Una oportunidad flexible y amigable
La escuela recibe alumnos que abandonaron el sistema educativo. Dicen que el secreto es creer en ellos y mirar hacia adelante.
La agradable informalidad de las autoridades del Instituto Joshen da la primera pauta de cómo trabaja esta escuela, que recibe a jóvenes que abandonaron el sistema educativo.
Los alumnos que arrastran fracasos o se sienten solos, dice su directora, llegan a Joshen para ser parte de algo, para ser alguien y lograr éxitos. “La idea es hacerlos sentir que les vamos a dar la oportunidad”, refieren.
En Joshen, la currícula y el horario son amigables. Cada alumno tiene un horario que se adecua a sus habilidades. La mitad de las horas aprende el oficio que ha elegido según sus intereses. De 8 a 11 estudia las materias obligatorias y de 11 a 14, los talleres vocacionales: sonidista, cosmética, cocina y fotografía. Se trabaja en aulas de 12 alumnos y al final recibe un certificado del Ministerio de Trabajo.
La intención es darles la oportunidad de alcanzar logros académicos, pero también mejoras en el comportamiento. El jefe del aula es el encargado del bienestar de los estudiantes. Conoce su vida, está en contacto con la familia u otros referentes.
Como en todas partes, los chicos que han desertado cargan con un estigma y una autoestima que roza el piso. Por eso a los padres sólo se los llama para comunicar logros.
Si el alumno llega tarde, no se lo reta ni amonesta. Se trata de ver por qué se retrasó, si se emborrachó, si tuvo un encuentro violento o se peleó con el padre. Se le dice “buenos días” y se intenta empezar el día de una manera “limpia”. Se lo acompaña a la sala de estudios y se le dice al maestro que no lo moleste para que el día le resulte agradable.
“Evitamos la exclusión por reglas o disciplina. Con esta actitud te ponés de su lado, cuando tienen a todos en contra”, explican en la escuela.
Lo que se pretende es mantener una comunicación y relación significativa para que el estudiante se sienta aceptado. El secreto es creer en la persona y mirar hacia adelante.
Los jóvenes llegan a Joshen a través de un trabajador social. Algunos tienen antecedentes penales o han desertado por problemas de aprendizaje, drogas, alcohol prostitución, o socioeconómicos. Las familias consideran la escuela como la última respuesta.
120 alumnos
Personal. El Instituto Joshen tiene 25 terapeutas y profesores, voluntarios del servicio a la sociedad, que se realiza antes del ejército. "Nuestros docentes tienen el corazón en el lugar adecuado", dicen. Todos reciben apoyo psicológico.
Estudiantes. 120, 11 por aula.
Presupuesto. Estatal. Los padres abonan 10 cuotas de 30 dólares. Paga el que puede.

