevas plumas.
La industria de la edición independiente en Argentina continúa demostrando una notable resistencia frente a los constantes desafíos económicos que atraviesa el país.
En este contexto, diversos sellos independientes se preparan para una nueva edición de Tilde, la feria de editores que acercará las novedades a los lectores cordobeses.
La quinta edición del evento tendrá lugar el sábado 11 y el domingo 12 de abril en las instalaciones del Centro Cultural Córdoba, ubicado en Poeta Lugones 401.
En esta oportunidad, la feria da un salto cuantitativo al reunir a más de cien editoriales que pondrán a disposición del público sus catálogos completos para la venta.
Entre las escritoras destacadas que visitarán Córdoba este abril se encuentra María Gaiza, periodista especializada en arte que dio un salto a la popularidad tras la publicación de El nervio óptico, un libro de relatos personales en los que las artes plásticas son la excusa para hablar de cuestiones profundas.

−Vos que venís del mundo de las artes, ¿encontrás paralelismos y particularidades entre los universos de las artes plásticas y los de la escritura?
−Yo circulo poco por los ambientes artísticos con lo cual no soy una buena observadora de la escena. No es por divismo ni por fobia como podría parecer, simplemente es porque no estoy hecha para lo social. Me gusta la vida privada, curioso dirás, para alguien que se expone y usa elementos autobiográficos en su obra. Pero yo no lo veo como una contradicción, es casi una maniobra “warholiana”: aparecer para desaparecer. Si una está a la vista en su escritura, puede llevar su vida por detrás. De todas formas, para no esquivar tu pregunta, te diría que creo que hay más dinero en el mundo de las artes plásticas que en la literatura, dinero flojo de papeles, agregaría, y eso lo vuelve todo un poco más obsceno. La relación de los artistas con los coleccionistas es cercana y resbaladiza. Son mundos ideológicamente antagónicos que se atraen y se necesitan. La literatura es la prima pobre, aunque no necesariamente eso le confiere nobleza. Hay mezquindad en todas partes y hay grandeza a la vuelta de la esquina.
−Hablaste de tu paso por Anagrama como algo que no te esperabas, pero que a su vez trae su peso adicional. ¿Cuáles son los desafíos de ser publicada por las grandes editoriales?
−Te lee mucha gente, recibís royalties y la contrapartida es que una ya no escribe con tanta ligereza. Vos vivís en tu casa, tu vida normal, anodina, deforme, escribiendo parrafitos cada tanto mientras el plomero intenta destapar una cañería y un delivery te toca el timbre, y un buen día, casi de golpe y porrazo, esos párrafos salen de tu computadora y terminan adentro de un libro que puede leer cualquiera. No está muy lejos de la vergüenza que me podría dar un pasacalles de esos que le expresan amor a alguien. Son tus ideas y tus emociones privadas sacadas a la luz. No lo pienso mucho porque podría paralizarme. Pero que te lea mucha gente no deja de ser alucinante o alucinógeno. El otro día una señora me dijo: “Leí El nervio óptico pero te confieso que no lo entendí”. Es un comentario que jamás voy a olvidar. No me cayó mal, al contrario, me dejó perpleja y fascinada. Todavía pienso: ¿qué habrá sido lo que no entendió? Porque es un libro amable, me parece, simplón. Pero de golpe ese “no entendí” lo convirtió en un objeto más interesante. Capaz el libro es más sofisticado de lo que creo, o bien capaz está mal escrito y efectivamente no se entiende. En fin. Cualquiera de las posibilidades me divierte porque escapan de mi control.
−Contaste que te autopublicaste, ¿qué análisis hacés de los espacios que brindan las editoriales independientes en contrapartida con esa popularidad que dan las grandes editoriales?
−Las editoriales independientes son hermosas. Suena a tristeza de niña rica, pero yo extraño el delirio de Mansalva, hay algo en esa editorial que te empuja a probar cosas, a fallar mejor, diría Beckett. Las editoriales grandes son empresas profesionales que te miman y te hacen la vida más fácil, pero el trato cercano con el editor, esa franela del texto que a mi tanto me gustaba, ya no la tengo.
−Dijiste que te considerás más periodista que escritora, ¿qué elementos del periodismo florecen sin querer a la hora de escribir y cuáles pueden ser un estorbo?
−Me cuesta pensar qué viene del periodismo y qué de la literatura porque no veo las diferencias con tanta claridad, y capaz por eso, a lo Facundo Cabral, no soy de acá, ni soy de allá. La mayoría de los escritores que admiro trabajaron en periodismo. ¿Qué era Roberto Arlt: periodista o escritor? Lo que fuera, yo quisiera parecerme a él aunque solo fuera en el blanco del ojo.
−En “La luz negra” trabajás sobre la cuestión de la falsificación. Ahora hay un nuevo desafío para el arte, que es la inteligencia artificial. ¿Qué opinión tenés al respecto? ¿Cuál creés que puede ser el impacto de esa herramienta en un futuro no muy lejano?
−Carezco de capacidad de premonición. Pienso en la manera delirante en que G.H. Welles vio todo antes de que existiera –un cerebro mundial, la manipulación genética, las sociedades de vigilancia– y me da escalofríos. Pero yo solo veo niebla cuando pienso en los años que vienen. Creo que la IA es el nuevo bebé en la casa: y como toda madre, hay noches en la que pienso que las cosas andarán bien, que el mundo encontrará su homeostatis y otras en las que siento que quizás la IA sea el bebé de Rosemary.
−En todos tus relatos y en “La Luz negra” se impone, por supuesto, lo visual. Por curiosidad, ¿qué lugar ocupan los otros sentidos en tu vida? La música, la gastronomía….
−Comer solo me interesa para cargarle combustible a la máquina, la música me encanta pero no puedo escribir escuchando música, por ejemplo, en esos momentos se me vuelve casi un ruido molesto. Lo que ocupa un lugar alto en mi vida es el tacto, que en un punto es otra forma de mirar, el legendario “sentido olvidado”, como lo llamó Pablo Maurette en su brillante ensayo. Acariciar a mi gato me tranquiliza al instante, en los museos, cuando nadie está mirando, suelo pasar la mano por el mármol de alguna escultura porque hay información ahí que el ojo no alcanza a ver.
Para ir
Con entrada libre y gratuita, la feria tendrá lugar el sábado 11 y el domingo 12 de abril en las instalaciones del Centro Cultural Córdoba, ubicado en Poeta Lugones 401.
Además de Gainza, participarán Esther Cross, Alejandra Kamiya, Elvira Hernández desde Chile, Sofía de la Vega, entre otros.



