Una mamá sacó a sus dos hijos en Los Cóndores
Los cambia al colegio estatal para no perder el beneficio de la asignación universal por hijo.
El Instituto Privado Diocesano Sagrado Corazón es uno de los dos primarios de Los Cóndores, localidad de tres mil habitantes en el centro de la provincia.
Miguel Rivarola, director del colegio fundado en 1933, se lamenta porque una madre ya sacó de la escuela a sus dos hijos para cambiarlos a la estatal, para no perder el beneficio de la asignación universal por hijo.
Si se confirma que los alumnos cuyos padres reciben el subsidio sólo pueden asistir a escuelas estatales, 17 chicos de los 140 que van a este colegio se verían afectados.
La cuota mensual es de 60 pesos. Pero los hermanos pagan la mitad, hay padres que abonan con trabajo como limpieza o pintura del establecimiento y también concurren chicos cuyas familias no pueden pagar ni un peso. El director enfatiza que “son papás que eligen la escuela con sacrificio” y teme que este mecanismo “prive a una familia pobre de un derecho: el de elegir la educación”.
Rivarola aclaró que “saluda el beneficio” social otorgado por la Nación, y que sólo plantea que “sería una pena que los chicos deban irse de escuela para no perder esa ayuda”. Aunque de gestión privada, por la composición social de sus alumnos, en esta escuela también se ofrece el comedor Paicor.
Adriana López es la mamá que ya cambió a sus dos hijos –uno en primero y otro en sexto grado– a la escuela estatal del pueblo. "Yo soy sola, con cuatro hijos, no quería perder la asignación, es la única entrada que tengo", justifica.
En el listado de madres candidatas a sucederla está Marta de Quiroga, con un hijo en segundo grado y otro en quinto. Pese a que gestionó la ayuda oficial, aún no le llegó. “Pero no quiero sacar a mis hijos de este colegio”, enfatiza.
Para ella, elegir la escuela es “un derecho”, aunque aclara que su familia no puede pagar la cuota del privado. “Por eso yo aporto mi trabajo, limpio a cambio de no pagar la cuota”, acota. Quiroga rescata la formación cristiana que ofrece esta escuela católica.
“Si tengo que elegir, creo que me quedo con el colegio y no con el subsidio”, anticipa, aunque admite su deseo de no tener que llegar a esa instancia.
Adriana, de Altamira, tiene tres hijos en esta escuela de “los salesianos”, como la llaman en el pueblo. “No quiero que me saquen el plan; mi marido no tiene trabajo, hace changas nomás. Se dijo que la ayuda es para todos los desempleados”, se queja.
Dice que quiere seguir mandando a sus tres hijos a este colegio, como lo hizo con otros dos ya egresados, pero que no quiere perder la ayuda que le hace falta. “Mis hijos se enojan si les hablo de cambiarlos, quieren seguir acá”, concluyó.
Patricia de Cabrera, con una hija en sexto grado, dice que no la cambiará de escuela. Pide que las exigencias del Gobierno no lleguen a tanto. "No me pueden decir dónde mandar a mi hija a educarse", insiste. "Si tengo que renunciar al beneficio, lo haré", asegura, con convicción.

