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Cómo promover la salud sin generar temor por la enfermedad

Quiénes y cuándo. La especialista aclara que en primer lugar hay que identificar los diferentes grupos para elaborar y enviar de la mejor manera los mensajes. Promover la salud es sumar calidad de vida a la población.

13 de febrero de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Cómo promover la salud sin generar temor por la enfermedad
Cecilia Cravero. Secretaria académica del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas de Córdoba y directora del proyecto en Salud del BID.

¿Cómo hablar a la gente de temas de salud sin que la asocien a enfermedades y se atemoricen? –En primer lugar, hay que aclarar que es necesario identificar diferentes grupos a quienes se dirige el mensaje, ya que llega de manera diferente a niños, jóvenes, adultos o adultos mayores. Los niños receptan la educación para la salud como lo es, un tema de salud y no de enfermedad. Los jóvenes toman solo los temas que le afectan directamente, como puede ser temas de reproducción o drogas, pero no modifican su comportamiento necesariamente, hasta que su grupo lo adopta. Si el grupo realiza cambios actitudinales, los promueve al grupo familiar y de amistades con gran efectividad. Con los adultos mayores ha sucedido un caso muy exitoso de feed back positivo. En numerosos países, entre los que se cuenta también el nuestro, este grupo etario cada vez más activo y vital ha retornado o empezado la escuela o participan de diversos programas educativos y culturales que mejoran de por sí su salud y calidad de vida. Por recomendación de instituciones como la Unesco y la Escuela de Salud Pública de Harvard, la educación para la salud se incorporó a los programas de educación para adultos. Los adultos mayores sí relacionan esta educación con enfermedades, pero sin atemorizarse y de manera positiva y proactiva. Al participar contando sus experiencias y discutiendo textos informáticos, mejoraron significativamente no solo su conocimiento sobre la salud, sino sus habilidades en comprensión de texto, expresión en público, etcétera. Finalmente, pero no por último, es el caso de los adultos intermedios. Aquí debemos subdividirlos; primero por género: las mujeres son absoluta mayoría en participar en actividades relacionadas con programas de educación y promoción de la salud, incluyendo los temas de toda la familia. Son la herramienta más efectiva de transmisión de estos conocimientos y actitudes. Los hombres en cambio, son por lo general reacios a participar de las actividades relacionadas a la salud y prevención, además de ser los que más relacionan la información con hechos negativos como la enfermedad o a la restricción de sus libertades individuales de decidir sobre su cuerpo. El otro subgrupo depende del perfil personal, como grado de comprensión de los temas de salud, actitud proactiva, etcétera, además del escenario donde se desarrollan. Un ejemplo sería el de los lectores del suplemento de La Voz del Interior, que es un grupo virtual que comprende y se interesa en el lenguaje de la salud además de estar motivado a conocer y promoverla en su familia y comunidad. –¿Mostrar los daños que produce un mal hábito lo desalienta o puede producir una reacción contraria? –La explosión de información y conocimiento de nuestra vida moderna hace que la gran mayoría de la población tenga cierto conocimiento del daño que producen los malos hábitos, por lo cual se los puede puntualizar sin mostrar los efectos indeseados en la mayoría de los casos. La excepción es mostrar los daños que se provoca a terceros, como el caso de los fumadores pasivos, los accidentes provocados por conductores ebrios o las contaminaciones ambientales producidas por empresas o el estado, esto genera un control social y comunitario que exige la modificación de hábitos de manera efectiva.

¿La población se preocupa más por la salud ahora?

–La gente interpreta más la importancia de su salud y, de manera personal o a través de medios de comunicación, puede percibir los beneficios de llevar una vida saludable. En esto han influido sin duda los medios de comunicación a través de la educación para la salud, la exposición de personas públicas que ingresan a la etapa de adultos mayores con gran vitalidad y salud física y psíquica gracias a los buenos hábitos. Un dato reconocido internacionalmente es que el acceso de la población a mayores niveles de educación formal repercute positivamente en relación con la salud.

¿La desaparición de las publicidades de cigarrillo en la TV, cine y literatura es un ejemplo de acciones de salud pública? ¿Cómo se logró?

–Es un claro ejemplo de acciones y políticas de salud pública y se logró tras una larga lucha iniciada por ONG e individuos afectados personal o familiarmente por publicidades engañosas, incluido Jeffrey S Wigand, vicepresidente de investigaciones y desarrollo de la tabacalera Brown y Willianson que denunció a la tabacalera por introducir en los cigarrillos sustancias para aumentar la adicción. Los gobiernos de Estados Unidos se sumaron a las demandas criminales y monetarias contra las tabacaleras con sus publicidades dirigidas a grupos específicos como mujeres o jóvenes mostrando personajes exitosos que recorrían el mundo acompañados por el consumo de tabaco. Una publicidad muy efectiva fue la caricatura de un animal simpático que logró que en los colegios primarios los niños lo identificaran como los cigarrillos más populares. Esto generó una dura reacción social que facilitó la aplicación de leyes como la prohibición de fumar en lugares públicos. El acatamiento es total en los países donde se implementó, lo que fue facilitado por la fuerte presión social.

¿Cambiar sólo un mal hábito poco saludable puede generar una falsa sensación de seguridad?

–Sin dudas, algunas personas tienen solamente un mal hábito que por su importancia deben superar. Por ejemplo, el fumador que deberá sentirse muy satisfecho si logra abandonarlo. Si toma conciencia de la posibilidad de las enfermedades que se asocian a este hábito además de dejar de fumar quizás comience a realizar actividad física y dieta para evitar el aumento de peso que le ocasione posiblemente de manera transitoria el dejar de fumar. En casos menos evidentes, sobre todo si los hábitos se repiten en los ámbitos familiares o amistosos, la mejoría lograda hace que sea difícil que adopte medidas para prevenir otras patologías silenciosas. En muchos países las compañías premian económicamente a sus trabajadores por abandonar un mal hábito y por hacerse chequeos anuales. Estas acciones han dado excelentes resultados.

¿La educación para la salud tendría que incorporarse al currículo escolar?

–La educación para la salud es considerada como uno de los campos más innovadores de la reforma educativa en curso en España y se extiende a los tres niveles, primario, secundario y universitario. La Unesco la propone en todo el sistema escolar obligatorio, luego de numerosas y exitosas experiencias en diversas partes del mundo acompañada por la OMS, con la siguiente estrategia: promoción de salud, por medio de la educación sanitaria, con la adquisición de hábitos saludables, tales como reducir el consumo de grasas y alcohol, no fumar, evitar el consumo de drogas, etcétera. Por otro lado, prevenir la enfermedad, diagnosticar los factores de riesgo para las enfermedades, gestionar la administración vacunas, crear lugares de trabajo saludables, entre otras acciones. También está la prevención secundaria. Es decir, en caso de producirse la enfermedad, cómo disminuir sus consecuencias, a través del acceso al sistema de salud de manera eficaz. En Argentina y en Córdoba sin duda la educación para la salud debe integrarse al currículo obligatorio de la escuela primaria y secundaria, ya que es una posibilidad clave de cambiar la visión del tema al lograr que el niño interprete positivamente la información que lleve al individuo y su comunidad a una vida más sana y provechosa y estos niños serán los mejores replicadores de las consignas aprendidas a sus grupos familiares e incorporando los buenos hábitos a sus vidas.

3 de cada diez personas con edad promedio de 47 años padecen hipertensión arterial en Córdoba.

55 por ciento de quienes padecen hipertensión lo sabe y el 13 por ciento lo controla. Allí, la educación para la salud puede actuar.