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Analizan cómo seguir tras la toma de las escuelas

Especialistas creen que el conflicto estudiantil obligará a crear espacios de diálogo y a capitalizar el poder de los chicos. La crisis puso en debate la autoridad de los adultos.

24 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Analizan cómo seguir tras la toma de las escuelas

Los 22 días de conflicto estudiantil en Córdoba, con tomas de escuelas –que en promedio duraron 15 días– dejaron varias lecciones y preguntas. Muchas preguntas. En medio de la efervescencia juvenil, los temores, la incertidumbre, la falta de clases, las negociaciones y las asambleas eternas, los estudiantes secundarios lograron instalar el tema de la educación pública en Córdoba, las condiciones de los edificios y la necesidad de ser escuchados. Dejaron al desnudo, también, problemas con la autoridad, la escasez de espacios de diálogo, la incapacidad de los adultos de tomar posición, la brecha generacional. Esta semana se levantó la toma en el último colegio que resistía en la ciudad de Córdoba: el Ipem 38 Pablo de Mauro. Pero todavía quedan los ecos de lo que pasó y de lo que vendrá.Especialistas consultados por este diario coinciden en que es necesario capitalizar la experiencia. ¿Qué hacer? Por una parte, replantear los posicionamientos de cada uno de los actores. Si cada uno se queda en su lugar, no se puede avanzar, dicen. Por otra, generar espacios de diálogo para evitar resentimientos, reflexionar sobre lo que ocurrió y buscar alternativas para recuperar la confianza y los vínculos; y aprovechar la potencialidad de organización y de participación de los adolescentes para "transformaciones saludables".El movimiento estudiantil sirvió además para pensar la autonomía a las escuelas, y sobre la capacidad de los adultos de construir una legítima autoridad con criterios coherentes.Para Daniela Marini, psicóloga especialista en educación, docente en la UNC y miembro de la Asociación del Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, las tomas afectaron dos reguladores institucionales: el espacio y el tiempo. Se puso en el debate el lugar donde se enseña –el estado de los edificios– y el tiempo que se dedica a hablar de educación. Ambos fueron los reclamos centrales de los estudiantes: la infraestructura escolar y el paupérrimo debate del proyecto de ley de educación. Quedaron preguntas. ¿Por qué los chicos tienen que reclamar por los adultos? ¿Será que quienes trabajan en el sistema educativo no son escuchados? ¿Qué implica para los adolescentes hacerse cargo de estas cosas? ¿Qué significa desalojar a las autoridades escolares? ¿Qué es tomar una escuela? ¿Cómo se recomponen los vínculos entre docentes y alumnos, estudiantes y directivos, padres y escuela después que la autoridad desapareciera y pasara a estar en manos de grupos minoritarios de adolescentes? Para Marini, durante estos días se desdibujó la asimetría necesaria entre docentes y alumnos para construir la autoridad. Las tomas llevaban un mensaje explícito que decía más o menos así: "ustedes no son más la autoridad, mandamos nosotros".La filósofa Josefina Semillán considera que hay que crear lugares para dialogar, hasta ahora inexistentes. "El logro máximo y básico es conocer los argumentos y sentimientos para poder convivir. Es la clave de lo que hoy llamamos paz", dice.La reconocida pensadora explica que sólo conociendo las diferencias del otro y los antagonismos de cada uno se puede convivir. La base de la democracia, explica, es la unidad en la diversidad. "Hay que sacar el modelo de ganar o perder. Cuando los actores se desplazan a un lugar diferente, nadie gana o pierde. Empiezan a renegociar; es el modelo ganar-ganar".Para Horacio Paulin, psicólogo y director del equipo de investigación sobre sujetos y conflictos en la escuela media de la Facultad de Psicología de la UNC, los chicos han conseguido algo que los adultos no podían: sentarse en la mesa de negociación. "Ni los chicos ni los adultos son los mismos después de esto", asegura, y dice que ésta es una oportunidad educativa. Las razones de la protesta. Las tomas no ocurrieron en todas las escuelas, aunque en muchas sobraran razones para ocuparlas. Habría que preguntarse por qué. Los especialistas creen que hay causas institucionales subyacentes. En ciertos casos, las gestiones directivas verticalistas y de escasa participación abrieron las puertas a la ocupación. Si no hay palabras, se pasa a la acción. "Hay un descreimiento de los chicos en los adultos versus un descreimiento de los adultos en los adolescentes. Nos vinieron a desafiar, a decirnos que sí les importan las cosas y que esperan que los adultos se ubiquen en su lugar", asegura Marini. Y agrega: "Tomar una escuela es una acción, fue un acto donde costó mucho que circulara la palabra. Si nos quedamos en el acto es probable que se repita y haya una ruptura de vínculos. Hay que resignificar el lugar de las autoridades, de los alumnos, de los padres".Para Paulín, hay que volver al trabajo con un espacio de expresión. "Los chicos nos mostraron la dificultad de los adultos de tomar posición, lo conformistas que somos", dice.Las tomas dejaron en claro que las escuelas, a su modo, también están pidiendo que las escuchen.