Filmar desde la pasión
Es licenciada en Cinematografía y docente, y prefiere no hablar de "boom" para hablar de cine cordobés.
–¿Es lícito hablar hoy de un "boom" del cine cordobés (más allá del sello), o como dijo un crítico, solamente "hay una existencia discreta pero poderosa de cinematografía cordobesa"? –"Boom", según la definición del diccionario, implica explosión o crecimiento repentino de cualquier actividad; acá no hay nada repentino, ni accidental o imprevisto, los filmes no son el producto de una generación espontánea, por el contrario, los estrenos de este año son el resultado de un intenso trabajo intergeneracional e interdisciplinario. –Entonces ¿dónde empezaría el árbol genealógico de las producciones cinematográficas cordobesas? –Hubo un tiempo, antes de ahora, en el que podemos rastrear y armar un árbol genealógico, que reconoce a Alfredo Mathé con Todo sol es amargo (1966); a Néstor Moraguez y la productora Champaquí Film, que registró los monumentos y los paisajes de Córdoba; a Julio Serballi con Cinepress (1956) y sus Noticieros Cinematográficos; a Oscar Moreschi, como protagonista y organizador del Primer Festival Internacional de Cine (1964) que tuvo nuestra ciudad. En la década de los '80, a la empresa PBL (Páez, Belloti, López), cuyos registros en 35 y 16 milímetros dieron cuenta de festivales, personajes y protagonistas de nuestra cultura en diferentes programas unitarios y numerosos ciclos de televisión. Ellos fueron además los pioneros en la gestación de Canal 10 y del Departamento de Cine, ideado en 1964 por el arquitecto Raúl Bulgheroni. También a Jorge Schneider y su invención sin límites; a Jorge Salvador y sus eternos sueños de cine, creador del legendario Cine Club Lumiere; a todos los realizadores del Departamento de Cine de la Escuela de Artes de la UNC; a Francisco D'Intino y sus largometrajes, más el impulso que brindó la Secretaría de Cultura con las clínicas de 2005. En suma, un árbol que reconoce a todos los cineastas, guionistas, actores y técnicos de las últimas seis décadas. Sin ese árbol, no tendríamos estos frutos. –Si cuando decimos "cine nacional" la referencia es en general al producido en Buenos Aires, ¿hay necesariamente que marcar las producciones locales con algún distintivo? –Personalmente no disfruto de las etiquetas. Me parece que lo importante es focalizar cuál es la historia que se cuenta. Ficción o documento, siempre se trata de una historia: cuáles son sus valores, las motivaciones, qué aspectos de la realidad nos revela o nos descubre, cuál es la capacidad transformadora, alquímica de esa historia en ese filme particular. Por otra parte, nadie puede escapar de su biografía, de modo que si somos genuinos, inevitablemente estaremos pintando nuestra aldea. –¿Qué factores, a su juicio, confluyeron para que en los últimos años se produjera este cine en Córdoba? –La interacción de lo público y lo privado, lo académico y lo comercial, la tradición y lo nuevo, el coraje y la pasión, créditos y subsidios, nuevas tecnologías y decisiones jóvenes. Podemos mirar en perspectiva y ponderar el momento en el que la UNC abrió el Departamento de Cine en la Escuela de Artes en la década del '60 como un verdadero punto de inflexión en el desarrollo de la actividad. Cientos de jóvenes han nutrido con sus saberes, su impronta y su talento a los canales de TV públicos y privados, a las productoras de cine, televisión y publicidad. En la última década, el proceso se acelera impulsado por el acceso a las nuevas tecnologías; por políticas públicas orientadas, con suerte diversa, a federalizar los recursos del Incaa; por el decidido apoyo que las distintas comunidades, instituciones, organizaciones sociales, y empresas privadas brindan a los jóvenes realizadores. En nuestra experiencia, trabajando desde la cátedra Realización Cinematográfica, hemos coordinado más de 100 cortometrajes ficcionales rodados en locaciones tan diversas como Villa María, La Calera, San Javier, Unquillo, Río Tercero, Alta Gracia, Villa Allende, Catamarca… En todas las producciones, los distintos equipos han contado con el apoyo ferviente y desinteresado de la comunidad, participando como extras, asistentes o colaboradores anónimos. Un apartado especial merecen el grupo familiar y el círculo de amigos de los realizadores, que sostienen afectiva y económicamente este largo y costoso proceso de formación profesional. –¿Cómo vive el crecimiento, promoción y visibilidad de las producciones cinematográficas locales? –Con entusiasmo, con placer, con un sentimiento agridulce de victoria y de revancha que encierra la idea "¡Bien, lo lograron!" –¿Vio todas las películas cordobesas? –Imposible ver todo. Por otra parte, no acuerdo con el consumismo fílmico, con el enciclopedismo narcisista. Me parece que es necesario mirar más profundamente. –¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades que detecta en ellas? –Considerando el material que conozco ( De Caravana , Hipólito y El invierno de los raros , claramente hay que destacar la inteligencia, o como yo defino, la ingeniería de producción, puesto que sin esa articulación de saberes y experiencias, recursos humanos, técnicos y políticos, las ideas del guión jamás hubieran visto la luz. Por otra parte, creo que los directores/as han madurado en sus convicciones y pueden dar cuenta de problemáticas singulares, de preocupaciones personales, pueden hablar con voz propia. Las voces que surgen son bien distintas, y eso es una bendición. En cuanto a los aspectos que merecen ser profundizados, pueden leerse dos niveles. En el interior del filme, todavía todos/as debemos hacer un esfuerzo para acrecentar las potencialidades del guión, ponderar la fuerza dramática y la orquestación de actores protagónicos y secundarios. En el plano de la distribución y exhibición, la batalla es mucho más ardua y larga, y es la misma que libra todo el cine. Es muy curioso escuchar a muchos cordobeses decir que lo que más les molesta de las películas del cine cordobés es la tonada cordobesa… Largo tema de discusión, entendible. La tonada puede ser una marca, un argumento de venta, pero no representa a todos los cordobeses. Sobrevalorar ese aspecto genera un encasillamiento y un límite mezquino. –¿Dónde impactó más el avance de las nuevas tecnologías en la producción cinematográfica? ¿Es válida la ecuación que dice "más producción pero menos calidad"? –Las nuevas tecnologías modificaron los presupuestos y la accesibilidad. El conflicto entre cantidad y calidad es un riesgo. Ese riesgo pertenece a la naturaleza del acto creativo, cada realizador/a lo debe resolver en cada nuevo proyecto. –Asesoró como docente cientos de proyectos, ¿se enseña a mirar? –Sí, desde luego, es posible la educación de la mirada, es posible la expansión de la percepción.

