La hora de la bandera
La iniciativa de crear la bandera de la provincia de Córdoba será plausible en la medida en que el esbozo estudiantil sea el primer escalón de una creativa tarea colectiva.
Enfervorizado seguramente por el paisaje del país, embanderado desde semanas antes de la celebración del Bicentenario de Mayo, y ahora por la secuela deportiva que supone la actuación del seleccionado nacional de fútbol en Sudáfrica, el gobernador Juan Schiaretti anunció la apertura de un concurso que llevará la denominación de "Buscando la bandera de Córdoba".
Podrán participar de él los alumnos de escuelas y universidades privadas y públicas de la provincia. "En este Bicentenario de la Patria -dijo-, es hora de que decidamos crear la bandera que refleje nuestra historia y nuestra idiosincrasia y que ratifique también nuestra pertenencia irrenunciable a la Nación Argentina".
Bien está que Córdoba tenga su bandera. En fin de cuentas, pocas provincias argentinas poseen señas de identidad tan arraigadas como la cordobesa. Hasta ahora, suele representársela con el tradicional escudo de las siete banderas. Pero ese escudo pertenece exclusivamente a la ciudad capital. Y también es valioso que niños y adolescentes aporten sus criterios estéticos, sobre todo porque son nuestro futuro.
Pero en la vida de los pueblos, sus enseñas no simbolizan únicamente el devenir, sino que expresan una continuidad histórica, desde los orígenes de su identidad hasta los desafíos del mañana. Por consiguiente, aparece como poco oportuna la exclusividad para el diseño que se pretende conceder por ley a niños, adolescentes y jóvenes.
Muchos de ellos están emergiendo, con evidente esfuerzo, de la devastadora experiencia del sistema polimodal, que se tradujo en una generación con falencias de formación. Es verdad que ellos son el futuro, pero vale recordar que las raíces del futuro se hunden siempre en la profundidad del pasado. Y, en este sentido, la formación historiográfica de la mayoría de quienes participen eventualmente del proyecto podría ser precaria.
La iniciativa sería plausible si el concurso fuese sólo el primer escalón de una tarea colectiva más amplia, más involucrada en un intercambio de ideas y de conocimientos del pasado y del presente, para dar al pedestal de la futura enseña una solidez representativa inalterable. Manuel Belgrano creó nuestra bandera en los días de forja de la independencia, es decir, no requería del pasado. Pero Córdoba, como las primeras provincias, es anterior a la Nación. Tiene su historia, sus raíces, que no deben ser ignoradas.
No podemos olvidar nuestros ayeres ni quedar anclados a ellos. Una bandera debe ser síntesis de los tiempos de un pueblo. Otros sectores deberían ser convocados para definir, sobre la base de los primeros esbozos de los estudiantes, el rostro definitivo del imprescindible símbolo cordobés, que, sin duda, llegará en buena hora a cubrir uno de los faltantes de nuestra identidad.

