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Volver al aula y al debate

El Gobierno provincial debe saber escuchar y abrir un gran debate sobre la educación, y los estudiantes deben volver a las aulas para favorecer este proceso reflexivo.

10 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Volver al aula y al debate

La movilización de estudiantes secundarios de Córdoba tiene virtudes y defectos. La virtud es que ha dado impulso a un debate necesario sobre la escuela media, que es el eslabón más débil de todo el sistema educativo, en el que las deserciones aumentan cada año. Uno de los datos más negativos de la Argentina actual es que cada vez hay más jóvenes que no terminan el secundario, con lo que eso significa desde lo laboral y cultural; es decir, desde la capacitación y la marginalidad social. No es el caso de Córdoba, donde los alumnos que tomaron escuelas y ganaron las calles cursan normalmente el año lectivo, aunque con dificultades crónicas como el mal estado edilicio de varios establecimientos –a 11 de ellos habría que hacerlos de nuevo– y la superpoblación, que por cierto va en contra de la calidad de la enseñanza. A ello se añade el interés de los jóvenes por participar en el debate sobre la ley de educación provincial, lo que resulta positivo en un marco de apatía general hacia la discusión de las grandes líneas políticas de la sociedad.Como dice la Constitución Nacional, el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes, es decir los legisladores y poderes ejecutivos, pero también es cierto que temas como el de la educación deben estar abiertos a un debate amplio. Todos los sectores interesados –alumnos, docentes, padres, la comunidad educativa en general– deben ser escuchados, aunque la ley sea finalmente corregida y sancionada por la Legislatura, como corresponde.Tras las demandas estudiantiles subyace la insatisfacción de los jóvenes frente a la realidad de un país que les da pocos buenos ejemplos, en el que hay corrupción, desigualdades y una subcultura de la violencia que asoma por todas partes. Una asamblea, la toma de un colegio o una marcha callejera son como la chispa que enciende una protesta mucho más amplia, como hemos visto varias veces en la historia de Córdoba. Pero comprender el reclamo no significa reivindicarlo. Las tomas prolongadas de colegios y escuelas llevan al riesgo de una pérdida del año lectivo y obligan al Gobierno a ejercer un mínimo principio de autoridad. Como bien lo señaló en estas páginas el rector de la Universidad Católica de Córdoba, "los días y horas perdidos de clase, de estudio y reflexión no se recuperan".Otro riesgo es la politización de los conflictos escolares o su manipulación por parte de grupos minoritarios que piensan más en hacer una revolución que en perfeccionar una democracia pluralista y madura. El Gobierno provincial debe saber escuchar y abrir el debate, y los estudiantes y los padres deben reflexionar y entender que la primera condición para que ese debate pueda hacerse y fructificar es volver a clase y mantener, no sólo en estos días sino de modo permanente, una participación activa en el debate por una mayor calidad educativa.