Una Terminal de escándalos
A los problemas originados durante la construcción de la Nueva Terminal de Ómnibus se suma ahora una escandalosa licitación, que terminó por agregar más costos a los cordobeses.
Durante el último año de gestión de Juan Schiaretti, el entonces gobernador encaró una serie de obras que ayudaran a revertir la imagen de decadencia de la ciudad de Córdoba, y con ello mejorar las chances electorales del oficialismo en la elección de 2011.
La ejecutividad del exmandatario provincial dio sus resultados en las urnas y algunas de esas obras merecen ser destacadas como un aporte al crecimiento de Córdoba: el acceso al Aeropuerto, las autovías a Río Ceballos y a Alta Gracia, la ampliación e iluminación de la avenida de Circunvalación y de la autopista a Carlos Paz.
Pero hubo dos obras emblemáticas que aún hoy arrojan serias sospechas sobre los costos reales de construcción, como son el Centro Cívico –que reemplazó a la demolida Casa de las Tejas– y la Nueva Terminal de Ómnibus, pensada como la puerta de acceso a la segunda ciudad del país.
Plataformas que se inundan, ascensores que no funcionan, terraplenes que se desmoronan y cloacas obstruidas, son parte de un anecdotario de problemas (además de un diseño inadecuado) que ya ha requerido una inversión superior a los 100 millones de pesos.
Al rosario de problemas, agigantado por la interna entre funcionarios actuales y exmiembros del Gobierno provincial, se suma que la gestión de José Manuel de la Sota imaginó una oferta privada para entregarla en concesión y que los futuros administradores realizaran obras por más de 50 millones de pesos, que el Gobierno provincial no está en condiciones de aportar.
El llamado a concurso fue un enorme fallido. Uno de los grupos –sospechado de estar ligado al exsecretario de Transporte kirchnerista Ricardo Jaime– no llegó a participar porque no abonó en término el Impuesto de Sellos; otro apareció vinculado con empresas del transporte de pasajeros con origen en Corrientes y un tercero mostró insuficiencia económica.
Finalmente, De la Sota decidió estatizar la administración de la Terminal de Ómnibus y encarar con recursos propios –no se explicó todavía de dónde provendrán– las mejoras edilicias que requiere una de las construcciones convertida ya en un monumento a la ineficiencia, aunque existan también sospechas más graves. El mayor costo será asumido por todos los cordobeses.
¿La mejora en infraestructura estará a cargo de las mismas autoridades que arrastraron con el problema durante el último año? ¿Quién manejará de un modo más eficiente el uso de las plataformas y de los locales comerciales? ¿Los mismos que fracasaron en dar las soluciones al diagrama de movimientos y frecuencias serán los encargados del nuevo diseño?
Sería bueno que el Gobierno provincial tome nota de que los grandes centros de movimientos de pasajeros son hoy un problema que requiere de respuestas estructurales que van más allá de cambiarle la cara a una ciudad degradada.

