Luchadora inclaudicable
Adiós a Susana Dillon. Recordamos a la escritora, a la docente, a la madre de una desaparecida y a la abuela de una joven nacida en cautiverio.
Río Cuarto despidió esta semana a su emblema en la defensa de los derechos humanos. Hilda Susana Dillon, docente, escritora y madre de Plaza de Mayo, que falleció a los 87 años. Era de Pergamino, Buenos Aires, pero desde 1963 vivía en el "imperio" del sur, donde crió a su nieta María Victoria, nacida en cautiverio en el hospital militar. A Dillon le arrebataron a su hija Rita Ales y a su yerno, Gerardo Espíndola, en Río de los Sauces, el 9 de diciembre de 1976. Ambos tenían 33 años y Rita estaba embarazada de seis meses cuando se los llevaron al centro clandestino de detención La Perla. Ella los buscó enloquecidamente, no dejó puerta sin golpear, y se desesperó cuando calculó que Rita habría dado a luz. El 5 de marzo a la medianoche le tocaron el timbre y escuchó llorar a un bebé. Sobre un sillón le tiraron a la pequeña. Entre los pliegues de su manta había un papel que decía: "Me llamo María Victoria". "Ella me salvó a mí y yo le salvé la vida a ella", dice hoy la nieta de Dillon, rodeada de muestras de la admiración y cariño que despertó su abuela en la comunidad. "Pepi", como todos llaman a Victoria, vive en Buenos Aires y es cantante del grupo "Tumbamores". "La vieja era puro amor y, además, era imparable. Muchas veces con sólo contarme las cosas que hacía a diario me agotaba. Su frase era 'diciendo y haciendo'. Hasta al médico le dijo: 'Sáqueme esto rápido que tengo tres libros para editar'", testimonia. Dillon escribió 24 libros. Entre los primeros se destacan cuentos para niños referidos a historias de los pueblos originarios y de heroínas que quedaron fuera de la historia oficial. Entre los últimos, aquellos en los que ahonda en el pasado de la región; como la vida de la viuda Adelia María, viuda de Ambrosio Olmos "La marquesa del Papa" y "El virrey que huyó con el tesoro", referido a Sobremonte. Esta semana llega a las librerías una reedición "aumentada" de uno de sus primeros libros El oro de América . Entre lo que le quedó para editar figura Las alcobas del poder ."Pepi" atesora imágenes de su vida con su abuela, "momentos de mucha risa y muchas palabras inventadas". "Desde que yo tenía 4 años me llevó a recorrer Latinoamérica. Ella tenía que hacer como un cuento para que yo me entusiasmara, porque si no, ver museos, archivos e iglesias era muy aburrido. Me acuerdo que una vez en el Museo Antropológico de México, el guía mencionó al dios Chaac y yo empecé a dar como una clase del dios del agua maya, fue una situación muy graciosa", recuerda. Maestra de coraje. Dillon falleció pocas semanas antes de que empiece el juicio contra los asesinos de su hija Rita. "Ella siempre le puso el cuerpo a todo. No sólo por mis padres. Estuvo a punto de ir presa por desacato a un fiscal. Era brava, de no callarse nada. Me preocupaba que fuera al juicio. Ahora yo tengo que tomar la posta, porque soy la sobreviviente. Nací en La Perla. Desde lo visceral, por ahí pienso: Menéndez no se murió y mi abuela sí. A veces la vida es muy injusta. No sé si voy a ir a las audiencias, pero voy a estar como querellante", confía Victoria. El periodista Mario Masaccessi reveló en estos días que, a fines de los '80, en una madrugada de mucho frío, mientras trabajaba en la casa de Susana sonó el teléfono. Era nada menos que Luciano Benjamín Menéndez que le ordenaba a Dillon "que se dejara de joder con los desaparecidos". Masaccessi cuenta que Susana quedó pálida y con los ojos desorbitados, pero a los pocos minutos "se acomodó el alma como solía acomodarse el pañuelo blanco", y le dijo: "Sigamos con lo nuestro, que se vayan a cagar". Dillon no sólo luchó por los derechos humanos contra la dictadura. Fue un refugio para todos los que se sintieran vulnerados en democracia. No esquivó pronunciarse sobre ningún tema. Así opinó y reclamó en los casos Dalmasso, Sabena, Flores, protestó por las slots , las condiciones infrahumanas de las cárceles. Y si se le preguntaba qué les pediría a los políticos, sin dudar, se despachaba: "Que no sean coimeros; que no se queden más con los vueltos". "No me llores". Sus restos fueron velados en el Concejo Deliberante, junto a su máquina de escribir eléctrica, su bastón y la Whipala, la bandera de los pueblos originarios. El jueves, en un sencillo y nutrido acto, sus cenizas fueron esparcidas al pie de un gran jacarandá ubicado en el Colegio Normal de Río Cuarto, en la esquina de Constitución y Moreno, a media cuadra de su casa. En esas mismas raíces, en los '90 se enterraron las cenizas de la bisabuela de "Pepi" y madre de Susana. Ernesto Olmedo, director de la escuela, dijo que para la comunidad educativa es un honor "la presencia" de Dillon en el colegio "porque no sólo trabajó por los derechos humanos y las instituciones educativas sino que entregó su escritura, sus textos: una gran obra de divulgación". "El paso de Dillon por esta vida no ha sido en vano. Ella era una amante de la libertad. La docencia también fue su instrumento para la libertad. Canalizó su dolor a través de la escritura y eso fue muy positivo. Evidentemente, Dillon ha tenido un enorme peso en lo que hace a la cultura y a los valores, dejó una enseñanza para la juventud y también para nosotros que ocupamos cargos", reflexionó Carlos Arturo Ochoa, juez federal.Otro de los presentes, Omar Isaguirre, dirigente justicialista y titular del archivo histórico municipal, expresó: "Siempre habrá un motivo para que Susana esté con nosotros y para reivindicar las banderas de su lucha: la causa de las mujeres, la causa de los derechos humanos y la causa de los pueblos originarios. Ella provocaba escozor en algunos poderosos. Cuando pintaba la ocasión, cantaba cuatro frescas en el mano a mano y su palabra perdura en sus escritos. Era una buena polemista; siempre materia dispuesta para salir al cruce", destacó.Concejales radicales han presentado un proyecto para poner su nombre en un monolito de la Plaza Roca, justo en el lugar donde se le supo rendir homenaje a Aramburu. "La vieja no era muy de placas. A mí me gusta que la reconozcan, no sé; será la sociedad la que decida", dijo Victoria. El acto del último adiós culminó con una grabación de La martiniana . "No me llores, no me llores, porque si lloras yo peno. En cambio si tú me cantas yo siempre vivo y nunca muero", dice la canción que interpreta "Pepi", con un singular, y alegre, ritmo de cumbia. Su autobiografía. Susana Dillon dejó su autorretrato: "Nací en el '25, cuando los años locos fueron más delirantes. Me tocó sobrellevar todas las crisis: las familiares, las locales y las mundiales. Junto a ellas se vinieron las guerras y los golpes de Estado. "Crecí bajo la férula machista del 'qué dirán', los secretos de familia y la virginidad caiga quien caiga. Como es de suponer, me rebelé a diario. Entonces me metieron en un colegio de monjas y, lejos de acatar tanta mansedumbre impuesta, me desacaté de por vida. Nada pudieron ni las santas reverendas, ni padres severos, ni marido autoritario, ni novios, ni amigovios, ni moros en la costa. Cansada de batallar en las tribunas para sacarnos de encima las dictaduras asesinas, comencé a escribir a favor de los derechos humanos, las mujeres y los indios. Soy madre de desaparecidos, pero en la lucha me han nacido 20 libros desde Mujeres reveladas ; algunos premiados, otros perseguidos y hasta reeditados. Hubo audaces que los tradujeron y los estudiaron."No hubo epidemia, accidente o peste que no me atrapara ni calamidad sin experimentar. Pese a sobrellevar tantas tragedias, he aprendido de mis hijos desaparecidos a relatar con humor y a zambullirme entre la juventud que piensa y obra. Soy de las que morirán cuando se le dé la gana y sé que mis hijos putativos, esos que nacieron en la lucha, tomarán la posta."He criado a mi nieta nacida en cautiverio. Fue mi experiencia más reconfortante, es mi alegría, mi báculo, la que me lleva ahora de la mano a cazar historias."A pesar de todo, la vida es bella, por eso la quitan y atormentan los dictadores".Educación en libertad"Hay que tener en cuenta que por algo los presupuestos de educación son ínfimos. Es el fascismo del intelecto, para que la gente no tome conciencia de lo que está pasando, para que esté sumida en el consumismo y sea cada vez más ignorante. Ahora, resulta que el que puede se va y se compra todo. A las mujeres las tienen turulatas con que hay que ser esbeltas y andar por la pasarela. A los hombres, con el fútbol. A la gente le dan la TV, chancha, chismes, y ellos hacen lo que quieren. Para mí, la regla de oro tiene que ser educar en la libertad".

