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Enseñanzas de una tragedia

El incendio de un geriátrico en la ciudad de Córdoba impone un mayor control sobre estos establecimientos y más rapidez y eficacia en la respuesta a las urgencias por parte del Estado.

03 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Enseñanzas de una tragedia

La tragedia en la que murieron seis personas al incendiarse un establecimiento geriátrico en la ciudad de Córdoba ya es irreparable. Aun así, más allá de lo que la investigación en curso revele acerca de causas y responsabilidades y del respeto por el dolor que sufren los familiares de las víctimas, es imperioso un esfuerzo de reflexión para sacar de este triste episodio enseñanzas para el futuro. Sea para prevenir y evitar que se repita, sea para afrontarlo con mayor celeridad y eficacia, si vuelve a ocurrir.En primer lugar, la reacción mostró, por un lado, la activa solidaridad de los vecinos, que no dudaron en actuar por su cuenta para tratar de evitar daños mayores. Fue destacable también la vocación de servicio de agentes de seguridad y de la Policía, que fueron los primeros en llegar al lugar de la tragedia y que, sin el equipamiento adecuado, actuaron con decisión y valentía.Pero, por otro lado, campeó la improvisación y el desorden. Además, las ambulancias tardaron en llegar, por una u otra razón. Éste es un punto en el que debe actuarse de inmediato, designando y difundiendo un número único para emergencias que facilite y simplifique los pedidos de auxilio, como sucede en los países más desarrollados y con experiencia en este tipo de emergencias. Aquí hubo que intentar con tres números distintos y algunas llamadas entraron casi media hora después de que la tragedia se había desatado. Para poner en práctica el número único, sólo se requiere un mínimo de coordinación entre Policía, Bomberos y los servicios de emergencia provinciales y municipales.Otra cuestión es la de los controles oficiales a los numerosos geriátricos que funcionan en la provincia. Casi la mitad no estaría registrada, según surge de comparar las cifras del Censo 2008, que detectó más de 10 mil personas viviendo en geriátricos, mientras que oficialmente sólo están habilitadas seis mil camas para ese servicio.Frente al desorden administrativo que existe, cabe exigir mayor responsabilidad a los municipios que están más cerca del problema, con inspecciones periódicas o informando a la Provincia sobre establecimientos que funcionan en su jurisdicción. En el caso de la ciudad de Córdoba, por ejemplo, la Municipalidad registra 159, de los cuales sólo están habilitados 75. El resto posee habilitaciones provisorias o sus papeles están en trámite, como ocurría con el geriátrico de la tragedia.Hay que actuar, pues, con resolución y prontitud. Para las víctimas recientes y sus allegados, ya es tarde. Pero no para que quienes recurren cada vez en mayor número a este tipo de instalaciones para confiarles el cuidado de sus familiares puedan tomar, con mayores resguardos y seguridades, una decisión que suele ser dolorosa en sí misma.