Calles sin ley en el centro de Córdoba
Al crecimiento exponencial de la cantidad de vehículos que circulan por la ciudad de Córdoba sobre una infraestructura obsoleta, se agrega la violación constante de las normas de tránsito.
En la ciudad de Córdoba, no es necesario un paro de inspectores de tránsito como el que se concretó la semana pasada para que las calles del centro se conviertan en un infierno sin ley. Ningún control, por eficiente que fuere, sería capaz de ordenar el tránsito en ese sector porque la cantidad de vehículos supera con amplitud la infraestructura disponible. Ésta es, en sus dimensiones y calidad, casi la misma de siempre, mientras que el parque automotor se ha incrementado en forma exponencial en los últimos años.El cóctel, capaz de enfermar de los nervios al más pacífico de los ciudadanos, se adereza con frecuencia con cortes de calles por una multitud variopinta de protestas o por arreglos que demoran una eternidad y construcciones privadas que ocupan media calzada.El reclamo de los inspectores municipales no hizo más que agudizar una situación que pide a gritos medidas concretas e integrales. Ayudaría mucho a agilizar la circulación que las calles no estuviesen plagadas de baches.Contribuiría también a un mayor orden su correcta señalización y, sobre todo, la demarcación de los carriles y las sendas peatonales, donde la pintura ha desaparecido hace rato.Ayudaría, asimismo, algo tan elemental como que los semáforos funcionaran y estuvieran coordinados a la velocidad máxima que se establezca para las calles y avenidas de la ciudad.Pero es tal el abandono que existe que, en medio de ese marasmo, se expanden y exhiben sin escrúpulos los peores vicios de nuestros conductores, que no dejan infracción sin cometer.En teoría, los taxistas y choferes de otros transportes públicos –habitantes naturales y permanentes de las calles– deberían ser una suerte de guías, ejemplos a imitar por el conductor particular. Muchos son conscientes de ese rol y se esmeran por cumplirlo. Pero un gran número de ellos encabeza la fila de los infractores y sirven de pretexto a los particulares que los imitan. Se impone un riguroso control de estas infracciones y su condigna sanción por parte de las autoridades municipales. Pero para tener autoridad para aplicar la ley –y para que las infracciones puedan comprobarse– el escenario tiene que estar en condiciones. ¿Cómo aplicar sanciones si los carriles y las sendas peatonales no se ven, los automóviles tienen que andar en zigzag para esquivar los pozos y los semáforos no funcionan en forma correcta?Es probable que con hacer lo básico no sea suficiente porque, como quedó dicho, cada vez hay más autos en la ciudad. Quizá haya que pensar en obras de mayor envergadura o en la odiosa alternancia en la circulación de los vehículos según su número de chapa patente. Pero hay que llevar a cabo estas acciones elementales si de verdad se quiere empezar a ordenar el caos vehicular en las calles sin ley de la ciudad de Córdoba.

