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De duro pegador a manso paciente renal

El dolor no es una forma de vida. Juan D. “Martillo” Roldán, exboxeador tuvo sus primeros cólicos renales mientras boxeaba y hasta llegó a desmayarse por el malestar. Hoy cumple con disciplina un tratamiento.

12 de julio de 2013 a las 12:03 a. m.
De duro pegador a manso paciente renal
Combate. “Martillo” Roldán cumplió, con disciplina, todas las indicaciones del tratamiento (La Voz).

La primera vez que tuve un cólico renal, con un dolor tremendo, fue en 1984, una semana antes de la pelea con Marvin Hagler en Las Vegas. Mientras boxeaba, tomaba muchas vitaminas y eso me producía exceso de ácido úrico. Después, seguí con el problema por comer mucha carne y por eso formaba cálculos renales a repetición.Nunca le llevé el apunte al asunto y así me fue, ocurrió todo lo que mi amigo médico Guillermo Werlein me dijo que me iba a pasar. Tuve cólicos renales con frecuencia, cada vez más, sufrí muchísimo e incluso me he desmayado por el dolor.Llegué a sentirme un inútil, hacía 10 kilómetros y orinaba sangre todo el día, no era vida y me tenía mal anímicamente. A fines del año pasado, me estallaron los cálculos renales mientras pintaba mi casa en Freyre. Se me taparon los riñones y estuve dos días sin orinar, casi me muero. Me llevaron de urgencia a San Francisco, donde me atendió primero el doctor Luis Gutiérrez y, en la clínica Cruz Azul, el doctor Gustavo Ballarino me puso dos cañitos desde los riñones hasta la vejiga y, así, mis riñones comenzaron a trabajar nuevamente.Los médicos me advirtieron que esos cañitos eran provisorios, que duran –como máximo– seis meses y que tenía que buscar en Córdoba que me sacaran los cálculos que me obstruían los riñones.Entonces, decidí tomar este problema en serio. Ya me habían avisado, no captar el mensaje habría sido tonto de mi parte.Lo mío no era muy sencillo, porque llegué a pesar 150 kilos y no entraba en el equipo que rompe los cálculos externamente, y una cirugía convencional también tenía sus riesgos.Consulté al doctor Cristian Sonzini Astudillo y cuando me vio me dijo que era su ídolo boxístico. Hablamos de todo y me comentó que el doctor Ernesto Cordeiro estaba realizando un tipo de operación que me podía venir muy bien. Conversé con los dos médicos, me explicaron lo que me iban a hacer y yo colaboré haciendo todo lo que me indicaron, tanto en cuidado físico, como mental.Después de haber tenido miedo a las operaciones y pavor a las jeringas, ya que mientras boxeaba nunca dejé que me infiltraran las manos, los dolores que tuve por los cólicos me amansaron y llegué a las cirugías muy tranquilo.Las operaciones fueron en dos etapas: en la primera, destruyeron y extrajeron un cálculo de ácido úrico del riñón izquierdo, que medía 4,5 centímetros; poco tiempo después me operaron para sacarme los cálculos del lado derecho. Todo con anestesia general, pero sin ningún corte, con una nueva tecnología. A tal punto fue excelente el trabajo que, en cada oportunidad, ingresé al quirófano por la mañana y a las 19 estaba dado de alta, listo para regresar a mi casa.La pasé tan mal antes de todo eso, que no dejo de agradecer a los médicos, enfermeras y todo el personal que me atendió tan humanamente en San Francisco y en Córdoba. Los primeros realmente me salvaron la vida; después, las operaciones para sacarme los cálculos me cambiaron la vida.Próximamente, regresaré a Córdoba para que me retiren una sonda, que es lo último que queda, y empezaré a caminar y a hacer ejercicios. Peso 120 kilos y quiero seguir adelgazando.Ahora me cuido, como poca carne, no bebo alcohol, tomo mucha agua y aprendí a decir "no" a los amigos, porque siempre están las invitaciones a comer asado u otras cosas que no me hacen bien. Si voy, como moderadamente. Llevo una vida más ordenada, estoy a gusto como secretario de Deportes en la Municipalidad de Frontera y disfruto de mis hijas, mis yernos y mis nietos.Soy de los pocos boxeadores a los que, sin haber obtenido el título de campeón del mundo, la gente quiere mucho y trata muy bien. No extraño el boxeo; pienso que más allá de ser un gran deportista, uno tiene que ser una gran persona, y yo quiero ser una buena persona. Producción periodística Josefina Edelstein