Venden cultivos y compran insumos para la escuela
Los alumnos estudian en el Ipem 233. Comercializan lo que producen y lo reinvierten en los proyectos agrotécnicos.
El ánimo de los alumnos del Ipem 233 Agustín Tosco y el de los docentes y directivos de este establecimiento agrotécnico de La Granja, registra en estos días una sensación estimulante, mezcla de ansiedad y alegría. Es que el 2 de mayo comenzarán a vender las verduras y hortalizas orgánicas, plantas aromáticas, hierbas disecadas y retoños de frutales que cultivan en las huertas del colegio.
La comercialización está prevista en el proceso pedagógico. El dinero que ingresa se destina a la compra de semillas, herramientas e insumos. La venta es directa al público y está a cargo de una comisión de padres designados por la cooperadora.
"Los clientes dicen que es notable la diferencia de sabor entre la verdura que producimos y la que compran en el supermercado" afirmó Eduardo Budini, profesor de tecnología y asesor de proyectos. Este agrónomo es uno de los fundadores del colegio, que inició sus actividades el 10 de julio de 1985 en la Escuela Pablo Rueda, de aquella localidad del departamento Colón. De allí se mudó a un edificio alquilado en Villa Ani Mí, hasta que la cooperadora compró la casa vieja con una hectárea de terreno donde funciona actualmente la institución.
"El esfuerzo es permanente para sostener el proyecto", afirmó Mónica Lagos, directora del Ipem 233. La docente llegó desde Buenos Aires en 1992 a dar clases en Río Ceballos y se afincó en Agua de Oro. "Descubrí que era mi lugar en el mundo, donde quería vivir para siempre", comentó Lagos, quien obtuvo el cargo por concurso en 2003.
La directora reconoció que la propuesta del colegio "se fortaleció desde 2005, gracias a la ayuda económica del Inet" (Instituto Nacional de Educación Tecnológica). Este organismo lleva girados al Agustín Tosco unos 500 mil pesos en el último quinquenio, aseguró Lagos.
Con aportes del Inet, se construyeron y equiparon tres invernáculos y un tanque australiano con una capacidad de almacenamiento de 19 mil litros de agua. También se levantó el edificio donde funcionará el laboratorio y se adquirieron herramientas y materiales. Además, se financiaron proyectos productivos y se está por hacer una perforación para extraer agua para riego. "Es un crimen regar los cultivos con agua de la red en un pueblo que tiene problemas con la disponibilidad de ese recurso para el consumo humano", reconoce Budini.
Al mostrador. Los cultivos de lechuga, espinaca y acelga serán los primeros en salir a la venta. Mientras, en los surcos crecen tomates, berenjenas, ajíes, pimientos, zapallos, chauchas y una gran variedad de hortalizas que garantizan las ofertas hasta fin de año. Y en diciembre se sumarán a la oferta las mermeladas artesanales, los ajíes en vinagre y un dulce de zapallo que es la "especialidad de la casa".
En la parte más elevada del predio, las aromáticas estiran sus tallos y perfuman el aire a la sombra del monte frutal, dominio de los alumnos de los años inferiores.
En otro rincón del terreno funciona la compostera. Allí se prepara el abono para fertilizar el suelo de manera natural.
Y a metros del invernáculo principal (construido íntegramente por alumnos y docentes en un zanjón nivelado con 36 camionadas de tierra negra) los jóvenes construyen otro para producir árboles. Funcionará con energía solar y un sistema de aireación a base de extractores eólicos. "En este proyecto estamos trabajando con el Ipem 23 de Unquillo y la Cátedra de Energía Solar de la UNC", contó Ricardo Racca, profesor de vivero y maquinaria agrícola.
"Nos preocupa la formación, la integración y la contención de los chicos, que son los sujetos fundamentales de este proyecto educativo" de autogestión, planteó Mónica Lagos.
"Logramos muchas cosas juntos, claro que nos faltan muchas todavía. Pero estamos seguros de que las vamos a concretar con trabajo", concluyó la directora.

