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Entrevista a Daniel Potenza: El living es mi lugar

Trabajador. Cerca de cumplir 30 años de trayectoria, Daniel “la Vaca” Potenza se define como un adicto al trabajo. Es un ferviente militante contra el avance de la tecnología, porque considera que atenta las relaciones personales. Además, dice que no le gusta manejar.

05 de junio de 2013 a las 12:03 a. m.
Santiago Gómez (Especial)
Entrevista a Daniel Potenza: El living es mi lugar
(Sergio Ortega/LaVoz).

Nadie pondría en duda que “la Vaca”, por su personalidad y humor, es un fiel reflejo del cordobés, “el típico muchacho de barrio”. Sin embargo, nació en Villa Mercedes, en los pagos del “Mono” Gatica, “el Búfalo” Funes y Yaco Monti; a los 10 años, su familia se vino a “la Docta”: “Vivíamos en barrio San Martín. Me crié jugando en la Plaza de los Burros, es un lugar entrañablemente querido por mí, donde coseché un montón de amigos y viví momentos de gran felicidad. Ese era mi lugar”, recuerda.

Actualmente, vive en Altos de Villa Cabrera, en una casa que, por la historia que tiene, se podría definir como la “casa de la amistad”. “Esta casa es nuestro logro familiar más importante. Hace dos años que estamos acá, tiene una historia muy simpática. Mi primera casa fue en Poeta Lugones, me la vendió un amigo muy querido. Para mí era inaccesible, pero me dio todas las facilidades. Pasaron los años y tomando un café se repitió la historia y me pidió que me quedara con esta casa. Así que, como forma de pago, le devolví la que antes me había vendido y con ahorros y préstamos de amigos logré pagársela de a poco”, cuenta.

El hogar de “la Vaca” es amplio y tiene un cuidado diseño. Cada espacio tiene su identidad, siempre con un estilo moderno: en cada pared hay un cuadro que combina de manera perfecta.

–¿Te gusta el diseño?

–Todo lo que es decoración es trabajo de mi mujer, María Claudia, que pinta y deja todo de manera perfecta. Es una casa muy confortable, donde cada uno tiene su espacio.

–¿Tu lugar en el hogar?

–El living, en el que tengo un sillón cómodo y un plasma grande donde veo todo el tiempo televisión, fútbol y noticieros. Yo soy un adicto al trabajo, hasta te diría que casi no tengo capacidad para disfrutar el ocio, no es algo para imitar. Comparto la frase que dice “uno no vive del periodismo, uno muere del periodismo”: es algo que me apasiona, veo todo y escucho todas las voces.

Daniel arrancó su carrera de la mano de su “hermano de la vida”, Juan Rodríguez Brizuela, que lo hizo entrar a LV2 para ser parte del equipo de Víctor Brizuela. “Fue en el ’84, me acuerdo de que tiritaba como una hoja los primeros días. Víctor era un prócer e imponía muchísimo respeto”, narra.

LV2 le daría otro gran compañero de ruta, el Lagarto Guizzardi. “Él arrancaba un programa y necesitaba un columnista; ahí lo conocí y logramos mucha química, que pasó de lo profesional a lo personal”, cuenta. “Tato” Grande y Miguel Ángel Motta son otras personas significativas en la vida de Daniel.

La política internacional es su cuenta pendiente en la profesión. “Siempre me gustó, le transmití eso a mi hijo”, dice.

–¿Te considerás tecno?

–Soy un negado a la tecnología, no por obtuso o por necio, sino por rebeldía. Antes, la discusión era apagar la tele para poder hablar un rato en familia; ahora, cortar las redes sociales. Creo que la tecnología deshumaniza, son tan impresionantes el poder y la fuerza que tiene que hoy todo el mundo está conectado con el BlackBerry pero desconectado de los afectos. Me parece que en algún momento el equilibrio tiene que llegar. Tengo una resistencia a que la tecnología me termine desbordando y despersonalizando.

Así y todo, “la Vaca” usa BlackBerry, pero lo “justo y necesario: correo, chat y lectura de diarios”, enumera.

–¿Te gusta manejar?

–No, hasta le tengo cierta fobia. La cantidad de accidentes que hay en el mundo se debe a que la diferencia entre la vida y la muerte es un metro y medio: ha sido tan grande el avance de la tecnología en los autos, y tan precario el avance en infraestructura, que pasa eso.

El primer auto en el que aprendió a manejar fue un Jeep Willys. Hoy, tiene una “camionetita” Ford. “No soy fanático de ninguna marca, en mi vida pasé por VW Gol, Chevrolet Astra, Ford Focus. Me gusta el diseño, me gustan los autos cortos y con perfil deportivo”, cuenta.

–Finamente, ¿preferís el campo o la ciudad?

–Soy un animal de ciudad. Me gustan el murmullo, el bullicio y el intercambio de experiencias con la gente.

Daniel por Daniel

Hace 24 años comparte la vida con María Claudia y tienen tres hijos: Giuliano, Giovani y Valentino.

Se puede decir que Daniel es tan adicto al trabajo como a la amistad. En cada espacio laboral tiene la compañía de un amigo entrañable: La mesa del fútbol, con Tato y Juan; El show de la mañana, con el Lagarto; Deportes en marcha, con Motta, y Pasión de multitudes, con Rodríguez Brizuela.