Más allá de símbolos y consignas
La novia, de blanco impecable y ramo atesorado como un sueño, saluda a quien la mire desde el asiento trasero del Plymouth ‘57 descapotable.
La novia, de blanco impecable y ramo atesorado como un sueño, saluda a quien la mire desde el asiento trasero del Plymouth '57 descapotable. Unas cuadras más allá, las bocinas y el festivo cortejo pertenecen a una quinceañera cuyo vestido hace juego con el rosa estridente del coche que la pasea. Dos pescadores aguantan su caña mirando al noroeste y una pareja se besa sin importarle las esporádicas embestidas de las olas que se elevan hasta la vereda para salpicar sus espaldas o los pies de un hombre mayor. Éste enciende un cigarro sin detener su marcha hacia la Fortaleza de los Cañones.Cae la tarde de un sábado de invierno caribeño sobre el Malecón de La Habana y los últimos vestigios de sol dan paso a la medida energía de farolas que hacen juego con los frentes restaurados y los por restaurar de esta ciudad patrimonio de la Humanidad.Catorce años después de nuestra primera visita, la capital de Cuba deja ver algún maquillaje y nuevos gestos sobre trazas inconfundibles. Por entonces, un ejército de narradores de historias se lanzaba hacia una pareja de foráneos en plan periodístico-turístico, para desgranar el discurso más seductor a los oídos de los visitantes. Ahora, cada quien parecía seguir en lo suyo. Sólo Carlos, con su pequeño niño de la mano, saludó al paso a la pareja de turistas (ya con dos hijos adolescentes), de la que detectó al vuelo su argentinidad. De inmediato se despachó con reflexiones sobre la sorpresiva muerte de Néstor Kirchner, la imagen positiva de Cristina y el recuerdo de Córdoba y Alta Gracia como sitios de la infancia del Che Guevara y últimos destinos de Fidel Castro fuera de la isla. Todo ello antes de, "con todo respeto", solicitar la colaboración de "algún cuc" (peso cubano convertible) para acudir a tiendas donde no hay que esperar tanto por las cosas, pero donde se paga mucho más por ellas. En tramos, La Habana no cambió nada. En otros, parece otra ciudad, de no ser por el paso de algún "cocotaxi" o un remise modelo '50, con motor Hyundai diésel, GPS y pantalla con videos de Enrique Iglesias y Juan Luis Guerra. Frente a refuncionalizados y lujosos hoteles cerca de la Embajada de España, o junto al Paseo Colón, camino al Capitolio, el Museo de la Revolución o la Catedral, se escucha hablar inglés, francés, italiano, ruso o español en versión original.El turismo es la principal fuente de ingresos de este país bloqueado por Estados Unidos desde hace décadas y donde desde fines de 2010 todos centraron su expectativa en el VI Congreso del Partido Comunista, iniciado ayer.La idea de reformas y apertura, la posibilidad de tener un auto, una casa o desarrollar el cuentapropismo, ya visible en los lugares más turísticos, movieron a muchos a registrarse en padrones con los que el gobierno intenta achicar la nómina de empleados estatales, lo que el presidente Raúl Castro dijo que era clave para mejorar la economía."Fidel es y fue siempre un idealista, y eso es bueno. Pero el hombre ideal no existe y hubo quienes se abusaron del Estado, lo que generó injusticias y corrupción", dice Frank, quien con 31 años achaca su calvicie al tiempo que "se peló" estudiando para ser ingeniero químico, aunque hoy trabaje como guía para vivir mejor."Raúl fue más pragmático y por eso puede acertar con medidas que pidió debatir a todos. No sé qué pasará al final, pero las cosas no van a ser iguales. Lo veo en mi generación y en los más jóvenes, que reclaman espacio. No todo puede achacarse al bloqueo y, como Raúl dijo, no puede ser que nosotros, que enseñamos a cultivar el café a los vietnamitas, ahora importemos café de Vietnam", argumenta. Hace 14 años, al entrevistar desde rectores universitarios hasta cineastas, desde urbanistas hasta jefes de Comités de Defensa de la Revolución, siempre se oía la misma metáfora: "La caída del campo socialista europeo dejó a los cubanos colgados del pincel, pero sin escalera". Entre la incertidumbre del Período Especial y el presente, parece haber mejoras. "Por suerte tuvimos ayuda de Venezuela y el petróleo que, a cambio de cooperación en medicina y alfabetización, nos manda (Hugo) Chávez. Eso aplacó urgencias de energía", dice Celia, empleada pública que pisa los 60 y espera turno para comprar su helado de fresa en la cola de cubanos frente a Copelia. Como Frank, ella cree que con el turismo solo no alcanza, y que "debe fomentarse la productividad con incentivos para evitar contrabandos o burocracia". Ambos esperan que el Congreso de abril no quede sólo en discursos. "Las divisas del turismo ayudan pero crean diferencias entre quienes trabajamos con extranjeros y quienes no", admite José, que con 23 años acaba de ser padre y cada noche recorre 200 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta desde su casa hasta su puesto en un hotel playero. Diferencias que Clara, artesana en Varadero, ve con respecto a uno de los pilares de la isla: la salud. "A mi marido lo operaron del corazón y quedó muy bien. Tenemos muy buenos médicos y por eso viene tanta gente a atenderse en Cuba. Pero a los extranjeros no les pasa lo que a mi esposo, que después de operado tiene dificultad para seguir el tratamiento por falta de remedios a causa del bloqueo". Aun en su crítica, quienes hablan advierten que no quieren recetas dictadas desde afuera. "Mi país me dio una educación que no se da en cualquier lado, y aquí no hay chicos desnutridos ni durmiendo en las calles, ni tenemos narcoviolencia o miserias de países vecinos", enfatiza Frank, antes de rematar: "Creo que lo que surja, lo debemos decidir nosotros". En un día como el de hoy, hace 50 años, se producía el desembarco en Playa Girón de exiliados contrarrevolucionarios apoyados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el gobierno de Estados Unidos, y cuya misión final era derrocar al gobierno instalado el 1º de enero de 1959.Un par de días antes, Washington había iniciado la Operación Bahía de Cochinos y, contra ella, el 16 de abril de 1961, Fidel declaró el carácter socialista y marxista de la Revolución Cubana, pese a que al triunfar los "barbudos", aquel abogado formado por jesuitas había expresado antes su rechazo al comunismo."Playa Girón, primera derrota del imperialismo en América latina", se lee en un gigantesco cartel junto a la ruta entre La Habana y las playas del interior, invadidas en enero de 2011 por miles de canadienses, europeos o sudamericanos en busca de hospitalidad, arenas blancas y un mar turquesa y tibio.Pasado, presente y futuro se cruzan en Cuba como en ninguna otra parte. La isla toda, con su historia y su gente, es un símbolo en sí misma.

