Patrimonio. Alma, un legado de artistas que crece: espíritus tangibles
La obra del pintor Miguel Ocampo, radicado en La Cumbre, se suma a la red de legados Alma, que aglutina a artistas modernos de toda Latinoamérica.
El resguardo del pasado nace como el imperativo complementario de un mundo cada vez más arrebatado por el presente y la inmediatez. La tendencia es prioritaria en el arte, donde se acrecientan exponencialmente los legados y los patrimonios requeridos de cuidado y divulgación. Con miras a ese propósito, se fundó en 2022 la Asociación de Legados de la Modernidad Americana (Alma), una red de colaboración entre herederos, representantes e investigadores vinculados a los legados de grandes artistas latinoamericanos del siglo 20 dispuesta a preservar, difundir y revalorizar el trabajo y el pensamiento de numerosos creadores del continente.
El historiador y catedrático argentino Rodrigo Gutiérrez Viñuales, la guatemalteca Ximena Fernández, que tiene a su cargo el legado de Rodolfo Abularach, y el ecuatoriano Eduardo Tábara, que preside la Fundación Enrique Tábara, fueron los artífices del proyecto, que ha ido ganando miembros y ya tiene prevista una muestra colectiva internacional.
En términos más amplios, Alma tiene por objetivo fortalecer la memoria artística y patrimonial de América latina, generar espacios de diálogo y cooperación, y articular esfuerzos con museos, archivos, centros culturales y organismos internacionales para proyectar sus legados en el ámbito académico, museológico y educativo.
La idea inicial le corresponde a Gutiérrez Viñuales, que la propuso en 2010 en una reunión en Cali (Colombia) que había organizado el coleccionista Alberto Otero y en la que participaron artistas como Abularach, Elmar Rojas y Omar Rayo. Pero la iniciativa se concretó recién en 2022, cuando Gutiérrez Viñuales coincidió con Fernández y Tábara en Madrid en la exposición “Antes de América. Fuentes originarias en la cultura moderna”, curada por Gutiérrez Viñuales.
Miguel Ocampo, el pintor abstracto porteño radicado en La Cumbre que falleció en 2015, es uno de los artistas recientes en sumarse a Alma. La gestión se hizo posible gracias a un posteo de red social del museo Miguel Ocampo, que compartió la foto de una obra –que integra la actual muestra “Entre sueño y realidad”, curada por María José Herrera– con la que Ocampo homenajeaba los ojos del imaginario plástico de Abularach.
A esa pintura la escoltaba además una foto en blanco y negro de antiguas épocas donde Ocampo posaba junto a Abularach, el argentino César Paternosto y el chileno Mario Toral, que llamó la atención de Ximena Fernández Abularach de Alma, a su vez sobrina del artista guatemalteco.
La íntima afinidad entre Ocampo y Abularach que exhiben ambas imágenes motivó la invitación a que Ocampo integre la red, ofrecimiento que aceptaron su hija Laura Ocampo y la arquitecta Mariana Larcamón, representantes legatarias del artista.
El nombre de Ocampo se anexa de esa forma a un conjunto de cuarenta legados entre los que se cuentan firmas como las de Abularach, Tábara, la mejicana Leonora Carrington, el guatemalteco Carlos Mérida, la colombiana Emma Reyes o el boliviano Enrique Arnal, y una decena de argentinos entre los que se cuentan Ennio Iommi, Sarah Grilo, Juan Batlle Planas, Miguel Ángel Vidal, Alejandro Puente, José Fioravanti o el mencionado Paternosto, este último vivo.
Referentes modernos
¿Qué criterio contempla el ingreso a Alma? ¿Cómo se seleccionan los legados que va incorporando la entidad? “Se contempla el legado de artistas latinoamericanos cuyas trayectorias hayan sido fundamentales en la construcción de la modernidad artística en América latina, tanto a nivel estético como conceptual. Se trata, principalmente, de creadores que desarrollaron su obra entre los años 1920 y 1980 y que, desde distintas corrientes y lenguajes, contribuyeron significativamente al pensamiento visual, social y cultural de la región. Los artistas de Alma han sido referentes del arte moderno en sus países y han mantenido un diálogo constante con las vanguardias internacionales, generando propuestas innovadoras que hoy conservan una profunda vigencia”, dice Larcamón.
Y agrega: “El criterio principal es que su legado sea gestionado de manera activa por instituciones, fundaciones o representantes legítimos (familiares, herederos legales o investigadores designados), que compartan el compromiso de preservar, difundir y proteger estas obras de forma ética y profesional. Además, se busca que estos legados estén en proceso de organización, documentación o difusión, o que ya hayan desarrollado acciones concretas como publicaciones, exposiciones, archivos, catálogos o programas educativos, que contribuyan al fortalecimiento de la memoria patrimonial y artística de América latina”.
Larcamón observa que la puesta en común de estos legados promueve a menudo conexiones inesperadas, lazos y complicidades históricas que se vuelven a hacer visibles en una dimensión póstuma, como probaba la pintura de Ocampo que citaba a Abularach.
“Ninguno de estos legatarios conocía demasiado las obras de los demás artistas, y en virtud de la confluencia de Alma empezamos a encontrar relaciones. Por ejemplo, descubrí que Ocampo era íntimo amigo de Emma Reyes, la colombiana que terminó viviendo en París. Se dan de pronto una serie de vínculos que nadie sabía y que giran en gran medida en torno a la escena de Nueva York en la década de 1970, donde Miguel era diplomático y de noche se dedicaba a pintar, que era lo que más le gustaba. Él tuvo un rol importante de aunar, fomentar y promover la conexión de artistas con museos y galerías, de organizar muestras de diversos pintores”, apunta Larcamón.
Alma, que está en proceso de constitución legal con sede proyectada en Washington D.C. (EE. UU.), tiene entre sus principales proyectos una exposición colectiva para el año próximo en el Museo de las Américas de la OEA de esa ciudad.
“Será una exposición sin precedentes que reunirá obras originales, documentos históricos y material de archivo de algunos de los artistas más importantes de la modernidad latinoamericana. Cada artista participante será presentado a través de una curaduría específica que mostrará tanto su producción como aspectos clave de su pensamiento, sus vínculos con otras corrientes artísticas y su impacto en el contexto sociopolítico de su tiempo. La exposición incluirá, además, actividades paralelas como conversatorios, paneles de discusión y visitas guiadas por los representantes de los legados y de curadores invitados”, destaca Larcamón.
Y anticipa: “Una de las cosas que queremos es traer al museo de Miguel Ocampo la muestra de Alma, armar algo en algún momento acá, un lanzamiento de Alma en Córdoba”, cierra la legataria.

